lunes, 20 de julio de 2015

Objetívate


Parece más que claro, que todo cuanto hacemos en la vida, está orientado a alcanzar un objetivo. Decía Laurence J. Peter que…”si no sabes donde vas, acabarás en otra parte”. Todos tenemos la gran capacidad de fijarnos objetivos y trazar planes para lograrlos. Podríamos relacionar la palabra objetivo al “fin" al que se desea llegar, la meta que se pretende lograr. Así mismo, cualquiera de nuestros objetivos nos impulsa a tomar decisiones o perseguir aspiraciones, correr detrás de un propósito.  Objetivos…destino, meta, el punto de mira de un arma, el blanco…el fin específico al que deseamos llegar pero que…tiene un cierto nivel de complejidad. Y ante esto deberíamos preguntarnos si realmente estamos condicionando nuestra propia felicidad ante el cumplimiento de nuestros propios objetivos. Si la respuesta fuera sí seríamos esclavos de ellos. Pienso que no hay mayor ambición que la de poseer una libertad conductual…que nos dota del poder para regularnos y responder ante las diferentes situaciones de la vida…desde una conducta libre…no adulterada ni a merced de los que nos rodean.

La conducta son los aspectos observables, medibles y cuantificables del comportamiento humano, que no es más que el conjunto de actos exhibidos por el ser humano y determinados por la cultura, las actitudes, las emociones, los valores de la persona y los valores culturales, la ética, el ejercicio de la autoridad, la relación o la genética. Y por otro lado tenemos la actitud, que al fin y al cabo es un juicio evaluativo, la propensión favorable o negativa del individuo hacia un objetivo. Las conductas no están aisladas e inconexas respecto del sujeto que las realiza, sino que están unidas a él, se hallan referidas al marco de su “persona”. Dicho de otro modo, las conductas no son ciegas ni se dan por azar, sino que representan acciones típicas de un sujeto, son expresión peculiar de él. Podemos reconocer que determinadas conductas son propias de tal o cual sujeto: son sus modos de resolver una determinada situación. Por lo tanto, las conductas son una manifestación de la persona, de un “yo” particular, o sea, expresan su personalidad.

Objetivos...
          …conducta...
                    …comportamiento...
                              …actitud.

En definitiva uno de los objetivos que más perseguimos es el de ser amados, aceptados, queridos. El amor es la manifestación de la vida. En el fondo…todos buscamos el amor, si bien nuestra conducta no es siempre la más adecuada para lograrlo. ¡Qué importante es observar nuestra manera de conducirnos por la vida para conseguir nuestros objetivos! Observar para ser conscientes de las veces en las que nuestro ego nos juega una mala pasada, ese personaje…ese bicho que a veces interpretamos...que nos aleja de nuestro propio SER. Ese monstruo al que a veces no podemos dominar y nos lleva presos. Ese “modo” de hacer las cosas…a veces impregnado de ira…o de orgullo…o de vanidad…o de envidia…o de avaricia…o de miedo…o de la adoración a la gula, lujuria o la propia pereza. De nada sirve negarlo o no querer verlo, más bien al contrario…y no nos libramos ninguno por mucho que deseemos lo contrario…no faltan ocasiones en las que nos comportamos conforme a lo que nos dicta nuestro ego. Y aquí está otro de los grandes objetivos de la vida…eliminar las capas que no nos dejan ser lo que en realidad ya somos y porque YA SOMOS…no podemos tener más valor.                                                                                                                                                                                                                                                               

Voy a dares unas pistas de los diferentes “personajes” que podemos encontrarnos. Seguro que todos reconocemos a quienes han decidido escribir su propio manual de instrucciones para la vida y no ven más allá de lo que ellos piensan que está bien o está mal, aquellos que solamente ven sus propias ideas y son expertos en utilizar la “culpa” como instrumento para lograr sus objetivos…mandones con cuchillo que no atienden a ninguna razón que no esté reflejada en su propio manual de conducta.

Tampoco faltan aquellos que están siempre dispuestos a ayudar y dar…sin que se lo pidan…y a veces dan sin necesidad, porque entienden que portarse bien en la vida es ayudar al prójimo cuando en realidad lo están comprando y haciendo esclavo para sentirse mejor.

También podríamos fácilmente identificar a los vanidosos, que vuelcan todos sus esfuerzos en interpretar a un personaje relacionado con el éxito, que buscan ser el número uno en todo y se especializan para lograrlo, que pueden llegar a manipular a quienes los rodean con tal de brillar allá donde van.
 
Tenemos por supuesto a los envidiosos, que “lloran para mamar” y para que les resuelvan la vida, que tienen como objetivo quedar siempre por debajo de los demás para que se compadezcan de sus problemas…pero al mismo tiempo no quieren dejar de tenerlos, ya que es su única arma para que sean tenidos en cuenta.

Otros pueden responder al personaje avaricioso, ese mismo personaje que se aleja del mundo y las personas porque los considera invasivos, se distancian casi hasta de su propio cuerpo, para refugiarse en su poderosa mente…personaje con miedo a perder, a quedarse vacíos si entregan hasta sus propias emociones…por eso minimizan sus necesidades y su dependencia de los demás, para que nadie pueda exigirles nada. 

Con todos los anteriores conviven los miedosos, los que a veces creen que hasta vivir es peligroso y evitan enfrentarse a lo que consideran como una amenaza…que a lo mejor sólo está en su imaginación.

Los que adoran la gula, buscan solamente dejarse de historias y pasárselo bien…son buenos anfitriones y están probablemente encantados de haberse conocido a sí mismos…pero desean prácticamente hacer lo que les venga en gana.

Y además tenemos aquellos que muestran su pasión por la lujuria que adoran el poder y lo único que desean es estar por encima de los demás y viven como si estuvieran en guerra todo el día.

Por último tenemos a los perezosos, que se anestesian para no sufrir y evitan toda clase de conflictos, son obedientes y abnegados.

Es fácil reconocer a alguien que responde a los patrones que describo. Lo difícil es reconocerse a uno mismo en ellos. Puede que veamos mucho más fácil la paja en el ojo ajeno que la viga en nuestro propio ojo…pero creer que todos respondemos a alguno de estos eneatipos en la vida. Ninguno es mejor o peor que otro, pero debe ser reconocido y domado, ya que si todas nuestras acciones en la vida están enfocadas a lograr objetivos…que estas acciones sean lo menos contaminadas por este tipo de personaje sería más que deseable.

Por eso os planteo que desarrollemos la capacidad de definir nuestros objetivos desde una perspectiva positiva, fijando fechas realistas para lograrlos y midiendo los resultados como claves para alcanzarlos. Objetivos razonables, que estén a mi alcance. Pensemos que qué cosas podemos hacer…preveamos el resultado…analicemos las posibles consecuencias de nuestros actos…y hagámoslo visualizando el mayor número de opciones de ejecutar un plan para poder escoger la mejor de las opciones. Practiquemos y perseveremos, comprometámonos al máximo para poder conseguirlos. Sin miedo, sin prisa y haciendo lo que debemos hacer, derechos por la vida como decía San Agustín…”es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja."


Quizás la meta más importante en nuestra vida debería ser alcanzar la verdad, la bondad, la justicia o la belleza y por qué no decirlo…el amor. Tengamos en cuenta que el objetivo del juego no es la victoria, sino el arte. Por eso, puede que el principal objetivo de la vida no sea alcanzar el éxito, sino el placer por hacer, el placer de su resultado y el conocimiento del valor que tiene ese resultado para el resto de la comunidad que nos rodeasin preocuparse tanto por los fracasos, y recordando que perdemos muchas posibilidades si no lo intentamos.


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