lunes, 27 de julio de 2015

La dosis justa


Silvia se levantó soñando con el desayuno que iba a tomarse aquella mañana fuera de su casa. Despediría amorosamente a su marido y llevaría a los niños a la escuela…pero de vuelta se detendría en aquel bar tan coqueto que tanto le gustaba. La verdad era que hacía tiempo no se había hecho un homenaje a sí misma…vivía envuelta en lo que creía su única responsabilidad…su casa y su familia…olvidándose a veces de que el mejor tiempo que podía invertir era el que de manera esporádica invertía en sí misma. Pero aquella mañana se levantó con un propósito firme…el de recuperar rituales vitales para ella…como aquello que estaba a punto de hacer. 

Estacionó su vehículo en la puerta del bar…sintiendo las cosquillas en su vientre que hacía tiempo que no daban señales de vida y se dirigió con paso firme al interior del que iba a ser su refugio puntual…el lugar que iba a abrigarla por unos instantes mientras se olvidaba por un rato de que las obligaciones la esperaban a su vuelta. Podrían esperar un rato más.

Se acercó a la barra, con una sonrisa que adornaba su rostro y marcaba la melodía de su ritmo cardiaco…un poco acelerado…por la emoción que brotaba por todos los poros de su piel. Aquel camarero que le atendía era nuevo…no lo conocía…pero tenía un rostro muy agradable que le causaba muy buenas vibraciones. Silvia pidió su café y una tostada con mermelada que saborearía como si jamás hubiera probado semejante manjar. Lo haría lentamente…sin mirar al reloj…y estaba dispuesta a disfrutar el parón del tiempo para que su mundo se concentrara en aquel desayuno que tanto había echado de menos. No iba a dejar que las manecillas del reloj le cortaran la respiración una vez más…esta vez ella retomaba el control.

El camarero le dijo entonces con un rostro que comunicaba un “lo siento”…que no le quedaba más pan para hacer aquella tostada que le había pedido…y que podía elegir cualquier otra cosa para acompañar su café. La barra estaba adornada por diversos dulces que bien podrían hacer las delicias de cualquiera, pero...Silvia no quiso tomar nada para comer…aún con la tostada que había visualizado en su mente y que lamentablemente no iba a poder probar...no se tragó su sonrisa…a pesar de que sentía un halo de frustración por no poder realizar su hazaña al completo. “No importa” le dijo al chico joven que esperaba su respuesta…un ”no importa” que danzaba con una sonrisa sincera bañada de la amabilidad más generosa que brotó de su corazón…”así vengo otro día para hacer mi desayuno completo” pensó para sí misma. El joven curvó sus labios para sonreír a su cliente y con una naturalidad y espontaneidad que embelesó a Silvia le pidió que esperara un rato…que volvía enseguida. Ella se quedó sentada en un taburete de color azul e hizo lo que el barman le había sugerido…hasta su entrada en el local…con una bolsa de pan de molde en su mano…y dirigiéndose a aquella mujer de sonrisa eterna…le dijo que “ya tenía pan para las tostadas” mientras le guiñó un ojo que reflejaba mucha complicidad.

Silvia me contó su aventura con asombro…no entendió por qué aquel chico salió de la barra y fue a comprar pan para preparar su tostada…aunque lo agradeció con el alma.

Al otro lado del mapa y con unas horas de diferencia…Eva sintió que se había cansado de soportar el trato insufrible de un hombre que no conocía el significado de la palabra afecto. Se hartó de tragarse sus lágrimas en silencio y repetirse a sí misma que aquella situación cambiaría si ella se mantenía serena y relajada…y alzó su mano con la espada en alto para cortar definitivamente los gritos y empujones morados que la habían acompañado los últimos años…y lo hizo con gran decisión. Le costó mucho esfuerzo ejecutar aquel movimiento…siempre le habían enseñado que su humanidad solamente reluciría si se mostraba sumisa ante la vida y dejaba que filtraran en su interior las furias atroces de quien se disfrazaba de verdugo para desahogar su sed de venganza contra la mezquina vida que le había tocado vivir, una vida de golpes y tambores de guerra. No obstante, Eva, en un último intento por escapar del horror...aprendió por cuenta propia que la justicia lleva una venda en los ojos pero la espada en la mano y que siempre debía recordar regirse por el principio de que debía luchar contra cualquiera que quisiera obligarla a torcerse. No estaba dispuesta a partirse con cualquier viento desfavorable. Su marido no lo entendió…pero ella se mantuvo firme en aquella decisión lentamente cocinada...que manaba desde sus entrañas para chocar de frente con el rostro maltratador que la había convertido en esclava de la vida…o un débil latido de vida que...rogaba ser fortalecido con un aporte de sangre oxigenado. Nadie sino ella misma podía ayudarla a ponerse de pie y lo hizo con coraje y valentía.

No supo explicarme cómo lo consiguió…pero pensaba que la frase “no quiero hablar ya más contigo” que repitió sin cesar ante su inquisidor había hecho posible al final que la fiera escapara para no volver. Había liberado los ruidos ahogados en su propio silencio…sus propios ruidos internos que no había querido escuchar cuando comenzaron a bailar en su interior…pero que no cesaban de golpear su conciencia. Le había faltado voluntad para comenzar su particular batalla…aquella que le conduciría a la victoria.

Los relatos de ambas llegaron a mi vida y me hicieron pensar. Silvia y Eva tenían muchas cosas en común…ya que las dos habían sido conscientes de sus sentimientos…y supieron orientar su particular acción hacia el logro de un objetivo. Las dos supieron tratar de forma efectiva con sus parejas de experiencialas dos supieron comunicarse con eficacia. Quizás lo único que me quedó por analizar fue si se habían quedado solamente en ser eficaces y consiguieron lo que se habían propuesto…o si habían sido eficientes y habían conseguido sus objetivos al precio justo…o más bien si habían sido incluso elegantes y habían alcanzado su propósito en armonía con la coyuntura. Silvia había puesto amabilidad en una situación que no era de mucha gravedad…y puede que su actitud hiciera que el chico del bar se decidiera a complacerla. Eva puso algo de hostilidad y agresividad para girar la ruleta en busca de un nuevo rumbo.

¿Alguna de las dos lo hizo de manera incorrecta?

Seguro que no tienes ninguna duda respecto a Silvia...que en su proceder puso delicadeza, cordialidad y empatía…con un punto importante de cortesía. Pero…¿qué hay de Eva? ¿Acaso crees que ella no puede poner los mismos ingredientes que Silvia en cualquier otra situación de su viaje personal? Quizás ella necesitaba ese punto de rabia en aquel momento puntual de su vida…y ¿por qué no decirlo? también un toque de agresividad para desbloquear el yugo que la mantenía doblada y que hacía que se torciera cada vez más…mostrándose débil ante el mundo particular de su calvario. Todos necesitamos un fuerza interior para enderezar situaciones insostenibles. ¿Se te ocurre alguna otra manera de proceder para no terminar derrumbado? Puede que la inactividad continuada de Eva…no hiciera más que empeorar las cosas para ella…pero también para “aquel hombre” que se había convertido en su brutal enemigo. Omitir hacer lo que debía hacer hubiera sido quizás mayor pecado que mostrar la rabia contenida y reventar para gritar un “basta ya” que terminó por poner un punto y final a una relación insana. Al fin y al cabo…la enfermedad empieza en el alma…y si sabemos escuchar su lamento…puede que podamos sanar.

No es la primera vez que lo escribo…eso de que “el veneno no existe, sino la dosis” y eso es lo que debemos poner en su justa medida…una justa dosis de rabia o una dosis justa de amabilidad…porque también existe de esa que no es gratuita y busca comprar a los demás que dejándose cautivar por una amabilidad disfrazada…terminan sintiendo que deben pagar a quien fue amable con ellos alguna vez. Dualidad…demonios aparentes y luz blanca…fuerzas opuestas…absolutamente necesarias para la armonía universal.
 


Poner la dosis justa…de cada cosa no es malo...quizás el problema sea decidir qué es lo que significa la palabra justo. Podría ser que lo justo para ambos, para ti y para mi…sea lo que es bueno para los dos…lo correcto. Buscarlo...para encontrarlo...es parte de la actividad que debe ocuparnos mientras vamos haciendo camino.                                                                        



4 comentarios:

  1. Buen post +Anaje Ferreiro, cargado de realidad y de cordura. Feliz lunes!

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    1. Muchas gracias Esther, gracias de corazón. Que tengas un feliz día y semana! Te mando un fuerte abrazo!

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    1. Tarde perso seguro Frederic! Muchas gracias y me alegro enormemente que te haya gustado!

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