lunes, 1 de junio de 2015

FRIOlera…DE HEDOR


Él “no había nacido aprendido”, pero tampoco nadie se preocupó por enseñarle. Unos padres con pocas posibilidades de triunfar en su rol, ambos castigados con sendas enfermedades que implacables…no permitían ni que ellos mismos, supuestos adultos de una familia desestructurada...fueran autónomos…y mucho menos un modelo al que poder seguir. Nadie negaba que lo quisieran…todo lo contrario. Pero había nacido en el seno de una familia con un alto abandono de los hábitos higiénicos y la imposibilidad de hacerse cargo de él dotándole de lo más básico. El comportamiento agresivo del progenitor…hacía que ni siquiera los servicios sociales pudieran “solucionar” un problema que había pasado a ser molestia. Y ya se sabe que cuando algo molesta…más bien se tiende a esquivar…y no afrontar con coraje para tratar de buscar la mejor solución. Hacía falta ser muy comprometido con el prójimo para entrar en aquella casa e intentar poner un poco de orden.

Mientras tanto para él…todas las mañanas…su momento de gloria cuando su “profe” lo metía en la ducha y le daba ropa limpia para poder vestirse. Tenían duchas en el colegio y habían decidido que allí…en aquel hábitat…sería uno más…y no jugaría en desventaja. Por lo menos no sería rechazado por el hedor que emanaba cada día…ya que al salir del colegio se le tenía que volver a vestir con la misma ropa que había llegado por la mañana…porque si no desaparecía y el colegio no podía proveer al niño con ropa nueva todos los días. No le iba a faltar su ducha diaria ni el plato de comida caliente todos los días mientras allí estuviera…pero al salir de allí tendría que volver a convivir entre las paredes que llevaban grabado aquel olor que se le pegaba en el cuerpo mientras dormía…para volver al colegio al día siguiente y provocar casi nauseas entre sus compañeros y profesores que debían atenderlo…hasta que el momento de la milagrosa ducha le aclamaba.

De vez en cuando…un padre “enfermo” que no perdía ocasión para insultar a las profesoras que atendían y limpiaban todos los días a su hijo…incluso llegó a insinuar un día que lo que las docentes querían era ver a su hijo desnudo…¡horror! Estupefacción y miedo…ante los desgarradores gritos e  improperios que lanzaba aquel hombre…pidiendo que no tocaran a su hijo.

Pero era preferible pasar el mal rato ciertas ocasiones ante un adulto encolerizado que ni siquiera sabía lo que decía… a permitir que la  pobre criatura fuera marginada por no poder soportar sentarse a su lado. Tuvo suerte con sus compañeros…que conscientes de su situación familiar…soportaron estóicamente cada mañana su presencia en el aula…esperando que el agua de la ducha se llevara consigo la “marca maldita” que penetraba sus orificios nasales sin compasión.

Un caso extremo…que no deja de ser recordado por quien lo padeció…muy peculiar…pero no tan lejano a otros casos en los que la falta de aprendizaje de los hábitos higiénicos…se debe a la falta de ejemplo, asimilación de rutinas, pautas y disciplina que no hacen más que reportar bienestar físico y mental en cualquier niño…o quizás un abandono y dejadez que nos lleva a tener que luchar con insectos que habitan cabezas y enervan a quienes no invitaron a sus inquilinos a vivir entre sus cabellos. Porque aunque parezca mentira, actualmente lidiamos con el problema de los piojos durante todo el año. Padres que se quejan de que no saben ya que hacer para eliminarlos y se angustian y se avergüenzan…pensando que sus hijos serán tildados de “sucios” a pesar de que sean todo lo contrario. Otros padres que se dan por vencidos y afirman que no van a gastar más dinero en productos antiparasitarios, porque piensan que es en vano…que es tirar el dinero a la basura…y otros padres que por “falta de tiempo” o “falta de voluntad” no agarran el toro por los cuernos y no se ocupan de lo más importante…si bien algunos pareciera que cuidan muy bien su aspecto personal…pero debe ser el único que cuidan ya que no tienen reparos para entregar a sus hijos con el pañal usado durante toda la noche, sin cambiarlos, sin asearlos…sin quitarles siquiera las legañas de los ojos y en alguno de los casos…plagados de piojos en sus cabezas desde bien pequeños. Y ante esto…la impotencia de los docentes y resto de las familias que no saben bien cómo enfrentar un problema que afecta al bienestar común.

Una de las reuniones más duras a las que me enfrente fue aquella reunión en la que tuve que advertir a una madre de la falta de higiene de su hija. Se estaba quedando sin amigas…nadie quería sentarse a su lado…nadie quería jugar con ella porque desprendía un olor a sucio...que la verdad era difícil de aguantar. La madre aparentemente muy limpia y ordenada, reconocía que ella no se ocupaba de la higiene de su hija y que ya le decía constantemente que debía asearse y cambiarse la ropa interior, pero que la hija no le hacía caso. Cuán equivocada estaba…ya que cuando hablamos de hábitos no estamos hablando de repetir hasta la saciedad una orden para grabarla en la mente, sino de hacer comprender la importancia de esas costumbres para que nuestros hijos estén más tranquilos y para su propio bien…con el objetivo de conseguir que hagan suyos esos hábitos. No basta con repetirlo…también hay que practicarlo, ya que es mejor mostrar solidaridad con las tareas que les pedimos y evitamos que suenen a órdenes. Acompañar a nuestros hijos en el aprendizaje de los hábitos desde la firmeza y desde el afecto…nos ayudará a establecer con ellos un vínculo muy especial. Pero las malas compañías como las prisas, presiones de horarios, estrés y otros elementos obstaculizan el buen hacer. Y es que…lo verdaderamente importante es saber qué es lo verdaderamente importante.

Si transmitimos un hábito higiénico…o cualquier otro hábito sin presionar…puede que lo interioricen con el paso del tiempo. Pero debemos ser regulares en su cumplimiento y también  debemos avisar con tiempo lo que queremos que nuestros hijos lleven a cabo, ya que el desorden y el caos, es decir, cumplir los hábitos sólo algunas veces... no lleva a los niños al aprendizaje. Acompañarlos a limpiarse las manos antes de comer o cenar puede ser un acto muy divertido si se hace con humor…de la misma manera que limpiarse los dientes, por ejemplo. Ante el enfado y las órdenes mal dadas…con el ceño fruncido…lo que se consigue es el conflicto. Los hábitos se consolidad con el tiempo, después de haberlos reforzado muchas veces…pero es tarea nuestra en casa hacerlo.

Reforzando positivamente cuando practican los hábitos que queremos transmitir de una manera eficaz…les motiva a seguir haciéndolo.

Quizás la palabra clave sea RITUAL...algo que se realiza de manera habitual por su valor simbólico, como una rutina pero se hace de un modo especial, con una forma en particular de hacerlo. 


Busquemos esas formas particulares y especiales de llevar a cabo esos hábitos…modos creativos que nos ayuden a que nuestros hijos los interioricen. Y tratándose de la higiene…recordar que una falta de ella podría provocar un rechazo hacia cualquier niño…y los niños en definitiva lo único que buscan es lo que buscamos todos los demás…ser aceptados y AMADOS.

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