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lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Rutinas o rituales?


Dicen que la vida consiste en una serie de actos repetidos. Si grabáramos nuestro funcionamiento de cada día que pasa, como si de una película se tratara…bien podríamos observar que nos puede resultar hasta difícil diferenciar unos días de otros. Nos levantamos, nos aseamos, nos vestimos, desayunamos, arreamos con los niños, vamos a los lugares de trabajo, comemos, puede que nos volvamos a desplazar a nuestra empresa, volvemos a casa, hacemos la compra, preparamos la cena, cenamos y nos vamos a dormir…y esto cada día. Tal vez suceda que...cualquier imprevisto que nos cambie la repetición de nuestras acciones…provoque un caos que nos saca de quicio…ya que a veces parece que quisiéramos controlar hasta el propio control. Bien es cierto que nadie nace con una rutina establecida…sino que vamos moldeando continuamente nuestra forma de actuar en base a nuestras necesidades y las diferentes circunstancias que nos acompañan.

No te digo que la rutina sea mala ni me refiero a que no debamos sujetarnos a ella…si lo que queremos es hacer que la vida diaria sea algo más controlable. Lo que ya no suena tan divertido es que nos convirtamos en seres mecánicos y hagamos las cosas sin ningún sentido, sin un ápice de afectividad…en definitiva sin corazón. 

Hay quien dice que odia las rutinas, que hacen que sus días parezcan iguales y necesitan de variedad y estímulos para poner emoción en sus vidas, un punto de aventura descontrolada que abre paso a la incertidumbre, afrontando riesgos…una sensación que provoca un cosquilleo con un punto de miedo o en algunos casos una pizca de placer. Los hay también que tras un período de descanso…no hacen más que aplaudir la vuelta a la rutina. Pareciera que esta misma rutina les diera seguridad, cuando ven que todo sigue en su lugar y que pueden anticipar lo que vendrá después…que cada paso que dan abre camino al siguiente…que ya está planificado con anterioridad…elementos predecibles del día a día que les resultan cómodos…rutinas estructuradas…costumbres que aunque para Shakespeare sean “monstruos que reducen polvo hasta los mejores sentimientos” hacen que la vida adquiera un tono más relajado. Los niños necesitan de estas rutinas o costumbres…el sentirse descolocados les hace sentir que están desnudos ante una manada de lobos y acentúa sus miedos. Ellos necesitan saber que su día a día está más o menos controlado…necesitan saber si van a comer en el colegio o deben ir a casa de vuelta…necesitan saber quien irá a buscarlos a la escuela cuando la jornada termine…necesitan una estabilidad para no sentirse ansiosos.

Dice Barbara Biziou, autora del libro “The Joy of Ritual”, que la mayoría de nuestras rutinas diarias son rituales inconscientes y los llevamos a cabo sin pensar en su significado. Lo que pensé al leer estas palabras fue si realmente un abrazo por la mañana o una despedida o incluso un beso a uno de nuestros hijos cuando entra en el aula...se podría categorizar como un acto inconsciente, por el efecto que producen las prisas con las que nos movemos y a partir de aquel momento…me prometí a mí misma que cada uno de estos rituales de conexión…tan impregnados de amor…jamás fuera un acto que careciera de consciencia…jamás fuera algo mecánico…sino que trataría siempre de dotar de sentido al mundo que me rodea, por mucha aceleración que me pidan las circunstancias.

Me gustó mucho leer la diferencia que hace Catherine L´Ecuyer en su libro “Educar en el asombro". Ella indica que el elemento diferencial clave entre la rutina que aliena al niño y el ritual que le hace tanta ilusión es la humanización del acto…es decir…El ritual es la rutina, pero humanizada. 

        "  - ¿Qué es un ritual?
          - Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora                 de las otras horas."
                                                            El zorro al principito

Deseo rutinas y al mismo tiempo deseo rituales para convertir los momentos más mundanos en momentos de conexión y cercanía, y así lo deseo para ti…para los que te rodean…para tus hijos y los míos...para todos los niños del mundo…porque son ellos quienes pasean por la vida…son ellos quienes consiguen que el tiempo casi pase desapercibido para ellos.

Si bien te he dicho antes que creo firmemente que las rutinas nos ayudarán a hacer de la vida diaria algo más controlable y contenido, el ritual logrará imbuir lo mundano con un elemento de magia. Todos los rituales tienen un propósito…hasta acostarse tiene el propósito de relajarse; leer un cuento a nuestros hijos tiene el propósito de conectarnos con ellos…además de otros aspectos emocionales que podemos reforzar…regalando un pequeño instante de ternura, un breve espacio de tiempo indescriptible de unión con nuestros hijos…que no tiene precio.

Al fin y al cabo son los detalles, los pequeños gestos, la sensibilidad extremada lo que educa y hace crecer.
Me quedo con una reflexión sobre rutinas y rituales de Alfredo Hoyuelos, que habla en un breve artículo titulado “Buenas ideas: La pedagogía del moco” y publicado en la revista Infancia, que se pueden limpiar los mocos a un niño de diversas maneras. Sabemos que el niño se sentirá más a gusto con la nariz limpia…pero ¿cómo lo hacemos? Pienso que en ciertas ocasiones puede que haya algo de inconsciencia en las maneras…cuando invadimos la pequeña nariz del niño y sin pedirle permiso atacamos con un pañuelo ejerciendo una fuerza excesiva. Hagámoslo con un adulto y veamos qué pasa. ¡Ahhh...eso no! No nos atreveríamos ni siquiera a pensarlo. Tomemos el acto de quitar los mocos entonces, en forma de ritual…explicándole lo que vamos a hacer…pidiéndole permiso…poniéndonos a su altura…mirándole a los ojos…mostrándole el pañuelo…regalándole una sonrisa. Y veremos que es muy distinto a pillarlo desprevenido. La diferencia quizá resida en que convirtiendo este acto en ritual…estamos poniendo nuestra alma en ese pañuelo que estamos usando.

Conservemos por lo tanto las rutinas…pero convirtamos aquellas que lo requieran en rituales humanizadores, con pequeños gestos de amor, con respeto y con el corazón. Puede que un equilibrio entre ritual y rutina sea un balance esencial de la vida.


Permíteme que ponga el broche a este escrito con una frase de Mario Benedetti…que dice que “El amor no es una repetición. Cada acto de amor es un ciclo en sí mismo, una órbita cerrada en su propio ritual. Es, cómo podría explicarte, un puño de vida."

lunes, 3 de agosto de 2015

Elegancia Emocional


El fin de semana ha sido intenso…hay que decir adiós a algunas de las personas que nos rodean, por un tiempo…a familiares, amigos, al hogar o a los vecinos…una semana, quince días, un mes de ausencias...idas más que venidas…maletas a punto de reventar y unas ganas locas de marcharse a todo correr para aprovechar las vacaciones…eso para quien las pueda disfrutar, por fin. También quedan algunos que no tienen el privilegio…y otros que prefieren cualquier época del año a la estival para bajar las revoluciones y parar. Yo también me despido por unas semanas, me doy un descanso para renovar fuerzas…porque creo que hay que saber tomarse un respiro y oxigenarse de vez en cuando. Por lo tanto…antes de nada me queda deseados a todos lo mejor, tanto si estáis de vacaciones como si seguís trabajando…¡lo mejor para todos! Permitirme que os cuente una anécdota que me sucedió hace poco y me hizo pensar...

En una de esas tertulias con café y sabor a despedida escucho un comentario…y me pica tremendamente la curiosidad. Así que me dispongo a afinar bien mi oído…para seguir absorbiendo información…que proviene de una mujer…muy bien arreglada y vestida, impecablemente maquillada y que tiene a sus compañeros de mesa atentos a lo que ella explica con absoluto convencimiento. Habla del glamour…del resort donde se desplazará con su familia…que no es cualquier cosa…y que los obliga a tener que “dar la talla” y vestir a la última moda…y cuidar hasta el más mínimo detalle de su presencia para poder estar a la altura. Glamour…glamour…glamour…Reconozco que me he quedado con la palabrita en cuestión…Destinos con glamour, playas con glamour, celebrities con glamour…hasta se puede leer que existen “escuelas con glamour”.

Glamour o glamur…¿cómo la escribiría aquella mujer del café? Una palabra que pertenece a un anglicismo…que a su vez proviene de una voz francesa y que hace referencia a objetos y materiales que se ven extraordinarios y que sobresalen de su entorno…aquello que destila belleza y elegancia…el encanto sensual que fascina…asociado habitualmente al lujo y refinamiento…atractivo, hechizo y fascinación. Quizás el glamour sea una característica que otorgamos a aquellos seres humanos que despiertan en nosotros cierto nivel de atracción…una característica adquirida de manera externa…obsequiada por los demás. Nada que ver con la elegancia que...según Honorè de Balzac no consiste en el traje, sino en el modo de llevarlo. Coco Chanel, maestra aparente del glamour, nos dice que…la simplicidad es la clave de la verdadera elegancia…virtud interna…una mezcla de distinción, naturalidad, esmero, sencillez y color. Por lo tanto...los demás no pueden hacerme elegante…la elegancia no entiende de dinero, no se desvanece…el estilo y la elegancia no se compran…es la forma en la que actuamos, nos movemos y hablamos…es espontaneidad, ser genuino, es algo que jamás se pasa de moda, ni entiende de pasarelas…consiste como dice Giorgio Armani en ser recordado…la elegancia emocional está en la actitud.

Pero…¿qué es ser elegante en términos emocionales? ¿cómo se muestra esa clase, ese estilo innato que nace desde adentro? Elegante viene del latín “elegiré”, elegir, cualidad que los humanos poseemos. Pero…¿elegimos siempre “lo mejor”? ¿Vivimos para elegir o elegimos para vivir? O…¿elegimos vivir?

Entiendo que...

ser elegante es no dejarse dominar por la envidia…que a su vez es un hambre espiritual que muerde y no come…que muestra lo infelices que nos sentimos y el exceso de atención que llegamos a prestar a lo que hacen o dejan de hacer los demás…uno de los peores males de nuestra sociedad…que no nos deja vivir ni en paz, ni en armonía con nosotros mismos ni con quienes nos rodean...

ser elegante es no depender de la aprobación de los demás, es no necesitarla porque somos capaces de mirarnos al espejo y decir en voz alta…”tú vales porque tú lo dices”…es darte a valer como ser humano por lo que eres…no por lo que tienes…es entender que curiosamente cuanto más se ES más se TIENE y que no debemos esforzarnos por gustar a los demás, si antes no nos hemos decidido a gustarnos a nosotros mismos…además, tampoco tenemos que gustar a todo el mundo...

ser elegante es poder explicar a algún hijo que en verano no podrá ir al extranjero como todos sus amigos a estudiar Inglés porque la economía familiar está atravesando un mal momento…y ayudar a ese hijo a comprender que no debe sentirse inferior a los demás…ser elegante es ser conocedor de las propias limitaciones…físicas, económicas o intelectuales y aceptarlas…aceptar en medio de la desnudez de la sinceridad que a veces las cosas no son como se esperaban…porque la felicidad no va de la mano con la posesión ni la adquisición de valores materiales…

...ser elegante es no importarte si las sandalias que usas son del año anterior…o las botas que vas a usar en invierno llevan una puntera pasada de moda…es saber que no necesitas llenar el armario para quererte a ti mismo…ni necesitas que te miren con admiración por llevar un último diseño…porque hasta la misma moda se pasa de moda…y curiosamente de todo lo que llevamos puesto lo único que no caduca ni se pasa de moda es la sonrisa que irradiamos cuando somos capaces de ser agradecidos por todo lo que ya poseemos...

ser elegante es luchar por tus ideales y valores…respetando los ideales de los demás…construyendo puentes de entendimiento con la raza humana…conociéndonos y comprendiéndonos para poder así conocer y comprender a los demás, cuidando al mismo nuestras relaciones para regar de calidad nuestra vida, luchando por transmitir y comunicar…abrazando la diversidad de opinión…y no deseando sacar ventaja sobre los demás

ser elegante es saber que pocas cosas son perennes y algunas caducas…que presenciar principios y finales es parte de la vida, que todo día empieza y acaba y nos enseña que ya no se puede volver a recuperar si no se ha sabido aprovechar al máximo…es no agarrarnos a clavos ardiendo para poder sobrevivir, sino seguir caminando hasta desgastarnos las suelas de las zapatillas…porque agarrarse es quedarse inmovilizado y condenarse a no avanzar ni para dentro ni para afuera...

ser elegante es atreverse a vivir y desquitarse de barreras y muros que a veces existen en nuestra imaginación…es morder la vida y saborearla…es arriesgarse a decidir y buscar sentido a los latidos del corazón, ya que uno no muere cuando su músculo motor deja de latir, sino cuando los latidos ya no encuentran el sentido de la vida…es hacer lo que debemos hacer, buscando siempre el equilibrio y la armonía…es saber que muchas veces, lo mejor en la vida no se planea…sino que sucede...

...ser elegante es esperar una puesta de sol en la playa…con los pies hundidos en la arena…y disfrutar de ella como si fuera el manjar más exquisito…respirar y dar las gracias por tener la oportunidad de poder ser testigos de semejante espectáculo natural que no entiende de entradas bajo pago...

…y un sin fin de cosas más que podríamos añadir a esta lista que seguro podéis engrosar buscando esa elegancia que lleváis dentro…porque sinceramente creo...que

ahí está en algún recoveco...la capacidad genuina que todos poseemos para ser elegantes en la vida.


lunes, 27 de julio de 2015

La dosis justa


Silvia se levantó soñando con el desayuno que iba a tomarse aquella mañana fuera de su casa. Despediría amorosamente a su marido y llevaría a los niños a la escuela…pero de vuelta se detendría en aquel bar tan coqueto que tanto le gustaba. La verdad era que hacía tiempo no se había hecho un homenaje a sí misma…vivía envuelta en lo que creía su única responsabilidad…su casa y su familia…olvidándose a veces de que el mejor tiempo que podía invertir era el que de manera esporádica invertía en sí misma. Pero aquella mañana se levantó con un propósito firme…el de recuperar rituales vitales para ella…como aquello que estaba a punto de hacer. 

Estacionó su vehículo en la puerta del bar…sintiendo las cosquillas en su vientre que hacía tiempo que no daban señales de vida y se dirigió con paso firme al interior del que iba a ser su refugio puntual…el lugar que iba a abrigarla por unos instantes mientras se olvidaba por un rato de que las obligaciones la esperaban a su vuelta. Podrían esperar un rato más.

Se acercó a la barra, con una sonrisa que adornaba su rostro y marcaba la melodía de su ritmo cardiaco…un poco acelerado…por la emoción que brotaba por todos los poros de su piel. Aquel camarero que le atendía era nuevo…no lo conocía…pero tenía un rostro muy agradable que le causaba muy buenas vibraciones. Silvia pidió su café y una tostada con mermelada que saborearía como si jamás hubiera probado semejante manjar. Lo haría lentamente…sin mirar al reloj…y estaba dispuesta a disfrutar el parón del tiempo para que su mundo se concentrara en aquel desayuno que tanto había echado de menos. No iba a dejar que las manecillas del reloj le cortaran la respiración una vez más…esta vez ella retomaba el control.

El camarero le dijo entonces con un rostro que comunicaba un “lo siento”…que no le quedaba más pan para hacer aquella tostada que le había pedido…y que podía elegir cualquier otra cosa para acompañar su café. La barra estaba adornada por diversos dulces que bien podrían hacer las delicias de cualquiera, pero...Silvia no quiso tomar nada para comer…aún con la tostada que había visualizado en su mente y que lamentablemente no iba a poder probar...no se tragó su sonrisa…a pesar de que sentía un halo de frustración por no poder realizar su hazaña al completo. “No importa” le dijo al chico joven que esperaba su respuesta…un ”no importa” que danzaba con una sonrisa sincera bañada de la amabilidad más generosa que brotó de su corazón…”así vengo otro día para hacer mi desayuno completo” pensó para sí misma. El joven curvó sus labios para sonreír a su cliente y con una naturalidad y espontaneidad que embelesó a Silvia le pidió que esperara un rato…que volvía enseguida. Ella se quedó sentada en un taburete de color azul e hizo lo que el barman le había sugerido…hasta su entrada en el local…con una bolsa de pan de molde en su mano…y dirigiéndose a aquella mujer de sonrisa eterna…le dijo que “ya tenía pan para las tostadas” mientras le guiñó un ojo que reflejaba mucha complicidad.

Silvia me contó su aventura con asombro…no entendió por qué aquel chico salió de la barra y fue a comprar pan para preparar su tostada…aunque lo agradeció con el alma.

Al otro lado del mapa y con unas horas de diferencia…Eva sintió que se había cansado de soportar el trato insufrible de un hombre que no conocía el significado de la palabra afecto. Se hartó de tragarse sus lágrimas en silencio y repetirse a sí misma que aquella situación cambiaría si ella se mantenía serena y relajada…y alzó su mano con la espada en alto para cortar definitivamente los gritos y empujones morados que la habían acompañado los últimos años…y lo hizo con gran decisión. Le costó mucho esfuerzo ejecutar aquel movimiento…siempre le habían enseñado que su humanidad solamente reluciría si se mostraba sumisa ante la vida y dejaba que filtraran en su interior las furias atroces de quien se disfrazaba de verdugo para desahogar su sed de venganza contra la mezquina vida que le había tocado vivir, una vida de golpes y tambores de guerra. No obstante, Eva, en un último intento por escapar del horror...aprendió por cuenta propia que la justicia lleva una venda en los ojos pero la espada en la mano y que siempre debía recordar regirse por el principio de que debía luchar contra cualquiera que quisiera obligarla a torcerse. No estaba dispuesta a partirse con cualquier viento desfavorable. Su marido no lo entendió…pero ella se mantuvo firme en aquella decisión lentamente cocinada...que manaba desde sus entrañas para chocar de frente con el rostro maltratador que la había convertido en esclava de la vida…o un débil latido de vida que...rogaba ser fortalecido con un aporte de sangre oxigenado. Nadie sino ella misma podía ayudarla a ponerse de pie y lo hizo con coraje y valentía.

No supo explicarme cómo lo consiguió…pero pensaba que la frase “no quiero hablar ya más contigo” que repitió sin cesar ante su inquisidor había hecho posible al final que la fiera escapara para no volver. Había liberado los ruidos ahogados en su propio silencio…sus propios ruidos internos que no había querido escuchar cuando comenzaron a bailar en su interior…pero que no cesaban de golpear su conciencia. Le había faltado voluntad para comenzar su particular batalla…aquella que le conduciría a la victoria.

Los relatos de ambas llegaron a mi vida y me hicieron pensar. Silvia y Eva tenían muchas cosas en común…ya que las dos habían sido conscientes de sus sentimientos…y supieron orientar su particular acción hacia el logro de un objetivo. Las dos supieron tratar de forma efectiva con sus parejas de experiencialas dos supieron comunicarse con eficacia. Quizás lo único que me quedó por analizar fue si se habían quedado solamente en ser eficaces y consiguieron lo que se habían propuesto…o si habían sido eficientes y habían conseguido sus objetivos al precio justo…o más bien si habían sido incluso elegantes y habían alcanzado su propósito en armonía con la coyuntura. Silvia había puesto amabilidad en una situación que no era de mucha gravedad…y puede que su actitud hiciera que el chico del bar se decidiera a complacerla. Eva puso algo de hostilidad y agresividad para girar la ruleta en busca de un nuevo rumbo.

¿Alguna de las dos lo hizo de manera incorrecta?

Seguro que no tienes ninguna duda respecto a Silvia...que en su proceder puso delicadeza, cordialidad y empatía…con un punto importante de cortesía. Pero…¿qué hay de Eva? ¿Acaso crees que ella no puede poner los mismos ingredientes que Silvia en cualquier otra situación de su viaje personal? Quizás ella necesitaba ese punto de rabia en aquel momento puntual de su vida…y ¿por qué no decirlo? también un toque de agresividad para desbloquear el yugo que la mantenía doblada y que hacía que se torciera cada vez más…mostrándose débil ante el mundo particular de su calvario. Todos necesitamos un fuerza interior para enderezar situaciones insostenibles. ¿Se te ocurre alguna otra manera de proceder para no terminar derrumbado? Puede que la inactividad continuada de Eva…no hiciera más que empeorar las cosas para ella…pero también para “aquel hombre” que se había convertido en su brutal enemigo. Omitir hacer lo que debía hacer hubiera sido quizás mayor pecado que mostrar la rabia contenida y reventar para gritar un “basta ya” que terminó por poner un punto y final a una relación insana. Al fin y al cabo…la enfermedad empieza en el alma…y si sabemos escuchar su lamento…puede que podamos sanar.

No es la primera vez que lo escribo…eso de que “el veneno no existe, sino la dosis” y eso es lo que debemos poner en su justa medida…una justa dosis de rabia o una dosis justa de amabilidad…porque también existe de esa que no es gratuita y busca comprar a los demás que dejándose cautivar por una amabilidad disfrazada…terminan sintiendo que deben pagar a quien fue amable con ellos alguna vez. Dualidad…demonios aparentes y luz blanca…fuerzas opuestas…absolutamente necesarias para la armonía universal.
 


Poner la dosis justa…de cada cosa no es malo...quizás el problema sea decidir qué es lo que significa la palabra justo. Podría ser que lo justo para ambos, para ti y para mi…sea lo que es bueno para los dos…lo correcto. Buscarlo...para encontrarlo...es parte de la actividad que debe ocuparnos mientras vamos haciendo camino.                                                                        



lunes, 13 de julio de 2015

La Mejora Comienza Contigo


Imagina por un momento que eres una casita al borde de un lago…un lago con sus aguas en calma en el que cualquier ser humano querría sumergirse…y poder buscar la paz…esas aguas que se turban de vez en cuando, como si de la vida se tratara…una vida que tiene sus más y sus menos, pero que bien mirada y por lo general…bien merece ser vivida con sentido, con esperanza y optimismo…a pesar de que a veces nos golpee…pero que al mismo tiempo nos da la oportunidad de dejar nuestra esencia…nuestra fragancia…nuestra huella al pasar por ella…porque cuando tú naciste, lloraste al verte despojado de tus derechos a seguir inmerso en tu mundo particular…dentro del vientre de tu madre…en el líquido amniótico…danzando al compás de los latidos del corazón que te prestó tu primera morada, pero sería deseable que cuando partas y sigas tu camino en el río que ha de conducirte al gran océano…otros lloren porque te ha llegado el momento de seguir tu viaje en otro lugar…rumbo al mar dónde sin duda culminará tu tarea.

Sigue imaginado esa casita…ese refugio…tu propio hogar…dónde tu mundo emocional, tu cuerpo físico y tus pensamientos, aposentados en tu mente, forman un equipo…el equipo que debe trabaje unido para tu propio bienestar…para que sientas que tu paso por este mundo ha merecido la pena y has sabido aprovechar al máximo la alegría de vivir. Y te aseguro que este equipo juega en la mejor liga…siempre y cuando permanezca unido y sólo tu ser puede lograr que así sea…tu ser…que no puede valer más porque ya lo vale todo. Por eso…porque representas el máximo valor debes cuidar de ti mismo…la mejora comienza contigo y se mantiene porque tú así lo decides.

Y en este viaje que empieza en la tierra y continua en algún otro lugar…¿Quien no desea tener orden, buscar la simplicidad de las cosas, disminuir las preocupaciones o tener más tiempo libre y obtener una mejor salud mental? ¿Quién no quisiera eliminar las causas de gran cantidad de problemas y contribuir a mejorar su calidad de vida? Este texto es para los que queremos agregar valor a nuestra vida, para los que deseamos comunicarnos con nosotros mismos, para los que sabemos que sin una pequeña revolución personal no existe la posibilidad de ningún cambio…porque el cambio empieza cuando nos damos cuenta de que a pesar de que suene a paradoja…sólo cuando nos aceptamos podemos soñar con la posibilidad de realizar ciertos cambios.

Te invito a un viaje, el viaje de tu vida…hacia ti mismo…sin duda el viaje más interesante que puedes hacer, en el que más descubrimientos puedes realizar y el que te mostrará los paisajes más bellos…a ti mismo…que representas a veces sin saberlo…la mayor belleza de este mundo. No hablo de tu aspecto físico, ni de lo que posees, hablo de tu interior, de tu propio ser. Puede que te encuentres con cosas que no te gusten demasiado…¡no importa!…lo principal es que las has encontrado y les puedes dar otra forma…las puedes moldear entre tus dedos, con la mayor de las delicadezas y el cariño más grande del mundo. También te toparás con cosas maravillosas que quizás no conocías y merecen ser potenciadas. No temas a que te llamen soberbio, no hay nada malo en expresar lo que tienes de maravilloso…todo el mundo tiene algo fabuloso que mostrar y algo que no lo es tanto…no estás solo en esta aventura.

Te veo haciendo las maletas, veo que has decidido acompañarme. Puede que tu bolsa sea pesada…o puede que sea un poco más ligera. Tráete sin falta tu cuerpo, tu mente y tu alma…es lo único que realmente necesitas para montarte en el vehículo que te llevará a tu destino…tú mismo. Allá donde vayas encontrarás el significado del respeto, la voluntad, la confianza en ti mismo, el esfuerzo, la autodisciplina, el sentido común, tus metas y propósitos, la certeza de que los problemas tienen soluciones, la creencia de que lo importante es hacer las cosas bien…mejorando siempre, la fe en que para recorrer grandes distancias siempre debes dar primero un sólo paso…y que para seguir debes coordinar tus piernas para que continúen dando un paso tras otro, sin cejar en el empeño.

Antes de empezar voy a pedirte que pienses en todo lo que tienes alrededor y que te preguntes si todo lo que posees es fundamental en tu vida o si por el contrario podrías desprenderte de lo que no necesitas. Seguramente has acumulado muchas vivencias que ya no debes llevarte contigo. Puede que te apetezca descartar los malos recuerdos, los pensamientos negativos, los rencores, los errores, las culpas, los malos hábitos, las limitaciones y las etiquetas auto impuestas o aquellas que te hayan colocado y las hayas hecho tuyas. Desaloja lo que no te haga falta para recorrer esta aventura, se selectivo. Sé que tienes apego por ciertas cosas, personas o experiencias que si lo piensas por un momento no te son de utilidad. Elige con cuales te quedas en tu casita y cuales vas a desechar o reciclar.

Organiza después todo aquello que hayas pensado guardar en tu casa. Etiqueta todo lo que debes ordenar. Hay un lugar para cada cosa y cada cosa al mismo tiempo debe ser colocada en su lugar. Así podrás tomar lo que necesites al momento que lo requieras y ocuparte de tu casa por entero. 

Seguro que deseas que tu casa esté limpia, es tu trabajo mantener tu zona pulcra. Suelta lo que no quieres que conviva en el mismo lugar que tú y libérate de la suciedad que te hace daño…como la envidia, el orgullo, el miedo impuesto, el sufrimiento añadido o la ignorancia. Recuerda que eres un hogar en armonía y en ese hogar quien mandas eres tú. Puedes abrir tu puerta y dejar que entre quien tú lo desees o  por el contrario puedes cerrar esa puerta a cal y canto.

Tu casa debe ser vigilada, debes estar alerta. Enfócate en las fortalezas que tiene…pero atiende a las debilidades. Cuida de ti mismo…cuida de tu cuerpo, de tu mente y de tu espíritu porque la mejor inversión que puedes hacer es contigo mismo.

Si has decidido emprender este viaje, no olvides que debes obedecer lo que has decidido.


Mantenerte en tu camino y no salirte de él es tu mayor propósito…sólo así podrás conservar lo que has logrado.


lunes, 6 de julio de 2015

Humor Sapiens Sapiens


Sinceramente…me siento muy agradecida de tener una familia materna que es la monda. Cada vez que nos reunimos en torno a una mesa el sentido del humor se huele en el ambiente…Algunos de los componentes de la familia, son capaces de hacerse con los instrumentos musicales de una orquesta en una boda y conseguir que nos riamos a carcajadas…o disfrazarse y montar un show que no tiene desperdicio. Verdaderamente es algo que he heredado…el sentido del humor y alegría de vivir. Somos de sonrisa fácil…y esto no va reñido ni con la disciplina, ni con las normas, ni con la seriedad cuando la situación lo requiere…pero nos gusta mover la mandíbula…tanto para comer como para partirnos de la risa.
 
Hablando de risas…me reí mucho cuando leí el libro de Victor Küppers, “Vivir la vida con sentido” y me permito copiar un extracto de su libro, escogido del capítulo que lleva por nombre SENTIDO DEL HUMOR. Ahí va:

“La jirafa van con jirafas, el cerdo va con cerdos, el merluzo con merluzos, el cenizo va con cenizos y las personas alegres y entusiastas con personas alegres y entusiastas”.

¿Con qué clase de personas nos gusta estar? ¿Con que clase de personas les gusta estar a nuestros niños? Es obvio que tendemos a huir de las caras amargas y nos atrae mucho más una persona risueña y con buen humor…eso que tanto necesitamos en la sociedad actual.

Según Edward Dunkelblau, presidente de la asociación Americana de Humor terapéutico, hay investigaciones que muestran que los niños ríen más de doscientas veces al día. Los adultos, sin embargo, ríen una media de quince veces diarias. Si los cálculos no fallan, al convertirnos en adultos ya hemos perdido 185 risas por día. Me parece que es una pérdida lamentable. ¿Qué es lo que ha pasado con ellas? ¿A dónde fueron a parar?

El hecho es que todos somos conscientes de que cuando nos morimos de la risa y nos duelen todos los músculos al no poder parar de reír…experimentamos una sensación de relax y confort que no se puede describir en palabras…es como si pudiéramos vaciar todas nuestras tensiones en un momento breve pero muy intenso. Por lo tanto, el estrés desciende y nuestra capacidad de tomar decisiones sensatas y resolver conflictos mejora. De hecho, nuestro ritmo cardíaco se acelera, nuestro sistema inmunológico se activa, se bombean hormonas que nos hacen estar más alerta y el oxígeno asciende al cerebro…así que todo esto nos ayuda a pensar con un poco más de agudeza y de ver las cosas con mayor claridad. Me vais a decir si no merece la pena reirse un poco más...de lo que habitualmente lo hacemos…si no es importante que llenemos nuestros hogares y aulas de alegría. Las personas que ríen juntas comparten algo mucho más que carcajadas. Compartir la alegría es multiplicarla y la alegría es como la miel de la vida…saborear su dulzor es como tomar un medicamento para que no se nos arrugue el alma a pesar de que corramos serio peligro de que se nos arrugue el rostro. ¿Qué preferimos que pliegue…el rostro o el alma?

Cuando los niños son pequeños, el humor está conectado especialmente con los momentos de juegos y la actividad física que desarrollan a lo largo del día. Para ellos es fuente de risas el “hacer tonterías”, “poner muecas”, las caídas y las exageraciones…entre otras cosas. Les encanta que los mayores también hagamos alguna “bobada" para que podamos reírnos juntos. Les place que nos tiremos al suelo…que hagamos ademán de atraparlos o que imitemos voces extrañas y emitamos sonidos graciosos…Deberíamos hacerlo con más frecuencia y alegrar nuestras aulas y hogares para así alegrar un poco más nuestras vidas.
Ya en la etapa primaria, los acertijos, los chistes son lo más utilizado por los niños para obtener momentos llenos de risas. Hay algunos chistes malísimos para nosotros que provocan carcajadas en los niños. También les resultan graciosas las caídas…en especial las de los demás…aunque se debe tener cuidado cuando esto sucede y hacer hincapié en que antes de reírse de alguien que se ha quedado patas arriba en el suelo habría que preguntarle si se ha hecho daño. Imaginad lo que se pueden reír si cae algún maestro o algún adulto. Se parten de la risa. 
En la secundaria termina ese humor infantil o por lo menos se disipa y aunque a los niños todavía les guste hacer tonterías, hay veces en que se ven forzados a hacerlas para captar la atención de los demás y esto hace que se pierda la naturalidad. Parece que en esta etapa empiezan a tomar protagonismo otro tipo de historias…o incluso comentarios despreciativos hacia los demás para poder reír. Si bien es cierto que mofarse de los demás es una práctica insana, hay que entender que a estas edades se están construyendo como personas y a medida que se van sintiendo mejor consigo mismos y más aceptados en el grupo…los comentarios despreciativos van decreciendo...aunque siempre deberíamos estar atentos al hecho de que reirse de los demás no sea un hábito para nuestros adolescentes, que se convierta en una práctica perjudicial para ellos y los que los rodean.

Ya os explico al principio del texto las pocas ocasiones en las que nos reímos cuando llegamos a la etapa adulta. Por eso necesitamos pensar cuántas “oportunidades para el humor” nos brindamos cada día, ya que estos aportes diarios de humor…son como unas vitaminas para el alma. Ya sabemos que no todos los días podemos estar pletóricos y que cada día es distinto para cada uno de nosotros, pero tanto nuestros hijos como nuestros alumnos agradecen que tendamos al humor y al optimismo, ya que además el estado de ánimo alegre colabora a que el aprendizaje en el amplio sentido de la palabra sea mucho mejor. Nuestro comodín es el optimismo…porque si bien no podemos convertir lo difícil en fácil…podremos al menos conseguir que parezca fácil. Pero sigamos con el sentido del humor.

Siempre es bueno buscar momentos para ver cosas divertidas en familia o en el aula. Tener sentido del humor no es ser chistoso ni tampoco burlarse de los otros para provocar la risa. El sentido del humor es sacar chispa a las cosas que nos suceden, a las cosas que ocurren en tu vida. El sentido del humor es necesario en la vida familiar tanto como la disciplina, la educación o los valores. Las relaciones entre padres e hijos que permiten y dedican tiempo a las diversiones, el buen humor y la risa son más sanas, menos tensas y más cordiales. A lo largo del día tenemos muchas oportunidades de vivir nuestra relación con los niños de forma alegre y divertida, pero hemos de ser capaces de reconocerlos y de vivirlos sin miedo a que las normas o la disciplina se vean afectadas.

La risa y el humor (así como el lenguaje) son conductas o expresiones exclusivas del ser humano. ¿Por qué no utilizarlas para nuestro propio bienestar?

Por eso, se me ocurren algunas actividades que podríamos hacer tanto en nuestros hogares como en las aulas…guerra de cosquillas, batalla de almohadas, jugar al escondite, esperar a que alguien llegue escondidos en algún lugar y darle un susto, ver películas cómicas, contar chistes, contar anécdotas de la infancia, hacer preguntas absurdas, vestirnos con alguna prenda puesta del revés...

¿Se os ocurre alguna más? ¿Os atrevéis a intentar ser divertidos? ¿Recuerdas cuál fue la última vez que te reíste tanto que casi lloras? Yo sí que lo recuerdo, así como atesoro momentos familiares en los que la risa ha sido la gran protagonista.


Recordad una frase de Martha Stevenson que a mi me encanta, y dice que...

"Una sonrisa es una semilla que crece en el corazón y florece en los labios".

lunes, 22 de junio de 2015

Calma el Alma


Habrá que morir alguna vez…pero mientras tanto debemos vivir. Si tuviéramos siempre presente que tenemos una sola oportunidad de hacerlo, quizás podríamos darnos cuenta de que…lo verdaderamente importante es saber en cada momento qué es lo verdaderamente importante. A veces se nos olvida y nos dejamos ahogar en un vaso de agua, dando relevancia a cosas que pensando en frío, no son prioritarias. Pero para eso debemos detenernos, buscar tiempo para comunicarnos con nosotros mismos y con los demás, reflexionar y atendernos, planear, ordenar…sin perdernos de vista…con calma…quietud y serenidad.

"La vida es como un viaje por la mar:
hay días de calma y días de borrasca;
lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco. 
Jacinto Benavente

No hay peor mal que la ignorancia…la inconsciencia de lo que sucede en nuestro interior y a nuestro alrededor, no hay nada más importante que dirigir nuestra vida, establecer un rumbo y seguirlo…dejar de ser jinetes que se montan en sus caballos…para llegar a ser caballeros que controlan al corcel. Manejar nuestras emociones con sabiduría es ser EMOCIONALMENTE INTELIGENTES…se trata de trabajar con nuestras emociones de manera no sólo inteligente sino constructiva, positiva y creativa. Regular nuestros impulsos emocionales y de conducta es una de las claves para ser triunfadores en la vida, como seres humanos. Sólo así podremos dar un buen ejemplo a nuestros niños y cumplir en definitiva con nuestra responsabilidad.

Soy consciente de que todos nos sabemos la teoría…pero que nos cuesta practicarla…que hablamos fácil…pero que contar hasta diez o hasta cincuenta en situaciones de estrés es un reto que realmente nos cuesta superar. Y de estrés sabemos bastante, ya que vivimos con el tiempo medido…ajustado y adorando lo que llamamos prisa. No obstante no dejo de pensar que algo que es insano no puede ser bello…el corpiño que nos impide respirar no puede gustarnos tanto, porque perjudica nuestra salud y si no estamos bien tampoco lo estarán los que nos rodean. Muchas veces hablamos de avanzar…de ir lejos cuando puede que avanzar sea en realidad realizar un viaje muy cerca…a nuestro interior, para poder controlar nuestro cuerpo, emociones y mente. La falta de calma nos impide mantener ese control tan necesario para nuestras almas.

Nos pasamos el curso escolar reflejando prisa en nuestro rostro, nuestra postura corporal y nuestras palabras…desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Creo que si nos grabaran con una cámara cada día y nos dieran la oportunidad de ver las grabaciones al final de la semana, podríamos observar que funcionamos como máquinas programadas, que lo tenemos todo medido y cualquier imprevisto no planificado nos saca de quicio. 

El día comienza con prisa…salir de casa para ir al colegio suele ser muchas veces toda una aventura llena de alta tensión. Algunas de las palabras y expresiones más sonadas en muchos de los hogares suelen ser “venga”…”deprisa”…”que no llegamos”…”corre”. Si el niño no termina su desayuno a tiempo nuestro volcán interior puede comenzar a expulsar lava incandescente que precede a una tormenta difícil de controlar. Y si el niño nos dice que no se encuentra bien, que le duele la cabeza o le ponemos el termómetro que nos indica que su temperatura es elevada…podemos llegar a vernos desbordados. ¿Qué hacemos con él? ¿Con quien lo dejamos? No podemos faltar al trabajo, y menos con los tiempos que corren. Así que le damos un poco de ibuprofeno y maquillamos su malestar para que no se le note. El caso es que salimos de casa con los pelos de punta…lo dejamos en la escuela y ya llegamos al trabajo con “la lengua fuera". Cruzamos los dedos para que no nos llame la maestra rogándonos educadamente que vayamos a recoger al niño al colegio, y puede que hasta silenciemos el móvil para no escuchar la llamada. Eso...si los niños son pequeños. Si tenemos niños un poco mayores nos podemos encontrar además con algunos escollos relacionados a las tareas que les mandan en la escuela. Llegamos a casa agotados después de un día en el que nos hemos dejado la piel y tenemos que afrontar el hecho de que al niño se le haya olvidado el libro en la escuela y se ponga a llorar desconsoladamente…o que nos diga que no entiende lo que tiene que hacer…o peor aún…que no tenga ganas de hacer la tarea e intente por todos los medios escaparse de hacerla. Nos toca lidiar con el problema…que termina en una discusión…y añade una carga adicional a la mochila que ya lleva mucho peso. En el preciso instante en que vigilamos al niño para que estudie y cumpla con sus responsabilidades, debemos tener la casa controlada…preparar la cena y quizás la comida del día siguiente. Parece que tuviéramos que hacerlo todo y lo que es peor, hacerlo todo al mismo tiempo…una receta perfecta para el estrés y la confusión. Y cuando llega la hora mágica de acostar a los niños que siguen llenos de energía mientras nosotros arrastramos los pies, volvemos a vivir un momento tenso, ya que no vemos el instante de despedirlos hasta el día siguiente en el que volveremos a la carga. Todavía acostados nos piden que les contemos un cuento o quizás nos quieran contar alguna vivencia que ellos consideran importante…En el mejor de los casos aprovechamos la ocasión para estar un ratito con ellos relajados…pero miramos de reojo el reloj…deben dormirse para descansar las horas pertinentes ya que al día siguiente todo volverá a comenzar y seguramente volverá a dominarnos nuestra compañera…la prisa.

Los niños a su vez nos cuentan algunas veces...que se les pasa el tiempo muy deprisa…y no es de extrañar que así suceda. Sinceramente me preocupa pensarlo, creo que es una mala señal. Yo no tengo el recuerdo de que mi infancia pasara tan “deprisa". Si ya desde niños viven una vida vertiginosa…¿qué sucederá cuando se conviertan en adultos? Porque todos sabemos que cuanto más mayores nos hacemos…antes transcurre el tiempo o esa es la sensación que tenemos. Los niños terminan el año escolar extenuados, agotados de tanto correr y curiosamente sus vacaciones son un problema para los adultos, ya que debemos gestionar sus tiempos y los nuestros de manera que esté todo en orden. En el período estival...llegan las costosas colonias de verano, las clases particulares y horas de academia para los que necesitan un refuerzo o algún viaje al extranjero para practicar algún idioma. La falta de sincronización entre sus horarios y los de los adultos es un problema que se debe abordar cada mes de junio y julio…puede que en algunos casos también en agosto...hasta que son un poco mayores y pueden quedarse solos. Sus vacaciones son un martirio que golpea nuestras puertas cada año. Estáis en ello ¿verdad? Ya los tenéis en casa sin colegio y seguramente muchos de vosotros habréis tenido que hacer cábalas para tenerlo todo organizado. Para algunas de las familias es la peor época del año…la más difícil de afrontar. Seguimos dejándonos dominar por la prisa…y continuamos contagiándola sin remedio. ¡Qué difícil es conciliar la vida laboral con la vida familiar!

Aún cuando llegan las vacaciones para todos hay días en los que se vive deprisa…Hemos estado siguiendo un patrón de vida durante un tiempo determinado…y cuesta desconectar hasta cuando podemos permitirnos el lujo de desprendernos del reloj. El primer día sin trabajo arrancamos el coche…tenemos una hora de salida y una de llegada…no podemos desperdiciar ni siquiera un minuto de nuestro tiempo vacacional y a veces llegamos a nuestro destino cargados de malas vibraciones. 

Así van pasando los años…en un estado de exceso de ruido y luz…en el que es complicado detenerse, pero absolutamente necesario. Dejamos que la misma vida nos atropelle…y tan sólo deberíamos de tratar de actuar de forma que podamos hacer hincapié en la importancia de los sentimientos para que nos ayude a nosotros y a nuestro niños a manejar toda una gama de emociones con un grado de AUTOCONTROL. Cuando las cosas nos desbordan sabemos que es necesario reducir la velocidad…pero la inercia nos lleva a acelerar y a perder la calma…y a que los niños la pierdan. No surtirá efecto que les digamos que se relajen si nuestra expresión facial indica que nosotros no podemos hacerlo. Nadie puede hacer que nadie se calme, sólo puede hacerlo uno mismo. ¿Es posible?

Sí que es posible. La buena noticia es que todos podemos controlar nuestra propia perturbación si nos detenemos y pensamos antes de actuar. Parar y echar un vistazo alrededor…observar nuestra postura corporal…cómo dirigimos nuestra mirada…qué es lo que hemos dicho o estamos a punto de decir y con qué tono lo hemos expresado, qué emoción sentimos en un momento determinado. Tenemos suficientes datos para poder darnos cuenta en qué momento hemos perdido esa calma y seguro que no nos gusta porque no nos beneficia…por eso queremos recuperarla…y mantenerla. Repetirnos a nosotros mismos “mantén la calma”, en voz baja o alta, al mismo tiempo que respiramos profundamente...resulta de ayuda. No hablo ni siquiera de pensamientos positivos, sino de PENSAMIENTOS CLAROS...que permitan distinguir entre lo que es beneficioso para nosotros y lo que no lo es tanto. Y si no…basta con recordar cómo se nos queda el cuerpo después de un colapso por dejar que la ansiedad nos embargue. Atraer lo que nos hace bien es la llave al bienestar. Cuidemos de nosotros lo más que podamos, al menos nada perderemos por intentarlo. Cerrar los ojos y viajar a orillas de ese lago que todos tenéis en vuestro interior…obsequiar vuestras almas con un poco de calma.


"Un hombre no trata de verse en el agua que corre, sino en el agua tranquila, porque solamente lo que en sí es tranquilo puede dar tranquilidad a otros". Confucio

lunes, 8 de junio de 2015

¿HAS HECHO TU PARTE DEL TRABAJO?


Dos semanas de cinco días…para que el timbre del final del pasillo marque el instante en el que las aulas se vacían…hasta septiembre. Han permanecido casi dos centenares de días llenas, han sido muchas horas en las que la actividad escolar se ha desarrollado…con altos y bajos…con alegrías y algunas penas…con conflictos y reconciliaciones…con proyectos nuevos que se han puesto en marcha y carpetazos a otros que no funcionaban…con ilusiones y a veces…frustraciones…con risas y lágrimas…con alborotos y silencios…con situaciones de alta tensiones y otras de relajación…con suspiros y profundas respiraciones…con sus cuatro estaciones…con sus cambios climáticos…todo un curso escolar…una poción de vida…un principio y un final…con intermedios y anuncios publicitarios para acomodarnos a diversas situaciones…y esto se acaba en breve…y se me ocurren tres preguntas al viento, porque es nuestra responsabilidad hacer acto de reflexión...

                    ¿hemos nutrido a cada individuo?
                                        ¿hemos encontrado lo que les hace reaccionar?
                                                            ¿hemos hecho nuestra parte del trabajo?

Y una última cuestión muy importante…¿lo hemos hecho juntos?

Ojalá podamos pensar todos que nos alegramos de haberlo hecho en vez de tener que confesar…”ojalá lo hubiera hecho. Porque si estuvo en nuestras manos y no lo hicimos…al menos deberemos poner atención lo que sucedió. Sólo así podremos sacar lo positivo del éxito y el meollo del fracaso…para que podamos construir oportunidades desde una base de fracasos y errores, transformarlos en alarmas que no dejen de pitar y no se almacenen en un baúl como si no hubieran sucedido. Al fin y al cabo se trata de dejar este mundo un poco mejor de lo que nos lo encontramos…nadie nos pide milagros y sabemos que no podemos hacerlos. Pero como dice Tim Smith, si hemos encendido los fuegos de la imaginación y la ternura de una humanidad compartida…habremos girado al menos la rueda del molino que con su fuerza puede comenzar a iluminar “mundos”…diversos mundos chiquitos y no tan chiquitos que merecen pasar al menos sus horas escolares y domésticas en entornos que les inspiren y les conforten, espacios diseñados para ellos y por ellos. 

Por eso te pregunto si has hecho tu parte…de la misma manera que me lo pregunto a mi misma. Y te invito a preparar una despedida…el cierre…preparar el final. Ese final en el que ellos, nuestros niños…reciben un boletín que resume su progresión escolar, ese final para los padres que serán invitados a reuniones individuales para escuchar y también participar en un diálogo con quien ha liderado de alguna manera…el propio liderazgo de sus hijos, ese final que indicará que ya no tendremos que pelearnos con los niños para que realicen sus tareas escolares y también el final que marca el inicio de las vacaciones…la época estival por la que somos muy envidiados los docentes…la época en la que quizás comience también la preocupación de los progenitores que tienen a sus hijos mucho más tiempo en casa.

Pero volvamos a la despedida. Esa que producirá alivio en algunas almas…por terminar una etapa que ha sido difícil en sus vidas; tristeza en otras…por tener que acabar quizás alguna relación con alguien a quien no se volverá a ver con frecuencia, tristeza por algo que se acaba y ya no volverá; incertidumbre…por no saber lo que se encontrará en la siguiente etapa…por algún posible cambio que se va a producir en el futuro; tranquilidad y confianza…por haber sido capaces de superar un reto más en la vida o…angustia…por no haberlo hecho.

El adios no debe ser solitario…debe ir acompañado de una reflexión, una evaluación profunda de todo el proceso, y una auto evaluación de nuestra práctica... que garantice un nuevo horizonte y un futuro algo más prometedor. Y sigo preguntando…¿por qué no atrevernos a enfrentarnos a las respuestas de quienes han ocupado las aulas y nos han acompañado en la aventura? Podríamos preguntarles y dejar que se expresen.

¿Cómo se habrán sentido respecto a lo que han aprendido, a los vínculos de relación que han ido estableciendo con compañeros y docentes…incluso con sus propios padres en su proceso?

¿Les habrá interesado lo aprendido? ¿Han podido atender y atender(se) ¿Se habrán sentido atendidos? ¿Han conectado? Y respecto a nosotros los adultos…¿Hemos atendido lo que debíamos atender? ¿Nos hemos sentido atendidos? y ¿En qué medida hemos participado en el proceso?

¿Les será útil lo aprendido, les aporta algo para su vida real fuera de las cuatro paredes del aula? ¿Qué hemos aprendido nosotros de ellos como facilitadores o padres?

¿Se sienten capaces? Y nosotros ¿sentimos que somos capaces?

No estaría mal, si pudiéramos responder a todas estas preguntas…o al menos dejar que quien deba hacerlo tenga la libertad de narrar lo que haya sentido…que le sea permitido mostrar sus sensaciones y estados emocionales. Solamente si recogemos un feedback verdadero…podremos mejorar nuestra labor. Sólo si somos honestos y nos auto-revisamos y abrimos el camino para que todos los participantes en este viaje puedan hacerlo…tendremos la información que necesitamos para poder poner un broche de oro a un cierre y un período que ya no volverá a repetirse.

Atrevámonos a abrir un espacio para la crítica con naturalidad, recoger lo que haya gustado y lo que no…sean contenidos o procesos emocionales y relacionales.

Quien escucha y atiende a las emociones y opiniones que se generan a su alrededor…no recogerá única y exclusivamente elementos de mejora, sino que puede ofrecer un modelo de autoridad en la que la crítica puede ser recibida con naturalidad y en la que las opiniones serán respetadas.

Puede que algunas cosas no sucedieran como deseábamos…como suponíamos, ni como teníamos previsto. No importa si podemos darnos cuenta de ello o si dejamos que alguien nos invite a darnos cuenta…Recordar que todos somos compañeros en este camino…en esta caravana escolar…toda una aventura…un trayecto corto…un viaje. Y viajar en definitiva es vivir.





lunes, 13 de abril de 2015

Plan VErdad


Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces, pero no me olvido de aquel viernes tarde. Faltaban cinco minutos para terminar la clase y marcharnos de fin de semana. En realidad cometí un error…dejé la llave en la cerradura puesta por dentro. Alguien aprovechó para cerrar la puerta con llave y esconderla…y cuando fui a abrir la puerta para comenzar a salir del aula…no podía hacerlo. "Venga chicos…se acabó la broma" dije…"Quién tenga la llave que la saque y abra la puerta que tenemos que marcharnos". Pensaron que estaba bromeando. La cuestión es que nadie se inmutó al principio, hasta que el tiempo transcurrió y veían mi cara de susto. No les reñí, ni les amenacé con quedarse castigados…simplemente rogué a quien tuvo la idea de encerrarnos que devolviera la llave a la cerradura para que pudiéramos salir. Pero nadie sacó ninguna llave…tuvieron que venir desde fuera para abrirnos la puerta. Por la noche…recibí una llamada en casa. Era una madre muy disgustada…que había encontrado la llave en la mochila de su hijo.  Resultado…un niño asustado y una madre compungida asegurando que su hijo no había sido. Por supuesto que no había sido él…yo ya tenía mis sospechas de quien estaba detrás de aquello, pero no tenía pruebas. Sin evidencias no puede haber una acusación, aunque el olfato nos lleve a saber quien ha podido ser. El siguiente lunes, todo apuntaba a que mi sospechoso había sido ciertamente el causante de semejante revuelo. Me lo confesó con la cara…pero no con su boca. Levantaba sus cejas mostrando una expresión de sorpresa…pero sonreía ligeramente…dejando al descubierto que algo ocultaba. Lo negó todo, hasta las acusaciones de algunos compañeros que lo habían visto. Entonces…te preguntas por qué, qué es lo que lleva a un niño a involucrar a otro en su mentira. Jon tenía que mantener su estatus…lo llamaban "Jon el malo" desde que tenía cuatro años y tenía que superarse cada día para conservar su rol cuando en realidad el corazón no le cabía en el pecho. Pero aquella vez se había pasado, ya que había herido a un compañero.

Eso es en realidad lo peor de la mentira, cuando se perjudica a un tercero directamente, a pesar de que es el propio mentiroso quien es la víctima real. Quizás Jon deseaba sólo LLAMAR LA ATENCIÓN y el asunto se le fue de las manos. Muchos niños buscan…fascinar y deslumbrar con su "mentira" que en realidad es su propia "fantasía". Un niño de la Etapa Infantil puede contar que tiene cien coches de carreras en su casa aunque no los tenga…para asombrar a su compañero…y otro puede asegurar que su madre tiene un bebé en su vientre…para dejar boquiabierto a su vecino de mesa, lo cierto es que a esas edades…lo único que persiguen los niños es la admiración y aprobación de los demás…el aplauso del público. Esta es la llamada MENTIRA DE VANIDAD. El problema en realidad, era que Jon ya había superado la Etapa Infantil y estaba terminando la Primaria…por eso…porque observé su falta de madurez…senti compasión por él...me negué a ver maldad en los hechos y creo que no me equivoqué, a pesar de que le quedara pendiente no sólo reconocer su error, sino repararlo…ya que había ensuciado la reputación de su amigo. Y no era la primera vez que mentía, sí la primera en la que involucraba directamente a un tercero en sus fechorías.

Otra de las batallitas que esta vez me dejó a mi absolutamente "fuera de juego" por unos instantes, fue ver cómo se reía un padre ante la falsificación de un resultado de un examen de su hijo. El padre me contó que había prometido regalarle al niño de nueve años un patinete si superaba todos los controles. El hecho es que el cero que sacó en Ciencias Sociales se lo puso muy fácil al niño…solamente tenía que añadir el número uno por delante. El padre relataba como el año anterior su hijo había falsificado una firma en su agenda escolar. Parecía fascinado por la habilidad de su hijo, la verdad es que le resultaba gracioso. Esto es lo que se llama DISTORSIONAR LA REALIDAD PARA OBTENER UN BENEFICIO. Si el patinete esperaba a aquel niño a la vuelta de la esquina…era capaz de hacer cualquier cosa por alcanzarlo. Observo dos errores importantes; por un lado prometer beneficios materiales para motivarle a estudiar y… por el otro reirse de sus mentiras. Es un camino mal trazado para un menor...que si no se endereza corre peligro de…bueno, ya sabes…de convertirse en un mentiroso compulsivo con el fin de lograr sus objetivos. 

Pero lo que más pena me dio sin duda, fue cuando el personal de limpieza encontró las notas de Aitor en una de las papeleras del colegio. Fijaros si podía haber basuras fuera de la escuela…¡qué poca malicia tuvo aquel niño!…y ¡qué miedo le daba llegar a casa con unos resultados bastante mediocres. Esta es la MENTIRA DE COBARDÍA… Seguramente motivada por un EXCESO DE EXIGENCIA, FRUSTRACIÓN Y MIEDO. Vale más ponerse rojo una vez que veinte veces amarillo, pero Aitor estaba bloqueado por el miedo.

También me da mucha lástima cuando los niños mienten por IMITACIÓN. Sí..sí..imitan a los adultos que mienten...ante preguntas difíciles de responder por ejemplo, o promesas que no se pueden cumplir. Los niños…ellos sienten que les hemos mentido, si no hay alguna argumentación poderosa para sostener que lo prometido no se puede cumplir. Los adultos también mienten ante sus hijos…¿te suena haberle dicho a tu hijo que responda a una llamada de teléfono diciendo que no estás?

La mentira también tiene su parte fascinante ya que...quien miente tiene que pensar en lo que realmente pasó…guardárselo y no contarlo y además inventarse una historia alternativa…requiere buena memoria, ya que el que miente debe recordar lo que dijo con exactitud para no "meter la pata". Tal como asegura Angela Evans, psicóloga de la Universidad de Brock, puede ser que los niños que mienten presenten incluso habilidades cognitivas avanzadas. Puede que estemos hablando de creatividad y una gran habilidad para soportar el estrés por tener que mantener una mentira. No es que quiera hacer de abogado del diablo, pero a todo hay que buscarle su punto positivo. Los niños que tienen tendencia a mentir deben ser observados para evitar que sean adultos mentirosos, que los hay y muchos…porque...¿quien no ha dicho nunca una mentirijilla?  Quizás no sea tan terrible si es algo puntual…la dósis es lo que importa…la cantidad…y el por qué, un porqué relacionado siempre a la emoción llamada MIEDO…

…a no destacar o ser tenido en cuenta…a no obtener lo que se desea…a ser rechazado…a herir sentimientos si se dice la verdad, por lo que preferimos decir una "mentira piadosa".

El niño puede ser mentiroso en la misma medida en que transforma la realidad y fantasea con lo que quisiera tener. Puede que incluso confunda estas fantasías con realidades. Un adolescente es mentiroso en la medida en que su encuentro con el mundo real, cause frustraciones. El joven puede ser mentiroso si no se siente capaz de confrontar las verdades que le resultan adversas. El adulto puede mentir cuando siente que no ha logrado superar los obstáculos que le ha puesto la vida y necesita sentirse el triunfador que nunca ha sido, por lo tanto su estrategia para encarar la vida es el engaño. El anciano puede ser mentiroso si no se perdona los errores que ha cometido en su vida.

En todo caso, la primera vez que aparece la mentira en escena, tampoco tiene que hacerse un drama. Habrá que analizar por qué ha sucedido. Debemos observar si el niño que miente lo hace con intención, si se trata de omisión de la verdad para responder al dicho "ojos que no ven corazón que no siente", si hay niveles de ansiedad por temor a algo o alguien. Al fin y al cabo, la mentira es un "falso mecanismo de defensa" que termina atrapándonos en sus redes. Pero a veces, protege nuestra propia estima, nuestro deseo de ser aceptados, protege nuestra intimidad y nos ayuda a obtener lo que deseamos aunque no nos deje afrontar la realidad, sea un mal hábito, y un muro que no permite que los demás confien en nosotros, ya que la confianza se gana con un trabajo bien hecho y con el cumplimiento de nuestras obligaciones. Al fin y al cabo, la mentira nos esclaviza y la verdad nos hace libres y sanos emocionalmente. 

Ante una mentira, yo subrayaría algunas pautas a tener en cuenta.

El niño necesita conocer que mentir no es positivo. Se trata de una conducta inadecuada y puede tener efectos sobre los demás…y atraer ciertas consecuencias que no se han tenido en cuenta antes del embuste. Podríamos utilizar cuentos y dialogar con los niños sobre la diferencia entre la verdad y la mentira.
Los castigos deben ser adecuados a cada falta. Si son demasiado severos, la tentación de no decir la verdad para evitarlos será mayor. La mentira es desdeñable, pero pesa mucho, y el peso de la culpa ya es un castigo en sí.
Debemos reforzar la confianza de los niños en sí mismos para que no tengan que mentir con el objetivo de que los demás los aprueben.
No podemos mentirles ni prometerles lo que sabemos que no se puede cumplir. Deberíamos enseñarles que pueden decir la verdad siempre…aunque haya personas que confundan la realidad con los malos modales.
Sería perfecto si pudiéramos darles la oportunidad de ser sinceros, y reforzar la valentía que muestran al decir la verdad, aunque tengan que pagar su error con una consecuencia. Se amonesta el hecho pero se premia la sinceridad.
No debemos bajo ningún concepto reírnos ni admirar nunca las mentiras del niño, aunque parezcan graciosas. Los pequeños no deben apreciar ningún tipo de reconocimiento ante un embuste.
Es nuestra obligación dar ejemplo como padres y adultos siendo sinceros. Es mejor responder un "déjame que lo piense" ante una pregunta compleja que mentir para salir del paso.

Me vas a permitir que te cuente el experimento que hizo Angela Evans y si quieres te invito a que respondas a las preguntas finales. Evans escogió a varios niños de entre dos y cinco años. Les vendó los ojos y los sentó ante una mesa, pidiéndoles que adivinaran qué juguete tenían en frente, escuchando el sonido que emitía. En un momento, el adulto abandonaba la habitación señalando al niño que no se quitara la venda de los ojos y no hiciera trampa. A su vuelta la pregunta era…"No te habrás quitado la venda de los ojos, ¿verdad?"

Mi pregunta para ti es...
Y tú... ¿te quitarías la venda? y en caso de hacerlo...

¿lo confesarías?

lunes, 16 de marzo de 2015

Haz con palabras



Jamás olvidaré la vez en que un padre me contó asombrado la respuesta que había recibido de su hija de 18 años. Me contó que al preguntarle “¿qué tal estás?” ella le había respondido “¿Para que me lo preguntas ahora…si jamás me lo habías preguntado antes?”. Aquel padre no entendía el por qué de aquella respuesta…le pareció ser injustamente tratado. Actualmente muchos de los padres y madres con los que me reúno, me cuentan que sus hijos no cuentan absolutamente nada en sus casas. Otros, sin embargo, aseguran tener que dar turnos de palabra y se quejan de que sus hijos no callan. Puede que el término medio sea justo lo que necesitamos. Pero…se me ocurre preguntaros si disponéis de espacios comunes donde establecer conversaciones fructíferas, si todos los miembros de la casa participan o si por el contrario os cuesta entablar conversaciones donde todos los habitantes del hogar participen por igual.

La cuestión es que observo que los niños en general, tienen muchas ganas de hablar…A veces, sobre todo los lunes tengo que preguntarles si han estado amordazados el fin de semana…si es que no han podido hablar. Ese día de la semana es especialmente dado a que los niños tengan ganas de “mover la de sin hueso” como yo les digo. Será porque quieren compartir sus aventuras de fin de semana, o será porque no les apetece dar clase y entrar en materia. La cuestión es que como les des un dedo, te sujetan la mano entera y si te dejas llevar puedes estar toda la hora interactuando con ellos. Es increíble la de información que podemos obtener de la interacción con los demás. Hoy mismo en una clase de ciencias sociales, comenzábamos a hablar de las diferentes fuentes de energía y terminábamos hablando del familiar de uno de los niños que tiene capacidad de transmitir energía mediante la colocación de sus manos en otros cuerpos. Los niños unen el aprendizaje con su mundo, con su realidad…en el momento que no busquen la conexión…terminarán desenchufando el cable. El aprendizaje de los niños depende de todas la interacciones que tienen, en las aulas o fuera de ellas.

Pero volvamos al tema de la comunicación y el lenguaje, las palabras que lanzamos, las preguntas que formulamos…Este es el tema que me interesa debatir hoy. Hace una semana coincidí en la puerta del colegio con un padre que le decía a su hija “…y pásatelo bien”. Me detuve y saludé a este hombre…no me pude resistir…tuve que felicitarle por el mensaje que le acababa de dar a su hija. La mayoría de mensajes matinales que se escuchan son del tipo “pórtate bien”… a nadie se le ocurre decir a sus hijos que se diviertan en el colegio. Y a la vuelta…el interrogatorio suele ser casi inevitable…el interrogatorio y las directrices. ¿Tienes tarea? ¿Te has portado bien? Termina tus deberes antes de que nos pongamos a cenar. Recuerda que debes leerte el libro que te mandaron leer, ya sabes que tienes que mejorar tu velocidad lectora. BLA BLA BLA

Por lo tanto, creo que acostumbrados a este tipo de intercambios…muchas veces desganados recurren a responder cualquier cosa, sin ninguna intención de seguir soportando ser interrogados. Ellos tienen la mala costumbre de responder con un simple “sin más”. No es la primera vez que les pregunto el porque de la respuesta “SIN MÁS” ante la pregunta “¿Qué tal?” Hay algunos que me responden que les da pereza seguir hablando y es una de las maneras de cortar el diálogo. Puede que también debamos tener en cuenta que no están acostumbrados a que se les permita explayarse con total naturalidad. Preguntar en el colegio a las nueve de la mañana “¿qué tal? podría responderse de muchas maneras, pero sobre todo cuando son un poco mayores seguro que tienen unas ansias atroces de respondernos que estaban mucho más a gusto en casa.



Pero siempre nos quedará la alternativa de HACER CON PALABRAS…de crear conversaciones sanas y eficaces.

Decía Wihelm Rottaus que “Las buenas conversaciones se centran más en los recursos y soluciones, no en los problemas…”.

¿Qué tipo de preguntas hacemos a nuestros hijos? ¿Escuchamos lo que nos dicen? ¿Tenemos tiempo de escucha? Una escucha activa implica conectar TU MUNDO y EL MÍO y para conectarlos deberíamos prestar atención, mostrarnos interesados, no interrumpir, no aconsejar constantemente, estar abiertos a lo que el otro ponga sobre la mesa, atender a lo que nos ocurre cuando escuchamos.

Atender es sobre todo mostrar que tenemos interés por los demás. Cuando atendemos a los demás LOS VEMOS. Cuando prestamos atención establecemos contacto visual de forma clara. A veces parece que escuchamos para responder. Cuantas veces sucede que tenemos ya la respuesta preparada…antes casi de que el otro termine su discurso. Creo que es un buen ejercicio reflexionar sobre el tiempo que dedicamos a la escucha de nuestros hijos. Vivimos bajo la presión del tiempo y parece que no siempre disponemos del momento adecuado para sentarnos a conversar. Después de una jornada larga de trabajo, nos esperan los quehaceres domésticos y…cuando llega el niño que quiere contarnos alguna cosa…_¿somos capaces de dejarlo todo y escucharlo? Puede que tengamos una sola oportunidad de hacerlo…y si la dejamos escapar, quizás no tengamos más opciones. Todos hemos podido experimentar la sensación de que “no nos hagan caso”. Si sabemos lo que es y no nos gusta su sabor, puede que comprendamos muy bien que a los niños tampoco les gusta. Precisamente para poder atender hay que disponer de tiempos de ocio y lo más importante reside en compartir ese tiempo, un instante que sea de calidad, estimulante y sobre todo afectivo. Atender en definitiva es un acto de inmensa generosidad y de amor. Regalar nuestro tiempo a nuestros hijos, sin olvidar que debemos regalarnos tiempo propio, es el mejor presente que les podemos hacer. No es necesario romperse la cabeza buscando ese momento de atención, pero tampoco se pueden hacer bien dos cosas a la vez…ATENDER es dejarlo todo para que el otro sienta que lo VES.

Hay momentos de escucha que terminan únicamente tras prestar atención, sin tener que intervenir…puede que no sea necesario decir nada…
…y en otras ocasiones puede que se busque dialogar…ESE es EL MOMENTO que debemos aprovechar para HACER CON PALABRAS. Esos ACTOS COMUNICATIVOS, nos ayudarán a crear el VÍNCULO con nuestros hijos. 

Tengamos en cuenta que

además del lenguaje verbal, existe el lenguaje de los gestos, miradas y lenguaje corporal, así como el tono que utilizamos en nuestras expresiones.
podemos buscar consenso o el objetivo será solamente buscar información, respetando plenamente el derecho y la libertad de expresión del otro.
…nos comprometemos a ser sinceros en todo momento. 
…la coacción debe ser eliminada.
…las amenazas, reproches, acusaciones o exigencias están de sobra.
las declaraciones dogmáticas y radicales no ayudan a que la comunicación fluya. Esa frase de “si sigues por ese camino…” puede dar carpetazo a un acto comunicativo.
no es momento de ejercer de adivino “ lo que te pasa es que…"
debemos escucharlo todo, hasta lo que no nos gusta…y no sólo lo que queremos escuchar.
no siempre se buscan consejos en un diálogo, a pesar de que no podamos evitarlo o nos cueste cerrar la boca. 

Entenderse bien con alguien no es fruto de la casualidad…nada que ver con casualidades o suertes.
Todo acto comunicativo inteligente se da cuando se pregunta de manera inteligente. Si queremos hablar del día que han tenido en el colegio…cambiemos la pregunta de “¿cómo ha ido el día en el colé?” por alguna otra cuestión más creativa. Os dejo algún ejemplo que puede dar pie a que podamos establecer un precioso diálogo con nuestros hijos, que de los frutos que buscamos…y que las respuestas no nos sepan a poco. 
Podríamos preguntar...

¿Qué es lo que te ha hecho reír hoy?
Si una nave de alienígenas llegara a tu clase…y se llevara a alguien ¿a quién querrías que fuera?
¿Cuál es la palabra que ha repetido hoy más el profe?
¿Quién es la persona más divertida de clase? ¿Por qué es tan divertida?
Si mañana te tocara dar clase a ti y fueras el maestro…¿Qué harías?
...

¿Probamos?
¿Se os ocurre alguna otra pregunta creativa?


Os invito a que las compartamos, seguro que entre todos logramos elaborar una lista de preguntas que podemos hacer a nuestros hijos para poder realmente HACER CON PALABRAS y CREAR MOMENTOS DE DIÁLOGO con ellos DE CALIDAD.



jueves, 12 de marzo de 2015

lunes, 9 de marzo de 2015

#amansaFRÍOS


Dicen que la música amansa a las fieras…del mismo modo que a veces hay quien piensa que un castigo o correctivo hará que una conducta inadecuada se corrija. No me gusta la palabra CASTIGO, ni la connotación que tiene…creo que es mucho más adecuado utilizar el término CONSECUENCIA y aplicarlo en el caso que se deba hacerlo…o puede que sea mejor aún el término REFUERZO, pero del POSITIVO. Al final, una “medida disciplinaria” no es ninguna venganza, sino una forma de que el niño en cuestión piense…reflexione, se haga consciente y evite en el futuro comportamientos que o bien le perjudican a él mismo…o perjudican a los demás.

El abanico de conductas inadecuadas es amplio, la lista podría ser muy larga. Además sería conveniente diferenciar entre una conducta meramente inadecuada y otra que pueda afectar la armonía en la convivencia. Podríamos mencionar algunos de esos problemas así como...

...no respetar las normas en casa o en la escuela.
...mantener un comportamiento oposicionista y desafiante.
...agresión verbal y física entre iguales.
…aislamiento.
...violencia en casa o en la escuela.
...conducta destructiva de material escolar o urbano.
…robos.
Y un largo etcétera que seguro se os podrían ocurrir.

Curiosamente vivimos rodeados de manuales...para poner en marcha todo tipo de elementos tecnológicos que tenemos por casa. Lamentablemente no existe el manual de la aplicación de consecuencias ante una conducta inadecuada. Lo que sí debería elaborarse es un documento que recoja pautas para velar por la buena convivencia en los centros. En el territorio dónde yo trabajo, también existe un decreto de aplicación sobre los derechos y responsabilidades de los alumnos. Creo que los alumnos deberían de conocer lo que en este decreto se recoge, no sólo en lo relativo a sus derechos (que seguro saben cuáles son) , sino en las obligaciones que tienen como seres humanos. Es interesante que todos los padres y madres también lo sepamos, porque si tenemos hijos en edades escolares deberíamos conocer qué es considerado como derecho y qué como responsabilidad y hasta dónde la escuela puede aplicar ciertos "correctivos" o no.

En lo que respecta a las casas, a veces tengo la sensación de que nos pasamos la vida repitiendo las cosas, AMENAZANDO…SÍ, habéis leído bien…AMENAZANDO. Por muy fuerte que nos pueda sonar, decirle a un niño que se va a quedar sin televisión dos días si no se limpia los dientes, también es AMENAZAR. Ahora bien, lo que se dice se cumple. Si bien en las escuelas tenemos serias dificultades para aplicar las medidas correctas ante una “conducta desubicada”, en las casas nos sucede lo mismo. Y las dificultades llegan porque a veces dudamos si la medida que queremos aplicar está en sintonía con la conducta inadecuada. Hay quienes me confiesan en entrevistas personales que ya no saben qué hacer con sus hijos porque “no le importa nada”…”todo le da igual”. Siento no estar de acuerdo con semejantes afirmaciones. A todos nos disgusta que nos castiguen, si bien podemos utilizar un escudo protector que no deje que se note todo lo que nos importa. ¿Quien se cree de verdad que a un niño no le importa suspender siempre? o ¿Estar constantemente en el pasillo? ¿O estar sometido al ceño fruncido del adulto un día sí y otro también? Yo no me creo que les resulte indiferente. Más bien creo que tal cómo sucede con ciertas enfermedades…hay niños que se vuelven inmunes al CASTIGO…se acostumbran a él…y aprenden a contener la rabia que llevan dentro…Y ya sabéis lo que sucede con la contención, que algún día termina explotando y saliendo a la luz, arremetiendo contra todo lo que se le ponga delante. Por eso…el término CONSECUENCIAS o MEDIDAS, me parece más apropiado. No tomarlas nunca puede ser muy contraproducente…pero abusar de ellas también. Los CASTIGOS podrían servir para evitar conductas inapropiadas en el futuro, pero se debe tener en claro que no permiten promover las positivas. Siempre es más fácil utilizar la motivación positiva que penalizar actitudes negativas. Y por el otro lado, los niños me suelen confesar que "después a mi madre se le olvida el castigo, siempre es igual...dice mucho pero hace poco". Así que hay casos en los que se repite hasta la saciedad la AMENAZA, logrando que nuestro peor rostro salga a la luz y desequilibrando la armonía familiar...para terminar no cumpliendo lo que se ha prometido; o peor aún, castigar sin avisar cuando la olla revienta después de haber soportado una situación límite. Generalmente no suele valer hacerlo de esta manera. Lo único que se consigue es que quien recibe la onda de la explosión, no repita su conducta "por miedo a", pero no "porque haya entendido que su conducta fuera inadecuada"...porque no lo ha interiorizado. Generalmente para quedar impunes y volver a ser inocentes, debemos RECONOCER lo que hemos hecho mal, DESEAR cambiarlo y hacer una especie de PENITENCIA, es decir, volver al camino correcto. Sólo entonces, al haber entendido que no podemos volver a desviarnos del recorrido, podremos decir que nos hemos "curado del todo".

Respecto a la escuela y quizás a la vida en general...hay niños que jamás dejan de ser “CULPABLES” porque siempre deben cargar con una mochila pesada, llena de piedras. Puede que gran cantidad de veces sean el perejil de todas las salsas o automáticamente terminemos pensando que ante cualquier conflicto debemos sospechar que “seguro que ha sido él o ella, porque siempre está metido en el ajo”. Ajo y perejil…o perejil y ajo…la cuestión es que algunos niños llevan la etiqueta de “HAS SIDO TÚ” casi toda una vida pegada en la frente. Hay veces que terminan creyéndoselo ellos mismos, ya que no les dejamos otra opción. Puede que os parezca equivocado, pero recuerdo casos en los que a ciertos niños se les ha puesto un sobrenombre que casi ha funcionado como apellido durante toda su vida “JAVIER EL MALO” le llamaban a uno de los que yo recuerdo. Imaginaos el personaje que debía cumplir aquel niño. Terminó inventándose maneras de cumplir con el status que le había sido impuesto…sin embargo interpretaba un personaje, jamás fue malo…todo lo contrario. Fue un niño muy amoroso, que terminó rechazando cualquier muestra de afecto porque le restaba juego a su rol de “perdonavidas”. 

Perdonad que no lo haya hecho antes, porque creo que ante todo, debería definir lo que yo entiendo por problema de conducta. En mi opinión se da cuando el comportamiento y las actuaciones de una persona tienen repercusiones negativas sobre ella misma (afectivas) y sobre todo en el medio en el que se desenvuelve su vida (familia, escuela, trabajo,...) por romper las normas establecidas de convivencia y perturbar las mismas. Habría que evaluar la intensidad, duración, frecuencia, edad a la que se presenta y el medio socio-cultural para considerarlo como tal. No es lo mismo dejar de limpiarse los dientes cuando es una norma establecida en casa o azotar a un compañero de clase. Normalmente un problema de conducta surge cuando una persona piensa de manera distorsionada, siente una emoción desintegradora tal como el miedo y actúa de forma destructiva, en forma agresiva habitualmente.

PERCEPCIÓN del estímulo…EMOCIÓN…DESEO…ACCIÓN…que generalmente lleva a la frustración personal.

Si los problemas de conducta son puntuales, seguramente la mejor solución la encontraremos en el diálogo y en la puesta en común de la mala gestión emocional. Si por el contrario los problemas son repetidos, nada mejor que aprovechar cualquier instante de buena conducta para felicitar al niño, más que recriminar constantemente las malas conductas. siempre es más eficaz aplicar la motivación positiva que la penalización...aunque sea imprescindible educar a los niños en responsabilidad.

Si se ha de aplicar una medida tener en cuenta que...

...es bueno indagar sobre las causas de la acción negativa que intentamos corregir y tener presente que censuramos la acción negativa, JAMÁS a la persona. Valorar la intención tampoco está de más. ¿Ha habido una intencionalidad o ha sido la consecuencia de la impulsividad?

...no podemos ni debemos humillar a nadie. Elogiamos en público y censuramos en privado.

...la consecuencia debe ser proporcional a la falta cometida y también tiene que estar relacionada. Jamás entenderé que se castigue a un niño sin jugar al fútbol por sacar malas notas. Y dejar a alguien sin salir de casa todo un mes tampoco resolvería "a priori" lo que debe ser solucionado. Hace falta bastante creatividad para diseñar estrategias de restitución.

...no está toda la familia castigada, sólo quien ha cometido la falta.

Y QUIZÁS LO MÁS IMPORTANTE...

...LO EFECTIVO, NO VA REÑIDO CON LO AFECTIVO...POR LO QUE, HASTA LAS CONSECUENCIAS O MEDIDAS SE DEBEN ESTABLECER CON CARIÑO, AFECTO Y AMOR.

Susurremos también la siguiente frase... mientras estamos aplicando una medida disciplinaria.


Yo te amo incondicionalmente (no si sacas un sobresaliente o llegas a ser médico). La vida está llena de obstáculos pero pase lo que pase tú pasarás por encima de todo. Siegel