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lunes, 19 de octubre de 2015

¿Limitas o empujas?


Conocí a Carmen en un curso de formación. Congeniamos de inmediato, nuestras sonrisas se encontraron y siempre buscábamos cinco minutos para charlar antes de que nuestro formador comenzara la sesión. Me había contado retazos de su vida en pequeños capítulos. Se mostraba frágil, dubitativa, miedosa, débil, insegura…decía estar buscando la manera de cambiar su vida…un pequeño desastre según sus palabras, que no la satisfacían.

Carmen, aquella chica dulce y tierna, era bastante consciente de sus debilidades y fracasos…no vislumbraba sin embargo ninguna fortaleza…pero lo que parecía tener claro era que una de las amenazas de su vida había sido su propia madre. Ella describía a su progenitora como una persona bondadosa, muy en el fondo de su ser…su madre había sido buena persona y había procurado toda su vida que nada faltara a sus hijos. Pero al mismo tiempo, aquella madre se había pasado la mayor parte del tiempo de crianza de sus hijos...enferma, quejosa y lo que fue peor…triste…infeliz…inconforme con la vida que le había tocado vivir. Carmen no sabía muy bien si su madre se había inventado sus propias enfermedades o si ella misma las había creado…el caso es que casi desde pequeña se vio en la necesidad de prescindir de lo que ella calificaba como una madre “normal” y se había tenido que acostumbrar al hecho de que un día sí y otro también…se toparía al volver a casa con una madre gruñona aunque fuera casi siempre en silencio…pero al fin y al cabo, gruñona en potencia. 

Carmen no había tenido según sus palabras una infancia fácil, pero tampoco le fue bien en su etapa adulta. Llevaba casi ocho años viviendo sola en su casa con una hija a la que adoraba y luchaba por no repetir el patrón que ella había mamado. Se maltrataba a sí misma diciendo que era una calamidad…que se proponía muchas cosas pero que no era capaz de cumplirlas. Que no podía ni siquiera invitar a nadie a su casa por lo desordenada que era…no quería compartir aquel caos doméstico con nadie y prefería lamentarse de sus errores antes que subsanarlos…ya que no se veía con la suficiente determinación para poder hacerlo, para poder hacer un “borrón y cuenta nueva” y empezar a sujetar con firmeza las riendas de su vida.

Así que, se dedicaba a contemplar y admirar a las personas que ella calificaba como “valientes” y “decididas"…o por lo menos a los seres humanos que ella clasificaba como autónomos e independientes y repetía que quisiera ser como aquellas personas que agarraban al toro por los cuernos y se enfrentaban a las adversidades con tesón, con energía y con responsabilidad. Llegó a la conclusión de que parte de lo que le sucedía era responsabilidad suya, pero le faltaba voluntad para dar un giro a una vida gris cuyo reflejo en el propio espejo de su alma se veía muy fea…siempre caía en el abismo del “yo no puedo ser como ellos” y la espiral de la constante negatividad la terminaba engullendo hasta hacerla desaparecer del mapa. A veces resurgía para hacer amago de un intento de supervivencia…pero volvía al mundo oscuro que al fin y al cabo se había convertido en su zona de confort, un mundo subterráneo donde podía refugiarse para que nadie le hiciera daño…uno de sus grandes temores…una angustia que había grabado en su mente hasta el punto de sentirse esclava de una realidad contradictoria…en su búsqueda por sentirse abrazada por quien la amara, pero en el intento de mantener su escudo en alto para que nadie entrara demasiado profundo en su existencia…para no tener que vivir ningún dolor, no al menos si ella podía evitarlo ya que se explayaba conmigo de que el sufrimiento que padecía ya casi colmaba su copa y no podía permitirse el lujo de añadir una sola gota de angustia porque se arriesgaba a perder el poco control que le quedaba.

La historia de Carmen me recordó una artista francesa llamada Louise Bourgeois. Puede que no la conozcas por su nombre, pero quizás te sea familiar alguna de sus obras…como la Maman o araña gigante que se exhibe al lado del museo Guggenheim de Bilbao. Si la has visto seguro que no te habrá dejado indiferente…una araña de bronce, mármol y acero inoxidable de casi nueve metros de altura que dicen que la escultora, pintora y dibujante...esculpió en homenaje a su propia madre. Su obra titulada Maman (mamá) simboliza de alguna manera la sobreprotección ejercida por su madre como “la araña que teje el nido”…donde sus hijos se crían y están libres de peligros. Pero también se podría decir que las mismas patas de la araña se asemejan a arcos góticos que podrían funcionar como jaula o guarida protectora de una bolsa llena de huevos que están pegados a su abdomen.

Madre protectora…y depredadora al mismo tiempo…araña que utiliza la seda para fabricar el capullo como para cazar a su presa…una araña que provoca miedo por su inmensidad…pero al mismo tiempo transmite vulnerabilidad al estar equilibrada sobre unas patas ligeras…que parece que pueden caer y romperse en pedazos.

Todo esto me da que pensar…me lleva a recordar que nosotros mismos fuimos condicionados por nuestros padres y la historia se repite con nuestros hijos. Los mensajes que recibimos de nuestros padres tuvieron mucha influencia en nosotros, puede que aún la sigan teniendo…así como los mensajes que lanzamos nosotros sobre los niños…ya que ellos al ser pequeños lo tragan todo. No te digo que haya mala intención detrás de las palabras que emitimos. Siempre he pensado que la mayoría de los padres actúan pensando que lo hacen por el bien suyo y el de sus hijos, aún a riesgo de equivocarse. Nadie dijo que tuviéramos que ser perfectos, piensa que nosotros mismos aprendemos cada día y nos enriquecemos en la tarea de educar…pero hoy quisiera además pedirte que busques aquellos mensajes que escuchaste de niño que pudieron limitarte como “cuidado con quien tratas” o cualquier etiqueta que te pudieron colocar…así como aquellas palabras alentadoras que pudieron dedicarte…palabras que te dieron alas para violar alto y llenarte de entusiasmo para conseguir tus propios objetivos. ¿Con qué mensajes pudieron limitarte? ¿Y con cuáles pudieron empujarte?

Y tú…¿limitas o empujas?

Te invito a que lo revises si tú quieres, te invito a que intentes diferenciar entre lo que “ves” y puedes afirmar porque es una realidad y un hecho en el que estaremos de acuerdo porque es constatable y lo que imaginas…lo que VEO y lo que IMAGINO, sujeto a mi interpretación y mi propia visión…una creación propia y una creencia personal que no tiene porque ser cierta.

Que tú lleves un pañuelo anudado a tu cuello, no significa que tengas frío…que lleves un semblante serio no implica que estés enfadado…que tu hijo tenga un comportamiento agresivo alguna vez no significa que sea una persona agresiva…Las interpretaciones que hacemos sobre nuestros hijos desde la perspectiva de padres, construyen a veces conceptos y etiquetas que a su vez construyen realidades que moldean de algún modo a nuestros hijos. El lenguaje crea realidades…es creador en si mismo. Hay palabras que matan y hieren y otras que sanan y liberan…mensajes que limitan y paralizan y otros que motivan. Nuestros niños, no tienen mucha capacidad para filtrar la información que reciben y las interpretaciones que les obsequiamos son absorbidas por ellos de manera que apoyan su desarrollo personal y sus creencias en lo que escuchan cada día.

Aquellos mensajes que tú escuchaste cuando eras niño ya fueron dichos…ya hicieron su trabajo y a lo mejor o a lo peor dejaron un poso importante en ti. Puede que quizás hayas utilizado tú alguno…pero ya sabes que siempre estamos a tiempo para pensar…para reflexionar y mejorar.  Nada está perdido si tratamos al menos de ser conscientes de que sí que podemos hacerlo…de que lo que puede funcionar sea tratar a nuestros niños como importantes huéspedes de una civilización desconocida en la que desconocen algunas cosas…pero están ansiosos por conocer. 

Te lanzo mi propuesta para que pienses si quieres en...

…cómo miras a tus hijos...
…qué etiquetas o conceptos construyes…
…cómo miras tú mismo la realidad, el mundo, la vida…¿llena de peligros o llena de oportunidades?
…cómo valoras las situaciones cotidianas…¿ves la botella medio vacía o medio llena?
…cuáles son tus creencias e interpretaciones...

…para que puedas pensar en si limitas o empujas…o si equilibras las dos cosas.

lunes, 12 de octubre de 2015

Vindictae


Leía hace poco una especie de microcuento que decía que un mono vio un pez en el agua y lo sacó pensando que le salvaba la vida. El pez evidentemente murió. Por eso y de inmediato,  pensé lo importante que es entender el mundo del otro. ¡Qué difícil resulta convivir con alguien sin comprenderlo!

La vida es relación…nosotros somos relación…dar y tomar o tomar y dar. Me viene a la mente la palabra empatía. Algunos dicen que se trata de ponerse en el lugar del otro…no me parece una definición incorrecta, sino más bien insuficiente. Podemos mirar en diversas enciclopedias la definición de esta palabra tan utilizada…”empatía es conectar con el estado emocional del otro…mental y afectivamente”…”empatía es la capacidad de sentir cómo se encuentra el otro”…”empatía es la habilidad de comprender los problemas, sentimientos y necesidades del otro”…

Busco la etimologia de esta palabra, tan utilizada en muchos de los textos que nos toca leer, tan reclamada en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Descubro que proviene del Griego…en (dentro)…patia (sufrimiento, dolor)…”dentro del sufrimiento”. Sigo leyendo, me encuentro con un escrito que me informa que un maestro llamado Martin Hoffman habla de que un niño llora si escucha el llanto de otro niño, no lo hace sin embargo cuando los llantos provienen de una simulación hecha en el ordenador. Por lo tanto, la empatía del niño no es imitación ni reflejo, sino el sufrimiento causado por un llanto verdadero. Me invade la memoria un pensamiento, más bien un recuerdo, una fotografía con vida que me tocó ver…que reflejaba un contagio terrible entre dos hermanos gemelos en su etapa de Guardería. Uno de ellos absolutamente adaptado, el otro que no conseguía acostumbrarse a su etapa preescolar, que no paraba de llorar y llorar porque quería volver a encontrar la seguridad en brazos de su madre. Uno de aquellos niños era arrastrado irremediablemente por el otro que no podía calmar su angustia y la historia terminaba con dos niños que se miraban como “corderitos degollados”…uno de ellos sufriendo sus miedos y el otro seguramente solidarizándose con su hermano.

Me pregunto...¿Nacemos entonces empáticos?…¿es algo que debemos desarrollar? A lo mejor será que partimos de una empatía inconsciente que se desarrolla y se va haciendo consciente con el paso de los años. 

En opinión de Hoffman, maestro que te citaba antes, «es la empatía hacia las posibles victimas, el hecho de compartir la angustia de quienes sufren, de quienes están en peligro o de quienes se hallan desvalidos, lo que nos impulsa a ayudarlas». Y, más allá de esta relación evidente entre empatía y altruismo en los encuentros interpersonales, Hoffman propone que la empatía es, en última instancia, el fundamento de la comunicación.

Comprender…compartir…compadecerse…ayudar…encontrarse…comunicar…todo lo contrario que vengarse. VINDICTAE...

Venganza…esa especie de mecanismo de defensa con la que puedes asegurarte de que no se vulnerarán nuevamente tus derechos como ser humanoesa actitud de defensa para asegurarte que no sufrirás más daños…ante una situación que consideras injusta. Otra historia de tantas que se instala en mi mente…El terrible relato de Ane, cuando descubrió que su amiga le había arrebatado a su chico…adolescentes todos, personas que habían sido calificadas como “normales” antes de que sucediera aquello. Lo único que Ane deseaba era causar un dolor a su amiga, ella lo llamó justicia…pero en realidad era una crueldad que escondía su odio y rencor…no quería resarcir el daño que ella había sentido en su piel y corazón…sino hacerle un daño intencionado a la que había sido amiga suya. Ane se sentía víctima en manos de un verdugo que sólo existía en su imaginación…pero quería que la sangre corriera…porque creyó que se sentiría mejor y que el dolor de la que le había usurpado al chico que ella le gustaba aliviaría su propio sufrimiento. Por eso entró en casa de la “ladrona” y rompió las fotos que ella conservaba de su padre…fallecido meses atrás. La despojó de los únicos recuerdos que poseía de su progenitor…hiriéndola de muerte…le lanzó la flecha directa al corazón.

Siempre nos preguntamos por qué ante situaciones similares las personas actuamos de formas diferentes. Ane no pudo con su rabia, habría que retroceder hasta su infancia y ver si su hostilidad era producto de no haber sabido interiorizar la necesitad de auto regularse y controlarse, puede que nadie le mostrara como hacerlo. La pregunta que te hago a ti es si tú podrás sentir empatía por las dos protagonistas de la historia por igual, Ane y su víctima…o si por el contrario tu rabia también se enciende y apoyarías una respuesta implacable contra la “agresora”. ¿Qué me dices? ¿Cómo te quedas con esto? ¿Acaso no nos encanto a ti y a mi, la escena de la película “Gladiator”...cuando Máximo El Gladiador se levantó la máscara ante el malvado emperador en la arena, y le dijo que alcanzaría su venganza? ¿Cuántas secuencias impregnadas de venganza observan nuestros hijos?

El mundo rebosa violencia, odio, venganzas y agresiones y nuestros niños son testigos directos de ello…por lo tanto, el mundo nos enseña desde pequeños que la venganza es una respuesta ante un insulto u ofensa…y la sociedad está llena de modelos de esa herramienta llamada venganza. Salirnos de este camino de defensa es un aprendizaje de empatía y perdón. Volvemos a la EMPATÍA. ¿Sabes? No somos perfectos…ni debemos serlo, es más, no podemos serlo…aceptemos que somos seres limitados pero intentémoslo…eduquemos a los niños, dando un claro ejemplo de que nosotros mismos, como adultos que somos, poseemos la capacidad de recordar de que a veces el dolor y el odio suelen ir fusionados y lo que nos cura es “depurarnos" de esta toxicidad. La venganza es un error, es un sentimiento generado por la presunción de que se ha cometido una injusticia…un abuso…y se venga aquel que se considera una víctima. Pero, déjame que vayamos un paso más allá...pensar en vengarnos es pensar en el victimario. No podremos quizás empatizar con él, pero ¿debemos tenerlo presente? ¿debemos mantenerlo vivo? ¿dejar que la herida siga sangrando? ¿permitir que nos siga doliendo? Quizás estamos permitiendo que el pasado anule nuestro presente y que nos impida disfrutarlo. El costo afectivo me parece demasiado alto, creo que no merece la pena. 

Si bien nos sacude por dentro leer o escuchar una historia con esencia vengativa entre adultos…nos derrumba saber que puede haber niños con tendencias a “tomarse la justicia por su mano”. Así como Ane, las personas vengativas, experimentan una inestabilidad de ánimo y una enorme sensibilidad a los acontecimientos adversos. Tienen una limitada predisposición a sentirse ofendidas y enfadadas. Suelen tener conflictos con sus compañeros y dificultades para la cercanía en las relaciones. Tienen tendencia a la rumiación sobre las ofensas con la intención de tenerlas bien presentes…y meditan constantemente sobre estas…para que no se les olviden. Y mientras tanto…algo les carcome el alma y se la hace pedazos.

Al fin y al cabo…son personas con dificultades para perdonar y más allá de sentirse aliviadas cuando se vengan, sienten que su dolor se perpetúa. Nuestro mejor trabajo con nuestros niños está en ayudarles a eliminar el percibir todo lo relacionado con quien consideran dañino para sus vidas, educarlos a relacionarse con los demás de una manera sana, fortalecer sus autoestima y conseguir un contacto cero mental, que implica que sepan dejar marchar todo pensamiento negativo que siga alimentando sus ganas de venganza.

Seguro que es mucho mejor ayudarles a gestionar su rabia…que se pregunten si su reacción ante lo que consideran una amenaza no es excesivamente intensa…que aprendan a respirar y calmarse y que puedan siempre verbalizar su enfado…que lo describan, lo expresen si hace falta, sugieran posibles vías de solución y anoten las consecuencias. Al fin y al cabo…está en tus manos y las mías arrastrarlos con nuestro buen ejemplo.


Ya sabes…entre tú y yo…sigo luchando por colaborar con el objetivo de dejarles a ellos un mundo un poquito mejor. ¿Te vienes?

lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Rutinas o rituales?


Dicen que la vida consiste en una serie de actos repetidos. Si grabáramos nuestro funcionamiento de cada día que pasa, como si de una película se tratara…bien podríamos observar que nos puede resultar hasta difícil diferenciar unos días de otros. Nos levantamos, nos aseamos, nos vestimos, desayunamos, arreamos con los niños, vamos a los lugares de trabajo, comemos, puede que nos volvamos a desplazar a nuestra empresa, volvemos a casa, hacemos la compra, preparamos la cena, cenamos y nos vamos a dormir…y esto cada día. Tal vez suceda que...cualquier imprevisto que nos cambie la repetición de nuestras acciones…provoque un caos que nos saca de quicio…ya que a veces parece que quisiéramos controlar hasta el propio control. Bien es cierto que nadie nace con una rutina establecida…sino que vamos moldeando continuamente nuestra forma de actuar en base a nuestras necesidades y las diferentes circunstancias que nos acompañan.

No te digo que la rutina sea mala ni me refiero a que no debamos sujetarnos a ella…si lo que queremos es hacer que la vida diaria sea algo más controlable. Lo que ya no suena tan divertido es que nos convirtamos en seres mecánicos y hagamos las cosas sin ningún sentido, sin un ápice de afectividad…en definitiva sin corazón. 

Hay quien dice que odia las rutinas, que hacen que sus días parezcan iguales y necesitan de variedad y estímulos para poner emoción en sus vidas, un punto de aventura descontrolada que abre paso a la incertidumbre, afrontando riesgos…una sensación que provoca un cosquilleo con un punto de miedo o en algunos casos una pizca de placer. Los hay también que tras un período de descanso…no hacen más que aplaudir la vuelta a la rutina. Pareciera que esta misma rutina les diera seguridad, cuando ven que todo sigue en su lugar y que pueden anticipar lo que vendrá después…que cada paso que dan abre camino al siguiente…que ya está planificado con anterioridad…elementos predecibles del día a día que les resultan cómodos…rutinas estructuradas…costumbres que aunque para Shakespeare sean “monstruos que reducen polvo hasta los mejores sentimientos” hacen que la vida adquiera un tono más relajado. Los niños necesitan de estas rutinas o costumbres…el sentirse descolocados les hace sentir que están desnudos ante una manada de lobos y acentúa sus miedos. Ellos necesitan saber que su día a día está más o menos controlado…necesitan saber si van a comer en el colegio o deben ir a casa de vuelta…necesitan saber quien irá a buscarlos a la escuela cuando la jornada termine…necesitan una estabilidad para no sentirse ansiosos.

Dice Barbara Biziou, autora del libro “The Joy of Ritual”, que la mayoría de nuestras rutinas diarias son rituales inconscientes y los llevamos a cabo sin pensar en su significado. Lo que pensé al leer estas palabras fue si realmente un abrazo por la mañana o una despedida o incluso un beso a uno de nuestros hijos cuando entra en el aula...se podría categorizar como un acto inconsciente, por el efecto que producen las prisas con las que nos movemos y a partir de aquel momento…me prometí a mí misma que cada uno de estos rituales de conexión…tan impregnados de amor…jamás fuera un acto que careciera de consciencia…jamás fuera algo mecánico…sino que trataría siempre de dotar de sentido al mundo que me rodea, por mucha aceleración que me pidan las circunstancias.

Me gustó mucho leer la diferencia que hace Catherine L´Ecuyer en su libro “Educar en el asombro". Ella indica que el elemento diferencial clave entre la rutina que aliena al niño y el ritual que le hace tanta ilusión es la humanización del acto…es decir…El ritual es la rutina, pero humanizada. 

        "  - ¿Qué es un ritual?
          - Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora                 de las otras horas."
                                                            El zorro al principito

Deseo rutinas y al mismo tiempo deseo rituales para convertir los momentos más mundanos en momentos de conexión y cercanía, y así lo deseo para ti…para los que te rodean…para tus hijos y los míos...para todos los niños del mundo…porque son ellos quienes pasean por la vida…son ellos quienes consiguen que el tiempo casi pase desapercibido para ellos.

Si bien te he dicho antes que creo firmemente que las rutinas nos ayudarán a hacer de la vida diaria algo más controlable y contenido, el ritual logrará imbuir lo mundano con un elemento de magia. Todos los rituales tienen un propósito…hasta acostarse tiene el propósito de relajarse; leer un cuento a nuestros hijos tiene el propósito de conectarnos con ellos…además de otros aspectos emocionales que podemos reforzar…regalando un pequeño instante de ternura, un breve espacio de tiempo indescriptible de unión con nuestros hijos…que no tiene precio.

Al fin y al cabo son los detalles, los pequeños gestos, la sensibilidad extremada lo que educa y hace crecer.
Me quedo con una reflexión sobre rutinas y rituales de Alfredo Hoyuelos, que habla en un breve artículo titulado “Buenas ideas: La pedagogía del moco” y publicado en la revista Infancia, que se pueden limpiar los mocos a un niño de diversas maneras. Sabemos que el niño se sentirá más a gusto con la nariz limpia…pero ¿cómo lo hacemos? Pienso que en ciertas ocasiones puede que haya algo de inconsciencia en las maneras…cuando invadimos la pequeña nariz del niño y sin pedirle permiso atacamos con un pañuelo ejerciendo una fuerza excesiva. Hagámoslo con un adulto y veamos qué pasa. ¡Ahhh...eso no! No nos atreveríamos ni siquiera a pensarlo. Tomemos el acto de quitar los mocos entonces, en forma de ritual…explicándole lo que vamos a hacer…pidiéndole permiso…poniéndonos a su altura…mirándole a los ojos…mostrándole el pañuelo…regalándole una sonrisa. Y veremos que es muy distinto a pillarlo desprevenido. La diferencia quizá resida en que convirtiendo este acto en ritual…estamos poniendo nuestra alma en ese pañuelo que estamos usando.

Conservemos por lo tanto las rutinas…pero convirtamos aquellas que lo requieran en rituales humanizadores, con pequeños gestos de amor, con respeto y con el corazón. Puede que un equilibrio entre ritual y rutina sea un balance esencial de la vida.


Permíteme que ponga el broche a este escrito con una frase de Mario Benedetti…que dice que “El amor no es una repetición. Cada acto de amor es un ciclo en sí mismo, una órbita cerrada en su propio ritual. Es, cómo podría explicarte, un puño de vida."

lunes, 3 de agosto de 2015

Elegancia Emocional


El fin de semana ha sido intenso…hay que decir adiós a algunas de las personas que nos rodean, por un tiempo…a familiares, amigos, al hogar o a los vecinos…una semana, quince días, un mes de ausencias...idas más que venidas…maletas a punto de reventar y unas ganas locas de marcharse a todo correr para aprovechar las vacaciones…eso para quien las pueda disfrutar, por fin. También quedan algunos que no tienen el privilegio…y otros que prefieren cualquier época del año a la estival para bajar las revoluciones y parar. Yo también me despido por unas semanas, me doy un descanso para renovar fuerzas…porque creo que hay que saber tomarse un respiro y oxigenarse de vez en cuando. Por lo tanto…antes de nada me queda deseados a todos lo mejor, tanto si estáis de vacaciones como si seguís trabajando…¡lo mejor para todos! Permitirme que os cuente una anécdota que me sucedió hace poco y me hizo pensar...

En una de esas tertulias con café y sabor a despedida escucho un comentario…y me pica tremendamente la curiosidad. Así que me dispongo a afinar bien mi oído…para seguir absorbiendo información…que proviene de una mujer…muy bien arreglada y vestida, impecablemente maquillada y que tiene a sus compañeros de mesa atentos a lo que ella explica con absoluto convencimiento. Habla del glamour…del resort donde se desplazará con su familia…que no es cualquier cosa…y que los obliga a tener que “dar la talla” y vestir a la última moda…y cuidar hasta el más mínimo detalle de su presencia para poder estar a la altura. Glamour…glamour…glamour…Reconozco que me he quedado con la palabrita en cuestión…Destinos con glamour, playas con glamour, celebrities con glamour…hasta se puede leer que existen “escuelas con glamour”.

Glamour o glamur…¿cómo la escribiría aquella mujer del café? Una palabra que pertenece a un anglicismo…que a su vez proviene de una voz francesa y que hace referencia a objetos y materiales que se ven extraordinarios y que sobresalen de su entorno…aquello que destila belleza y elegancia…el encanto sensual que fascina…asociado habitualmente al lujo y refinamiento…atractivo, hechizo y fascinación. Quizás el glamour sea una característica que otorgamos a aquellos seres humanos que despiertan en nosotros cierto nivel de atracción…una característica adquirida de manera externa…obsequiada por los demás. Nada que ver con la elegancia que...según Honorè de Balzac no consiste en el traje, sino en el modo de llevarlo. Coco Chanel, maestra aparente del glamour, nos dice que…la simplicidad es la clave de la verdadera elegancia…virtud interna…una mezcla de distinción, naturalidad, esmero, sencillez y color. Por lo tanto...los demás no pueden hacerme elegante…la elegancia no entiende de dinero, no se desvanece…el estilo y la elegancia no se compran…es la forma en la que actuamos, nos movemos y hablamos…es espontaneidad, ser genuino, es algo que jamás se pasa de moda, ni entiende de pasarelas…consiste como dice Giorgio Armani en ser recordado…la elegancia emocional está en la actitud.

Pero…¿qué es ser elegante en términos emocionales? ¿cómo se muestra esa clase, ese estilo innato que nace desde adentro? Elegante viene del latín “elegiré”, elegir, cualidad que los humanos poseemos. Pero…¿elegimos siempre “lo mejor”? ¿Vivimos para elegir o elegimos para vivir? O…¿elegimos vivir?

Entiendo que...

ser elegante es no dejarse dominar por la envidia…que a su vez es un hambre espiritual que muerde y no come…que muestra lo infelices que nos sentimos y el exceso de atención que llegamos a prestar a lo que hacen o dejan de hacer los demás…uno de los peores males de nuestra sociedad…que no nos deja vivir ni en paz, ni en armonía con nosotros mismos ni con quienes nos rodean...

ser elegante es no depender de la aprobación de los demás, es no necesitarla porque somos capaces de mirarnos al espejo y decir en voz alta…”tú vales porque tú lo dices”…es darte a valer como ser humano por lo que eres…no por lo que tienes…es entender que curiosamente cuanto más se ES más se TIENE y que no debemos esforzarnos por gustar a los demás, si antes no nos hemos decidido a gustarnos a nosotros mismos…además, tampoco tenemos que gustar a todo el mundo...

ser elegante es poder explicar a algún hijo que en verano no podrá ir al extranjero como todos sus amigos a estudiar Inglés porque la economía familiar está atravesando un mal momento…y ayudar a ese hijo a comprender que no debe sentirse inferior a los demás…ser elegante es ser conocedor de las propias limitaciones…físicas, económicas o intelectuales y aceptarlas…aceptar en medio de la desnudez de la sinceridad que a veces las cosas no son como se esperaban…porque la felicidad no va de la mano con la posesión ni la adquisición de valores materiales…

...ser elegante es no importarte si las sandalias que usas son del año anterior…o las botas que vas a usar en invierno llevan una puntera pasada de moda…es saber que no necesitas llenar el armario para quererte a ti mismo…ni necesitas que te miren con admiración por llevar un último diseño…porque hasta la misma moda se pasa de moda…y curiosamente de todo lo que llevamos puesto lo único que no caduca ni se pasa de moda es la sonrisa que irradiamos cuando somos capaces de ser agradecidos por todo lo que ya poseemos...

ser elegante es luchar por tus ideales y valores…respetando los ideales de los demás…construyendo puentes de entendimiento con la raza humana…conociéndonos y comprendiéndonos para poder así conocer y comprender a los demás, cuidando al mismo nuestras relaciones para regar de calidad nuestra vida, luchando por transmitir y comunicar…abrazando la diversidad de opinión…y no deseando sacar ventaja sobre los demás

ser elegante es saber que pocas cosas son perennes y algunas caducas…que presenciar principios y finales es parte de la vida, que todo día empieza y acaba y nos enseña que ya no se puede volver a recuperar si no se ha sabido aprovechar al máximo…es no agarrarnos a clavos ardiendo para poder sobrevivir, sino seguir caminando hasta desgastarnos las suelas de las zapatillas…porque agarrarse es quedarse inmovilizado y condenarse a no avanzar ni para dentro ni para afuera...

ser elegante es atreverse a vivir y desquitarse de barreras y muros que a veces existen en nuestra imaginación…es morder la vida y saborearla…es arriesgarse a decidir y buscar sentido a los latidos del corazón, ya que uno no muere cuando su músculo motor deja de latir, sino cuando los latidos ya no encuentran el sentido de la vida…es hacer lo que debemos hacer, buscando siempre el equilibrio y la armonía…es saber que muchas veces, lo mejor en la vida no se planea…sino que sucede...

...ser elegante es esperar una puesta de sol en la playa…con los pies hundidos en la arena…y disfrutar de ella como si fuera el manjar más exquisito…respirar y dar las gracias por tener la oportunidad de poder ser testigos de semejante espectáculo natural que no entiende de entradas bajo pago...

…y un sin fin de cosas más que podríamos añadir a esta lista que seguro podéis engrosar buscando esa elegancia que lleváis dentro…porque sinceramente creo...que

ahí está en algún recoveco...la capacidad genuina que todos poseemos para ser elegantes en la vida.


lunes, 27 de julio de 2015

La dosis justa


Silvia se levantó soñando con el desayuno que iba a tomarse aquella mañana fuera de su casa. Despediría amorosamente a su marido y llevaría a los niños a la escuela…pero de vuelta se detendría en aquel bar tan coqueto que tanto le gustaba. La verdad era que hacía tiempo no se había hecho un homenaje a sí misma…vivía envuelta en lo que creía su única responsabilidad…su casa y su familia…olvidándose a veces de que el mejor tiempo que podía invertir era el que de manera esporádica invertía en sí misma. Pero aquella mañana se levantó con un propósito firme…el de recuperar rituales vitales para ella…como aquello que estaba a punto de hacer. 

Estacionó su vehículo en la puerta del bar…sintiendo las cosquillas en su vientre que hacía tiempo que no daban señales de vida y se dirigió con paso firme al interior del que iba a ser su refugio puntual…el lugar que iba a abrigarla por unos instantes mientras se olvidaba por un rato de que las obligaciones la esperaban a su vuelta. Podrían esperar un rato más.

Se acercó a la barra, con una sonrisa que adornaba su rostro y marcaba la melodía de su ritmo cardiaco…un poco acelerado…por la emoción que brotaba por todos los poros de su piel. Aquel camarero que le atendía era nuevo…no lo conocía…pero tenía un rostro muy agradable que le causaba muy buenas vibraciones. Silvia pidió su café y una tostada con mermelada que saborearía como si jamás hubiera probado semejante manjar. Lo haría lentamente…sin mirar al reloj…y estaba dispuesta a disfrutar el parón del tiempo para que su mundo se concentrara en aquel desayuno que tanto había echado de menos. No iba a dejar que las manecillas del reloj le cortaran la respiración una vez más…esta vez ella retomaba el control.

El camarero le dijo entonces con un rostro que comunicaba un “lo siento”…que no le quedaba más pan para hacer aquella tostada que le había pedido…y que podía elegir cualquier otra cosa para acompañar su café. La barra estaba adornada por diversos dulces que bien podrían hacer las delicias de cualquiera, pero...Silvia no quiso tomar nada para comer…aún con la tostada que había visualizado en su mente y que lamentablemente no iba a poder probar...no se tragó su sonrisa…a pesar de que sentía un halo de frustración por no poder realizar su hazaña al completo. “No importa” le dijo al chico joven que esperaba su respuesta…un ”no importa” que danzaba con una sonrisa sincera bañada de la amabilidad más generosa que brotó de su corazón…”así vengo otro día para hacer mi desayuno completo” pensó para sí misma. El joven curvó sus labios para sonreír a su cliente y con una naturalidad y espontaneidad que embelesó a Silvia le pidió que esperara un rato…que volvía enseguida. Ella se quedó sentada en un taburete de color azul e hizo lo que el barman le había sugerido…hasta su entrada en el local…con una bolsa de pan de molde en su mano…y dirigiéndose a aquella mujer de sonrisa eterna…le dijo que “ya tenía pan para las tostadas” mientras le guiñó un ojo que reflejaba mucha complicidad.

Silvia me contó su aventura con asombro…no entendió por qué aquel chico salió de la barra y fue a comprar pan para preparar su tostada…aunque lo agradeció con el alma.

Al otro lado del mapa y con unas horas de diferencia…Eva sintió que se había cansado de soportar el trato insufrible de un hombre que no conocía el significado de la palabra afecto. Se hartó de tragarse sus lágrimas en silencio y repetirse a sí misma que aquella situación cambiaría si ella se mantenía serena y relajada…y alzó su mano con la espada en alto para cortar definitivamente los gritos y empujones morados que la habían acompañado los últimos años…y lo hizo con gran decisión. Le costó mucho esfuerzo ejecutar aquel movimiento…siempre le habían enseñado que su humanidad solamente reluciría si se mostraba sumisa ante la vida y dejaba que filtraran en su interior las furias atroces de quien se disfrazaba de verdugo para desahogar su sed de venganza contra la mezquina vida que le había tocado vivir, una vida de golpes y tambores de guerra. No obstante, Eva, en un último intento por escapar del horror...aprendió por cuenta propia que la justicia lleva una venda en los ojos pero la espada en la mano y que siempre debía recordar regirse por el principio de que debía luchar contra cualquiera que quisiera obligarla a torcerse. No estaba dispuesta a partirse con cualquier viento desfavorable. Su marido no lo entendió…pero ella se mantuvo firme en aquella decisión lentamente cocinada...que manaba desde sus entrañas para chocar de frente con el rostro maltratador que la había convertido en esclava de la vida…o un débil latido de vida que...rogaba ser fortalecido con un aporte de sangre oxigenado. Nadie sino ella misma podía ayudarla a ponerse de pie y lo hizo con coraje y valentía.

No supo explicarme cómo lo consiguió…pero pensaba que la frase “no quiero hablar ya más contigo” que repitió sin cesar ante su inquisidor había hecho posible al final que la fiera escapara para no volver. Había liberado los ruidos ahogados en su propio silencio…sus propios ruidos internos que no había querido escuchar cuando comenzaron a bailar en su interior…pero que no cesaban de golpear su conciencia. Le había faltado voluntad para comenzar su particular batalla…aquella que le conduciría a la victoria.

Los relatos de ambas llegaron a mi vida y me hicieron pensar. Silvia y Eva tenían muchas cosas en común…ya que las dos habían sido conscientes de sus sentimientos…y supieron orientar su particular acción hacia el logro de un objetivo. Las dos supieron tratar de forma efectiva con sus parejas de experiencialas dos supieron comunicarse con eficacia. Quizás lo único que me quedó por analizar fue si se habían quedado solamente en ser eficaces y consiguieron lo que se habían propuesto…o si habían sido eficientes y habían conseguido sus objetivos al precio justo…o más bien si habían sido incluso elegantes y habían alcanzado su propósito en armonía con la coyuntura. Silvia había puesto amabilidad en una situación que no era de mucha gravedad…y puede que su actitud hiciera que el chico del bar se decidiera a complacerla. Eva puso algo de hostilidad y agresividad para girar la ruleta en busca de un nuevo rumbo.

¿Alguna de las dos lo hizo de manera incorrecta?

Seguro que no tienes ninguna duda respecto a Silvia...que en su proceder puso delicadeza, cordialidad y empatía…con un punto importante de cortesía. Pero…¿qué hay de Eva? ¿Acaso crees que ella no puede poner los mismos ingredientes que Silvia en cualquier otra situación de su viaje personal? Quizás ella necesitaba ese punto de rabia en aquel momento puntual de su vida…y ¿por qué no decirlo? también un toque de agresividad para desbloquear el yugo que la mantenía doblada y que hacía que se torciera cada vez más…mostrándose débil ante el mundo particular de su calvario. Todos necesitamos un fuerza interior para enderezar situaciones insostenibles. ¿Se te ocurre alguna otra manera de proceder para no terminar derrumbado? Puede que la inactividad continuada de Eva…no hiciera más que empeorar las cosas para ella…pero también para “aquel hombre” que se había convertido en su brutal enemigo. Omitir hacer lo que debía hacer hubiera sido quizás mayor pecado que mostrar la rabia contenida y reventar para gritar un “basta ya” que terminó por poner un punto y final a una relación insana. Al fin y al cabo…la enfermedad empieza en el alma…y si sabemos escuchar su lamento…puede que podamos sanar.

No es la primera vez que lo escribo…eso de que “el veneno no existe, sino la dosis” y eso es lo que debemos poner en su justa medida…una justa dosis de rabia o una dosis justa de amabilidad…porque también existe de esa que no es gratuita y busca comprar a los demás que dejándose cautivar por una amabilidad disfrazada…terminan sintiendo que deben pagar a quien fue amable con ellos alguna vez. Dualidad…demonios aparentes y luz blanca…fuerzas opuestas…absolutamente necesarias para la armonía universal.
 


Poner la dosis justa…de cada cosa no es malo...quizás el problema sea decidir qué es lo que significa la palabra justo. Podría ser que lo justo para ambos, para ti y para mi…sea lo que es bueno para los dos…lo correcto. Buscarlo...para encontrarlo...es parte de la actividad que debe ocuparnos mientras vamos haciendo camino.                                                                        



lunes, 13 de julio de 2015

La Mejora Comienza Contigo


Imagina por un momento que eres una casita al borde de un lago…un lago con sus aguas en calma en el que cualquier ser humano querría sumergirse…y poder buscar la paz…esas aguas que se turban de vez en cuando, como si de la vida se tratara…una vida que tiene sus más y sus menos, pero que bien mirada y por lo general…bien merece ser vivida con sentido, con esperanza y optimismo…a pesar de que a veces nos golpee…pero que al mismo tiempo nos da la oportunidad de dejar nuestra esencia…nuestra fragancia…nuestra huella al pasar por ella…porque cuando tú naciste, lloraste al verte despojado de tus derechos a seguir inmerso en tu mundo particular…dentro del vientre de tu madre…en el líquido amniótico…danzando al compás de los latidos del corazón que te prestó tu primera morada, pero sería deseable que cuando partas y sigas tu camino en el río que ha de conducirte al gran océano…otros lloren porque te ha llegado el momento de seguir tu viaje en otro lugar…rumbo al mar dónde sin duda culminará tu tarea.

Sigue imaginado esa casita…ese refugio…tu propio hogar…dónde tu mundo emocional, tu cuerpo físico y tus pensamientos, aposentados en tu mente, forman un equipo…el equipo que debe trabaje unido para tu propio bienestar…para que sientas que tu paso por este mundo ha merecido la pena y has sabido aprovechar al máximo la alegría de vivir. Y te aseguro que este equipo juega en la mejor liga…siempre y cuando permanezca unido y sólo tu ser puede lograr que así sea…tu ser…que no puede valer más porque ya lo vale todo. Por eso…porque representas el máximo valor debes cuidar de ti mismo…la mejora comienza contigo y se mantiene porque tú así lo decides.

Y en este viaje que empieza en la tierra y continua en algún otro lugar…¿Quien no desea tener orden, buscar la simplicidad de las cosas, disminuir las preocupaciones o tener más tiempo libre y obtener una mejor salud mental? ¿Quién no quisiera eliminar las causas de gran cantidad de problemas y contribuir a mejorar su calidad de vida? Este texto es para los que queremos agregar valor a nuestra vida, para los que deseamos comunicarnos con nosotros mismos, para los que sabemos que sin una pequeña revolución personal no existe la posibilidad de ningún cambio…porque el cambio empieza cuando nos damos cuenta de que a pesar de que suene a paradoja…sólo cuando nos aceptamos podemos soñar con la posibilidad de realizar ciertos cambios.

Te invito a un viaje, el viaje de tu vida…hacia ti mismo…sin duda el viaje más interesante que puedes hacer, en el que más descubrimientos puedes realizar y el que te mostrará los paisajes más bellos…a ti mismo…que representas a veces sin saberlo…la mayor belleza de este mundo. No hablo de tu aspecto físico, ni de lo que posees, hablo de tu interior, de tu propio ser. Puede que te encuentres con cosas que no te gusten demasiado…¡no importa!…lo principal es que las has encontrado y les puedes dar otra forma…las puedes moldear entre tus dedos, con la mayor de las delicadezas y el cariño más grande del mundo. También te toparás con cosas maravillosas que quizás no conocías y merecen ser potenciadas. No temas a que te llamen soberbio, no hay nada malo en expresar lo que tienes de maravilloso…todo el mundo tiene algo fabuloso que mostrar y algo que no lo es tanto…no estás solo en esta aventura.

Te veo haciendo las maletas, veo que has decidido acompañarme. Puede que tu bolsa sea pesada…o puede que sea un poco más ligera. Tráete sin falta tu cuerpo, tu mente y tu alma…es lo único que realmente necesitas para montarte en el vehículo que te llevará a tu destino…tú mismo. Allá donde vayas encontrarás el significado del respeto, la voluntad, la confianza en ti mismo, el esfuerzo, la autodisciplina, el sentido común, tus metas y propósitos, la certeza de que los problemas tienen soluciones, la creencia de que lo importante es hacer las cosas bien…mejorando siempre, la fe en que para recorrer grandes distancias siempre debes dar primero un sólo paso…y que para seguir debes coordinar tus piernas para que continúen dando un paso tras otro, sin cejar en el empeño.

Antes de empezar voy a pedirte que pienses en todo lo que tienes alrededor y que te preguntes si todo lo que posees es fundamental en tu vida o si por el contrario podrías desprenderte de lo que no necesitas. Seguramente has acumulado muchas vivencias que ya no debes llevarte contigo. Puede que te apetezca descartar los malos recuerdos, los pensamientos negativos, los rencores, los errores, las culpas, los malos hábitos, las limitaciones y las etiquetas auto impuestas o aquellas que te hayan colocado y las hayas hecho tuyas. Desaloja lo que no te haga falta para recorrer esta aventura, se selectivo. Sé que tienes apego por ciertas cosas, personas o experiencias que si lo piensas por un momento no te son de utilidad. Elige con cuales te quedas en tu casita y cuales vas a desechar o reciclar.

Organiza después todo aquello que hayas pensado guardar en tu casa. Etiqueta todo lo que debes ordenar. Hay un lugar para cada cosa y cada cosa al mismo tiempo debe ser colocada en su lugar. Así podrás tomar lo que necesites al momento que lo requieras y ocuparte de tu casa por entero. 

Seguro que deseas que tu casa esté limpia, es tu trabajo mantener tu zona pulcra. Suelta lo que no quieres que conviva en el mismo lugar que tú y libérate de la suciedad que te hace daño…como la envidia, el orgullo, el miedo impuesto, el sufrimiento añadido o la ignorancia. Recuerda que eres un hogar en armonía y en ese hogar quien mandas eres tú. Puedes abrir tu puerta y dejar que entre quien tú lo desees o  por el contrario puedes cerrar esa puerta a cal y canto.

Tu casa debe ser vigilada, debes estar alerta. Enfócate en las fortalezas que tiene…pero atiende a las debilidades. Cuida de ti mismo…cuida de tu cuerpo, de tu mente y de tu espíritu porque la mejor inversión que puedes hacer es contigo mismo.

Si has decidido emprender este viaje, no olvides que debes obedecer lo que has decidido.


Mantenerte en tu camino y no salirte de él es tu mayor propósito…sólo así podrás conservar lo que has logrado.


lunes, 6 de julio de 2015

Humor Sapiens Sapiens


Sinceramente…me siento muy agradecida de tener una familia materna que es la monda. Cada vez que nos reunimos en torno a una mesa el sentido del humor se huele en el ambiente…Algunos de los componentes de la familia, son capaces de hacerse con los instrumentos musicales de una orquesta en una boda y conseguir que nos riamos a carcajadas…o disfrazarse y montar un show que no tiene desperdicio. Verdaderamente es algo que he heredado…el sentido del humor y alegría de vivir. Somos de sonrisa fácil…y esto no va reñido ni con la disciplina, ni con las normas, ni con la seriedad cuando la situación lo requiere…pero nos gusta mover la mandíbula…tanto para comer como para partirnos de la risa.
 
Hablando de risas…me reí mucho cuando leí el libro de Victor Küppers, “Vivir la vida con sentido” y me permito copiar un extracto de su libro, escogido del capítulo que lleva por nombre SENTIDO DEL HUMOR. Ahí va:

“La jirafa van con jirafas, el cerdo va con cerdos, el merluzo con merluzos, el cenizo va con cenizos y las personas alegres y entusiastas con personas alegres y entusiastas”.

¿Con qué clase de personas nos gusta estar? ¿Con que clase de personas les gusta estar a nuestros niños? Es obvio que tendemos a huir de las caras amargas y nos atrae mucho más una persona risueña y con buen humor…eso que tanto necesitamos en la sociedad actual.

Según Edward Dunkelblau, presidente de la asociación Americana de Humor terapéutico, hay investigaciones que muestran que los niños ríen más de doscientas veces al día. Los adultos, sin embargo, ríen una media de quince veces diarias. Si los cálculos no fallan, al convertirnos en adultos ya hemos perdido 185 risas por día. Me parece que es una pérdida lamentable. ¿Qué es lo que ha pasado con ellas? ¿A dónde fueron a parar?

El hecho es que todos somos conscientes de que cuando nos morimos de la risa y nos duelen todos los músculos al no poder parar de reír…experimentamos una sensación de relax y confort que no se puede describir en palabras…es como si pudiéramos vaciar todas nuestras tensiones en un momento breve pero muy intenso. Por lo tanto, el estrés desciende y nuestra capacidad de tomar decisiones sensatas y resolver conflictos mejora. De hecho, nuestro ritmo cardíaco se acelera, nuestro sistema inmunológico se activa, se bombean hormonas que nos hacen estar más alerta y el oxígeno asciende al cerebro…así que todo esto nos ayuda a pensar con un poco más de agudeza y de ver las cosas con mayor claridad. Me vais a decir si no merece la pena reirse un poco más...de lo que habitualmente lo hacemos…si no es importante que llenemos nuestros hogares y aulas de alegría. Las personas que ríen juntas comparten algo mucho más que carcajadas. Compartir la alegría es multiplicarla y la alegría es como la miel de la vida…saborear su dulzor es como tomar un medicamento para que no se nos arrugue el alma a pesar de que corramos serio peligro de que se nos arrugue el rostro. ¿Qué preferimos que pliegue…el rostro o el alma?

Cuando los niños son pequeños, el humor está conectado especialmente con los momentos de juegos y la actividad física que desarrollan a lo largo del día. Para ellos es fuente de risas el “hacer tonterías”, “poner muecas”, las caídas y las exageraciones…entre otras cosas. Les encanta que los mayores también hagamos alguna “bobada" para que podamos reírnos juntos. Les place que nos tiremos al suelo…que hagamos ademán de atraparlos o que imitemos voces extrañas y emitamos sonidos graciosos…Deberíamos hacerlo con más frecuencia y alegrar nuestras aulas y hogares para así alegrar un poco más nuestras vidas.
Ya en la etapa primaria, los acertijos, los chistes son lo más utilizado por los niños para obtener momentos llenos de risas. Hay algunos chistes malísimos para nosotros que provocan carcajadas en los niños. También les resultan graciosas las caídas…en especial las de los demás…aunque se debe tener cuidado cuando esto sucede y hacer hincapié en que antes de reírse de alguien que se ha quedado patas arriba en el suelo habría que preguntarle si se ha hecho daño. Imaginad lo que se pueden reír si cae algún maestro o algún adulto. Se parten de la risa. 
En la secundaria termina ese humor infantil o por lo menos se disipa y aunque a los niños todavía les guste hacer tonterías, hay veces en que se ven forzados a hacerlas para captar la atención de los demás y esto hace que se pierda la naturalidad. Parece que en esta etapa empiezan a tomar protagonismo otro tipo de historias…o incluso comentarios despreciativos hacia los demás para poder reír. Si bien es cierto que mofarse de los demás es una práctica insana, hay que entender que a estas edades se están construyendo como personas y a medida que se van sintiendo mejor consigo mismos y más aceptados en el grupo…los comentarios despreciativos van decreciendo...aunque siempre deberíamos estar atentos al hecho de que reirse de los demás no sea un hábito para nuestros adolescentes, que se convierta en una práctica perjudicial para ellos y los que los rodean.

Ya os explico al principio del texto las pocas ocasiones en las que nos reímos cuando llegamos a la etapa adulta. Por eso necesitamos pensar cuántas “oportunidades para el humor” nos brindamos cada día, ya que estos aportes diarios de humor…son como unas vitaminas para el alma. Ya sabemos que no todos los días podemos estar pletóricos y que cada día es distinto para cada uno de nosotros, pero tanto nuestros hijos como nuestros alumnos agradecen que tendamos al humor y al optimismo, ya que además el estado de ánimo alegre colabora a que el aprendizaje en el amplio sentido de la palabra sea mucho mejor. Nuestro comodín es el optimismo…porque si bien no podemos convertir lo difícil en fácil…podremos al menos conseguir que parezca fácil. Pero sigamos con el sentido del humor.

Siempre es bueno buscar momentos para ver cosas divertidas en familia o en el aula. Tener sentido del humor no es ser chistoso ni tampoco burlarse de los otros para provocar la risa. El sentido del humor es sacar chispa a las cosas que nos suceden, a las cosas que ocurren en tu vida. El sentido del humor es necesario en la vida familiar tanto como la disciplina, la educación o los valores. Las relaciones entre padres e hijos que permiten y dedican tiempo a las diversiones, el buen humor y la risa son más sanas, menos tensas y más cordiales. A lo largo del día tenemos muchas oportunidades de vivir nuestra relación con los niños de forma alegre y divertida, pero hemos de ser capaces de reconocerlos y de vivirlos sin miedo a que las normas o la disciplina se vean afectadas.

La risa y el humor (así como el lenguaje) son conductas o expresiones exclusivas del ser humano. ¿Por qué no utilizarlas para nuestro propio bienestar?

Por eso, se me ocurren algunas actividades que podríamos hacer tanto en nuestros hogares como en las aulas…guerra de cosquillas, batalla de almohadas, jugar al escondite, esperar a que alguien llegue escondidos en algún lugar y darle un susto, ver películas cómicas, contar chistes, contar anécdotas de la infancia, hacer preguntas absurdas, vestirnos con alguna prenda puesta del revés...

¿Se os ocurre alguna más? ¿Os atrevéis a intentar ser divertidos? ¿Recuerdas cuál fue la última vez que te reíste tanto que casi lloras? Yo sí que lo recuerdo, así como atesoro momentos familiares en los que la risa ha sido la gran protagonista.


Recordad una frase de Martha Stevenson que a mi me encanta, y dice que...

"Una sonrisa es una semilla que crece en el corazón y florece en los labios".

lunes, 29 de junio de 2015

Siéntete... Siénteme



Cuántas veces al cabo de la vida preguntamos un “¿qué tal?”...y cuantas veces tenemos que responder nosotros a esta misma pregunta. “Tirando”…decía una señora que me encontré el otro día en una tienda, “¡qué quieres que te diga!” seguía para terminar de responder a quien le preguntaba…¿Tirando de qué…tirando del carro? ”Bien" dicen otros…cuando probablemente no sea del todo cierto…o ”mal" escuchamos decir a algunos…si bien es casi seguro que no en todos los casos se sienten tan mal como quieren hacer creer…Lo que me cuesta escuchar es el famoso "sin más” que muchas veces utilizan los niños…y me pregunto…¿qué significa? ¿quiere decir que ni fú ni fá? ¿que ni sienten ni padecen o ni saben lo que sienten? Hace bien poco les pregunté qué significaban para ellos esas dos palabras…no supieron qué responder, tan sólo pudieron elevar sus hombros haciéndome entender que ni siquiera tenía un significado real para ellos. Es la manera que han escogido para expresar…nada.

Esto me recuerda a una frase de José Ortega y Gasset…"Que no sabemos lo que nos pasa: eso es lo que nos pasa”. ¡Vaya tela! Esto es un real problema…y mayor será cuanto más tratemos de ignorar lo que nos pasa…porque lo que sí es seguro es que tenemos diferentes marchas y velocidades…no somos planos. Los sentimientos y emociones son parte de la vida y no deberíamos encerrarlos bajo llave.

En todo caso te propongo una especie de juego. La próxima vez que te pregunten…tómate un tiempo si quieres...para responder. “ Bueno…me embarga la tristeza porque las cosas no van bien en el trabajo, aunque a veces siento alegría porque por lo menos sigo conservando mi puesto y cobrando un salario a fin de mes…siento rabia cuando mi hijo adolescente me responde muy malamente pero al mismo tiempo me siento perezoso para ponerlo en su sitio...ya que pienso que se calmará solito y sin que yo intervenga”. Fíjate bien en la cara que pone quien te lo pregunta. Puede que tu respuesta real de lo que sientes no sea atendida…entonces verás si realmente le interesa a la otra persona saber “cómo te sientes”. También puede suceder de que lo que tú plasmes con tus palabras sea el inicio de un gran intercambio interpersonal. ¡Haz la prueba…no pierdes nada! Tal vez esa misma persona jamás te vuelva a preguntar. Con ese comportamiento te darás cuenta de muchas cosas. Porque preguntar…preguntamos muy fácil y responder también. ¿Lo hacemos con verdadero interés…esperando que nos digan la verdad? ¿Es una pregunta de cortesía? 

¿Sabes? Creo que preguntar a alguien cómo se siente no es preguntar cualquier cosa…tampoco es fácil respondernos a nosotros mismos si nos hacemos la pregunta. Pero lo que sí es realmente importante es que si somos capaces de poner etiquetas a nuestros sentimientos…seguro que podremos controlarlos mucho mejor. Sin duda es el único camino para saber cómo debemos actúar y comprender el por qué de ciertos comportamientos ajenos. Quizás debamos ampliar nuestro vocabulario de sentimientos. Si hablamos de ellos…aprenderemos a identificarlos y expresarlos.

Muchas veces confundimos SENTIMIENTOS con EMOCIONES. Los sentimientos son al fin y al cabo el resultado de las emociones…el sentir está relacionado a un estado de ánimo afectivo, muchas veces de larga duración, que se manifiesta en nosotros y los demás, como consecuencia de las emociones que en definitiva están asociadas al temperamento, la personalidad y motivación de las personas.

Dice Jose Antonio Marina en su libro “Diccionario de los Sentimientos” que somos inteligencias emocionales y que los sentimientos son el centro de nuestro ser. Si son lo más personal de nosotros…deben ser entonces de vital importancia para nuestra convivencia. 

A mi me gusta asociar la palabra emoción a "e-motion”, MOVIMIENTO…y voy a tratar de explicarte por qué. Las emociones siempre se producen cuando nuestra mente percibe, obtiene una información…pero el hecho es que todas las emociones producen deseos, que a su vez nos invitan a la acción. Queremos satisfacer ese deseo y por lo tanto debemos actuar. Recuerda que no hacer nada también es actuar. Depende de cómo resolvamos la situación…podemos llegar a la satisfacción o a la frustración. Contrariamente a lo que muchos piensan y dicen, creo que no hay emociones buenas ni malas. Las emociones son neutras. Cada una de ellas hace su trabajo y no debe ser ni ignorada ni tapada. Te lo voy a explicar, ya que para mi fue un gran descubrimiento.

Me gustaría que imagines que es viernes por la tarde. El reloj marca la hora de salida del trabajo…y tu mente percibe que estás liberado de obligaciones laborales…por lo que tu emoción en ese momento se traduce en ALEGRÍA. El DESEO que se manifiesta en ti es en el de salir a tomar algo con tus amigos. La alegría está para ser compartida y te dispones a llamar al grupo con el que habitualmente sales. Resulta que cada uno de tus amigos tiene algún otro plan esa tarde…unos se han comprometido a hacer compras con la familia, otros tienen otro tipo de compromisos que deben atender y todas tus llamadas telefónicas no dan el resultado que esperabas. Te sientes frustrado por no poder compartir tu alegría y te quedas en casa ya que no tienes a nadie con quien salir. Dime cuál es la emoción inmediata a esta…puede que sea la tristeza o a lo mejor el enfado. Tu emoción inicial de alegría se apaga para dar paso a otra emoción que producirá en ti otro deseo...que a su vez te llamará a la acción. Podrías salir solo y ver si encuentras a alguien conocido con quien pasar un rato. Si lo consigues…esa emoción de tristeza se tornará en alegría otra vez y bla, bla, bla...

De la misma manera, puedes percibir una situación que entiendes como injusta, al notar que alguien se está apoyando demasiado en ti…Alguien que no asume ninguna responsabilidad y carga todo sobre ti…que eres el pilar. Bastante tienes con sujetarte tú como para que se te echen encima…y con el peso de otro pilar sobre el tuyo…ves que te estás dejando torcer. Es una situación injusta para ti y esto te produce la emoción de la rabia. El deseo principal es el de querer enderezarte a ti mismo…antes de caer. Es una situación insostenible que debes resolver. ¿Acaso la rabia no podría ser el motor necesario para que puedas poner fin a lo que está sucediendo con tu vida? ¿Y no es precisamente eso lo que deberías hacer? ¿Sería incorrecto aprovechar esa rabia para resolver tu problema e intentar hacerlo de manera satisfactoria? 

No hablemos por tanto de emociones negativas o positivas…sino de a dónde nos conducen las acciones que ejecutamos para colmar los deseos que esas producen en nosotros.

No entiendo por qué asumimos que estar triste es negativo…ya que hasta la misma tristeza puede ayudarnos a equilibrarnos, a centrarnos…puede ayudarnos a llevar un proceso de duelo, solitario e introspectivo…que nos ayude a centrarnos en nosotros mismos y nos permita aceptar cualquier cosa que nos haya sucedido.

El tema es que pasamos de una emoción a otra a lo largo del día…vivimos sensaciones de muy variado tipo y siempre están presentes en nosotros. Darte cuenta de cuál es tu repertorio emocional te hará emocionalmente inteligente. Habla de tus emociones y compártelas con los demás…anima a tus hijos, amigos o compañeros a que lo hagan también. Recibe con respeto lo que los demás quieren compartir contigo. Acepta la emoción que estés sintiendo, es tuya y te pertenece…no te prohibas vivirla…ni intentes que la dejen de vivir los demás. Frases como “no debes enfadarte”, “no estés triste”, “es malo tener miedo…los niños grandes no lloran” no ayudan a nadie. Legitima las emociones…Legitima las emociones de los demás y hazlo con absoluta naturalidad. Pero siempre regula tus emociones y ayúdate a ti mismo para buscar dar la mejor respuesta ante lo que debas resolver. Seguro que la vas a encontrar.

Y ahora dime…¿cómo te sientes?


lunes, 22 de junio de 2015

Calma el Alma


Habrá que morir alguna vez…pero mientras tanto debemos vivir. Si tuviéramos siempre presente que tenemos una sola oportunidad de hacerlo, quizás podríamos darnos cuenta de que…lo verdaderamente importante es saber en cada momento qué es lo verdaderamente importante. A veces se nos olvida y nos dejamos ahogar en un vaso de agua, dando relevancia a cosas que pensando en frío, no son prioritarias. Pero para eso debemos detenernos, buscar tiempo para comunicarnos con nosotros mismos y con los demás, reflexionar y atendernos, planear, ordenar…sin perdernos de vista…con calma…quietud y serenidad.

"La vida es como un viaje por la mar:
hay días de calma y días de borrasca;
lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco. 
Jacinto Benavente

No hay peor mal que la ignorancia…la inconsciencia de lo que sucede en nuestro interior y a nuestro alrededor, no hay nada más importante que dirigir nuestra vida, establecer un rumbo y seguirlo…dejar de ser jinetes que se montan en sus caballos…para llegar a ser caballeros que controlan al corcel. Manejar nuestras emociones con sabiduría es ser EMOCIONALMENTE INTELIGENTES…se trata de trabajar con nuestras emociones de manera no sólo inteligente sino constructiva, positiva y creativa. Regular nuestros impulsos emocionales y de conducta es una de las claves para ser triunfadores en la vida, como seres humanos. Sólo así podremos dar un buen ejemplo a nuestros niños y cumplir en definitiva con nuestra responsabilidad.

Soy consciente de que todos nos sabemos la teoría…pero que nos cuesta practicarla…que hablamos fácil…pero que contar hasta diez o hasta cincuenta en situaciones de estrés es un reto que realmente nos cuesta superar. Y de estrés sabemos bastante, ya que vivimos con el tiempo medido…ajustado y adorando lo que llamamos prisa. No obstante no dejo de pensar que algo que es insano no puede ser bello…el corpiño que nos impide respirar no puede gustarnos tanto, porque perjudica nuestra salud y si no estamos bien tampoco lo estarán los que nos rodean. Muchas veces hablamos de avanzar…de ir lejos cuando puede que avanzar sea en realidad realizar un viaje muy cerca…a nuestro interior, para poder controlar nuestro cuerpo, emociones y mente. La falta de calma nos impide mantener ese control tan necesario para nuestras almas.

Nos pasamos el curso escolar reflejando prisa en nuestro rostro, nuestra postura corporal y nuestras palabras…desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Creo que si nos grabaran con una cámara cada día y nos dieran la oportunidad de ver las grabaciones al final de la semana, podríamos observar que funcionamos como máquinas programadas, que lo tenemos todo medido y cualquier imprevisto no planificado nos saca de quicio. 

El día comienza con prisa…salir de casa para ir al colegio suele ser muchas veces toda una aventura llena de alta tensión. Algunas de las palabras y expresiones más sonadas en muchos de los hogares suelen ser “venga”…”deprisa”…”que no llegamos”…”corre”. Si el niño no termina su desayuno a tiempo nuestro volcán interior puede comenzar a expulsar lava incandescente que precede a una tormenta difícil de controlar. Y si el niño nos dice que no se encuentra bien, que le duele la cabeza o le ponemos el termómetro que nos indica que su temperatura es elevada…podemos llegar a vernos desbordados. ¿Qué hacemos con él? ¿Con quien lo dejamos? No podemos faltar al trabajo, y menos con los tiempos que corren. Así que le damos un poco de ibuprofeno y maquillamos su malestar para que no se le note. El caso es que salimos de casa con los pelos de punta…lo dejamos en la escuela y ya llegamos al trabajo con “la lengua fuera". Cruzamos los dedos para que no nos llame la maestra rogándonos educadamente que vayamos a recoger al niño al colegio, y puede que hasta silenciemos el móvil para no escuchar la llamada. Eso...si los niños son pequeños. Si tenemos niños un poco mayores nos podemos encontrar además con algunos escollos relacionados a las tareas que les mandan en la escuela. Llegamos a casa agotados después de un día en el que nos hemos dejado la piel y tenemos que afrontar el hecho de que al niño se le haya olvidado el libro en la escuela y se ponga a llorar desconsoladamente…o que nos diga que no entiende lo que tiene que hacer…o peor aún…que no tenga ganas de hacer la tarea e intente por todos los medios escaparse de hacerla. Nos toca lidiar con el problema…que termina en una discusión…y añade una carga adicional a la mochila que ya lleva mucho peso. En el preciso instante en que vigilamos al niño para que estudie y cumpla con sus responsabilidades, debemos tener la casa controlada…preparar la cena y quizás la comida del día siguiente. Parece que tuviéramos que hacerlo todo y lo que es peor, hacerlo todo al mismo tiempo…una receta perfecta para el estrés y la confusión. Y cuando llega la hora mágica de acostar a los niños que siguen llenos de energía mientras nosotros arrastramos los pies, volvemos a vivir un momento tenso, ya que no vemos el instante de despedirlos hasta el día siguiente en el que volveremos a la carga. Todavía acostados nos piden que les contemos un cuento o quizás nos quieran contar alguna vivencia que ellos consideran importante…En el mejor de los casos aprovechamos la ocasión para estar un ratito con ellos relajados…pero miramos de reojo el reloj…deben dormirse para descansar las horas pertinentes ya que al día siguiente todo volverá a comenzar y seguramente volverá a dominarnos nuestra compañera…la prisa.

Los niños a su vez nos cuentan algunas veces...que se les pasa el tiempo muy deprisa…y no es de extrañar que así suceda. Sinceramente me preocupa pensarlo, creo que es una mala señal. Yo no tengo el recuerdo de que mi infancia pasara tan “deprisa". Si ya desde niños viven una vida vertiginosa…¿qué sucederá cuando se conviertan en adultos? Porque todos sabemos que cuanto más mayores nos hacemos…antes transcurre el tiempo o esa es la sensación que tenemos. Los niños terminan el año escolar extenuados, agotados de tanto correr y curiosamente sus vacaciones son un problema para los adultos, ya que debemos gestionar sus tiempos y los nuestros de manera que esté todo en orden. En el período estival...llegan las costosas colonias de verano, las clases particulares y horas de academia para los que necesitan un refuerzo o algún viaje al extranjero para practicar algún idioma. La falta de sincronización entre sus horarios y los de los adultos es un problema que se debe abordar cada mes de junio y julio…puede que en algunos casos también en agosto...hasta que son un poco mayores y pueden quedarse solos. Sus vacaciones son un martirio que golpea nuestras puertas cada año. Estáis en ello ¿verdad? Ya los tenéis en casa sin colegio y seguramente muchos de vosotros habréis tenido que hacer cábalas para tenerlo todo organizado. Para algunas de las familias es la peor época del año…la más difícil de afrontar. Seguimos dejándonos dominar por la prisa…y continuamos contagiándola sin remedio. ¡Qué difícil es conciliar la vida laboral con la vida familiar!

Aún cuando llegan las vacaciones para todos hay días en los que se vive deprisa…Hemos estado siguiendo un patrón de vida durante un tiempo determinado…y cuesta desconectar hasta cuando podemos permitirnos el lujo de desprendernos del reloj. El primer día sin trabajo arrancamos el coche…tenemos una hora de salida y una de llegada…no podemos desperdiciar ni siquiera un minuto de nuestro tiempo vacacional y a veces llegamos a nuestro destino cargados de malas vibraciones. 

Así van pasando los años…en un estado de exceso de ruido y luz…en el que es complicado detenerse, pero absolutamente necesario. Dejamos que la misma vida nos atropelle…y tan sólo deberíamos de tratar de actuar de forma que podamos hacer hincapié en la importancia de los sentimientos para que nos ayude a nosotros y a nuestro niños a manejar toda una gama de emociones con un grado de AUTOCONTROL. Cuando las cosas nos desbordan sabemos que es necesario reducir la velocidad…pero la inercia nos lleva a acelerar y a perder la calma…y a que los niños la pierdan. No surtirá efecto que les digamos que se relajen si nuestra expresión facial indica que nosotros no podemos hacerlo. Nadie puede hacer que nadie se calme, sólo puede hacerlo uno mismo. ¿Es posible?

Sí que es posible. La buena noticia es que todos podemos controlar nuestra propia perturbación si nos detenemos y pensamos antes de actuar. Parar y echar un vistazo alrededor…observar nuestra postura corporal…cómo dirigimos nuestra mirada…qué es lo que hemos dicho o estamos a punto de decir y con qué tono lo hemos expresado, qué emoción sentimos en un momento determinado. Tenemos suficientes datos para poder darnos cuenta en qué momento hemos perdido esa calma y seguro que no nos gusta porque no nos beneficia…por eso queremos recuperarla…y mantenerla. Repetirnos a nosotros mismos “mantén la calma”, en voz baja o alta, al mismo tiempo que respiramos profundamente...resulta de ayuda. No hablo ni siquiera de pensamientos positivos, sino de PENSAMIENTOS CLAROS...que permitan distinguir entre lo que es beneficioso para nosotros y lo que no lo es tanto. Y si no…basta con recordar cómo se nos queda el cuerpo después de un colapso por dejar que la ansiedad nos embargue. Atraer lo que nos hace bien es la llave al bienestar. Cuidemos de nosotros lo más que podamos, al menos nada perderemos por intentarlo. Cerrar los ojos y viajar a orillas de ese lago que todos tenéis en vuestro interior…obsequiar vuestras almas con un poco de calma.


"Un hombre no trata de verse en el agua que corre, sino en el agua tranquila, porque solamente lo que en sí es tranquilo puede dar tranquilidad a otros". Confucio