lunes, 5 de octubre de 2015

¡No quiero estudiar!


Me encontré con ella…una mujer entrada en años...con hijos ya mayores...autónomos e independientes. Una mujer luchadora, dinámica y activa pese a sus siete décadas…madre ella,  que había decidido vivir por y para sus hijos, olvidándose incluso de sí misma. Su objetivo además de que sus retoños encontraran la felicidad, siempre fue que ellos estudiaran…se labraran un futuro, para que les fuera posible obtener un empleo y pudieran ganarse la vida. Siempre tuvo la sensación de no haber alcanzado todos sus objetivos con el menor de sus hijos...que si bien había encontrado un buen trabajo, nunca quiso estudiar.

El día en el que tropecé con ella, reflejaba en su rostro una mezcla de sorpresa y satisfacción. Me saludó con su habitual sonrisa...pintada en un rostro dulce…su bella cara que contaba la historia de una mujer que había trabajado duro...y lo seguía haciendo. Me contó que su hijo recientemente había aprobado su acceso a la universidad...casi veinte años más tarde de lo que ella habría querido...pero celebraba que por fin aquel hijo hubiera decidido lanzarse al mundo universitario. Él había escogido la carrera de historia a sus cuarenta primaveras...iba a ponerse a estudiar, aquel hijo que tantos quebraderos de cabeza le había dado años atrás, aquel hijo tranquilo y sosegado, dócil y obediente que en silencio se negó a "hincar codos” cuando era niño, que volaba en su propio mundo cada vez que cualquier maestra trataba de explicarle algo en el aula, que parecía que escuchaba pero en realidad lo que hacía era resignarse a estar presente...casi sólo de cuerpo...ya que su mente se ausentaba buscando otras historias que le proporcionaran entusiasmo.

Obligarlo a estudiar cuando era un chico fue un empeño abocado al fracaso…él no sabía disimular por entonces su falta de interés, me consta que sigue sin poder esconder lo que siente, ni para complacer a los demás ni siquiera para que la vida se le haga menos complicada. En todo caso siempre mostró un alto interés por sus libros, por su música…y fue fiel a ellos, compañeros de viaje de los cuales no podía despegarse. Resolvía crucigramas y sopas de letras como nadie y respondía preguntas complejas de algunos programas de televisión, como ningún otro miembro de la familia...preguntas un poco complejas para el resto. Podía narrar al resto de la familia cualquier historia que previamente se había encontrado en alguna de las páginas que visitaba…y se lucía con su verborrea aunque después tuviera que recordar que su maestra indicara en el boletín de las notas de cualquier final de trimestre que él presentaba dificultades de comprensión lectora. ¡Qué poco lo habían conocido en la escuela! Era consciente de que pocos niños que lo acompañaban en las aulas podían tragar las letras e interpretarlas tan bien como él lo hacía…pero algún día alguien se daría cuenta de que le resultaba imposible concentrar su atención en la oratoria de sus maestros, tampoco pretendía hacerlo, no se había planteado fijar su pensamiento en lo que se decía en el aula para tratar de comprenderlo…y al no conseguirlo, le resultaba complicado enterarse de nada.

De alguna manera…llegó el interés por el estudio a su vida…el estudio en términos oficiales, ya que él sabía perfectamente que jamás había dejado de aprender, si bien lo había hecho por su cuenta. Fue un excluído del sistema, no culpaba a nadie…entendía que la responsabilidad había sido suya y que no había sentido ninguna motivación para luchar por ser parte de la rueda…por eso no giraba al mismo compás que algunos de sus compañeros…que reconocían a escondidas que no entendían para qué les servía todo lo que les intentaban meter en sus cabezas en la escuela. Ellos decidieron resignarse y entrar “al trapo”, mientras que él fue considerado “un caso perdido”…un niño con un problema de comprensión que se leía tomos enteros de libros que incluso alguno de sus docentes ni conocía…pero eso no contaba, eso era un punto y aparte.

Aquella madre había entendido el significado de la frase “nunca es tarde…si la dicha es buena” y estaba orgullosa de que su hijo se hubiera dejado seducir por la llama de la motivación, aunque su vida estuviera destinada a verlo cumplir cada día ante una cadena de producción en una empresa…había llegado el momento para hacerlo…para ponerse a estudiar y demostrar al mundo que era tan capaz como cualquiera.

No sé si conoces a alguien que haya expresado su intención clara de no estudiar…puede que lo haya hecho en silencio y haya pasado inadvertido en tu vida. Te diré que desde mi experiencia docente…pienso que los niños que “no quieren”, son los más difíciles…son los que más impotencia nos hacen sentir, ya que en la mayoría de los casos descubrimos que a pesar de que su nivel de cognición es alto…se niegan a ceder ante las exigencias escolares…ni tienen intención, ni vehemencia…mucho menos perseverancia. La intención es lo primero que necesitan para cualquier disciplina, la vehemencia o entusiasmo es lo que podría proporcionarles ganas de seguir adelante y la perseverancia seguramente les ayudaría a crear un hábito…pero ¡nada que ver! Sus objetivos…lejos están de parecerse a los que son determinados por los que dictan los estándares de la escuela.

Muchos son los padres y madres que ven cómo sus hijos no cumplen con sus expectativas y el viaje del aprendizaje se convierte en una tortura insana y poco productiva por el estrés que conlleva manejar los sentimientos y emociones de unos y de otros. En todo caso, creo que el punto de partida para poder comenzar a trabajar con estos niños es investigar si estamos ante vasijas que están boca a abajo, si son vasijas con algún agujero  o vasijas que contienen veneno. Un recipiente que está boca abajo, siempre estará vacío…y uno perforado, dejará que se escape el contenido. En el peor de los casos, tendremos que lidiar con un recipiente que contenga veneno…que contamine así mismo el agua. Si aclaramos nuestras motivaciones y las de ellos, habremos comenzado a sujetar las riendas para poder poner la vasija boca arriba y abierta a experiencias...dispuesta a contener diferentes aprendizajes. Insisto en que nada se logra sin la intención de hacerlo…pero debemos añadir a esta intención una dosis de entusiasmo y una práctica continua que asegure la duración de cualquier acción. Es por esto que no está de sobra enseñar a los niños a “usar la mente para aplastar a la mente” y prepararlos mentalmente para hacer algo que no les guste demasiado…aunque sé que es muy complejo, ya que en este punto entran en juego las emociones y debemos educarlos para que las gestionen adecuadamente. Y acercarse a las emociones a veces duele…y la escasa madurez atencional y emocional impide que los niños presten atención a emociones “difíciles”.

Habla y escucha a ese hijo que te expresa que “no quiere estudiar” y averigua qué es lo que le pasa…abre los ojos…nadie conoce como tú a ese ser a quien diste la vida. Interésate por todo aquello que le guste…recuerda que la disciplina jamás está reñida con el afecto…ni con el diálogo. Siempre podréis llegar a soluciones pactadas y cuando tengas la clave...

…hazlo sencillo. Ayúdale a simplificar. A menudo ven los estudios como algo mucho más complejo de lo que en realidad es. Recuerda que hay magos que salen a escena con muy pocos elementos…y sin embargo son capaces de dejar perplejos a los espectadores.

Hazlo divertido. Quizás necesite comer algo o descansar antes de ponerse a estudiar…o puede que necesite algún estímulo que le ayude a mantener una actitud más positiva. Cuando los agotamos en la consecución explícita de logros, resulta difícil asumir una actitud mental clara y no reactiva para alcanzar sus objetivos…y también dejan de divertirse.

No pierdas el sentido del humor. Recuerda que cuando lo pierdes, las cosas dejan de tener gracia.

Respecto a ti…mamá…papá…encuentra un sistema de apoyo que te acompañe a lo largo del proceso. Siempre puedes conectar con personas que estén en tu misma situación. Avanza con cuidado cuando los niños hablen de emociones dolorosas y no tengas miedo a pedir ayuda a algún profesional si algo te inquieta.



Sé que quieres lo mejor para ellos…y siempre haces lo que crees que es mejor para conseguirlo.

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