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lunes, 5 de octubre de 2015

¡No quiero estudiar!


Me encontré con ella…una mujer entrada en años...con hijos ya mayores...autónomos e independientes. Una mujer luchadora, dinámica y activa pese a sus siete décadas…madre ella,  que había decidido vivir por y para sus hijos, olvidándose incluso de sí misma. Su objetivo además de que sus retoños encontraran la felicidad, siempre fue que ellos estudiaran…se labraran un futuro, para que les fuera posible obtener un empleo y pudieran ganarse la vida. Siempre tuvo la sensación de no haber alcanzado todos sus objetivos con el menor de sus hijos...que si bien había encontrado un buen trabajo, nunca quiso estudiar.

El día en el que tropecé con ella, reflejaba en su rostro una mezcla de sorpresa y satisfacción. Me saludó con su habitual sonrisa...pintada en un rostro dulce…su bella cara que contaba la historia de una mujer que había trabajado duro...y lo seguía haciendo. Me contó que su hijo recientemente había aprobado su acceso a la universidad...casi veinte años más tarde de lo que ella habría querido...pero celebraba que por fin aquel hijo hubiera decidido lanzarse al mundo universitario. Él había escogido la carrera de historia a sus cuarenta primaveras...iba a ponerse a estudiar, aquel hijo que tantos quebraderos de cabeza le había dado años atrás, aquel hijo tranquilo y sosegado, dócil y obediente que en silencio se negó a "hincar codos” cuando era niño, que volaba en su propio mundo cada vez que cualquier maestra trataba de explicarle algo en el aula, que parecía que escuchaba pero en realidad lo que hacía era resignarse a estar presente...casi sólo de cuerpo...ya que su mente se ausentaba buscando otras historias que le proporcionaran entusiasmo.

Obligarlo a estudiar cuando era un chico fue un empeño abocado al fracaso…él no sabía disimular por entonces su falta de interés, me consta que sigue sin poder esconder lo que siente, ni para complacer a los demás ni siquiera para que la vida se le haga menos complicada. En todo caso siempre mostró un alto interés por sus libros, por su música…y fue fiel a ellos, compañeros de viaje de los cuales no podía despegarse. Resolvía crucigramas y sopas de letras como nadie y respondía preguntas complejas de algunos programas de televisión, como ningún otro miembro de la familia...preguntas un poco complejas para el resto. Podía narrar al resto de la familia cualquier historia que previamente se había encontrado en alguna de las páginas que visitaba…y se lucía con su verborrea aunque después tuviera que recordar que su maestra indicara en el boletín de las notas de cualquier final de trimestre que él presentaba dificultades de comprensión lectora. ¡Qué poco lo habían conocido en la escuela! Era consciente de que pocos niños que lo acompañaban en las aulas podían tragar las letras e interpretarlas tan bien como él lo hacía…pero algún día alguien se daría cuenta de que le resultaba imposible concentrar su atención en la oratoria de sus maestros, tampoco pretendía hacerlo, no se había planteado fijar su pensamiento en lo que se decía en el aula para tratar de comprenderlo…y al no conseguirlo, le resultaba complicado enterarse de nada.

De alguna manera…llegó el interés por el estudio a su vida…el estudio en términos oficiales, ya que él sabía perfectamente que jamás había dejado de aprender, si bien lo había hecho por su cuenta. Fue un excluído del sistema, no culpaba a nadie…entendía que la responsabilidad había sido suya y que no había sentido ninguna motivación para luchar por ser parte de la rueda…por eso no giraba al mismo compás que algunos de sus compañeros…que reconocían a escondidas que no entendían para qué les servía todo lo que les intentaban meter en sus cabezas en la escuela. Ellos decidieron resignarse y entrar “al trapo”, mientras que él fue considerado “un caso perdido”…un niño con un problema de comprensión que se leía tomos enteros de libros que incluso alguno de sus docentes ni conocía…pero eso no contaba, eso era un punto y aparte.

Aquella madre había entendido el significado de la frase “nunca es tarde…si la dicha es buena” y estaba orgullosa de que su hijo se hubiera dejado seducir por la llama de la motivación, aunque su vida estuviera destinada a verlo cumplir cada día ante una cadena de producción en una empresa…había llegado el momento para hacerlo…para ponerse a estudiar y demostrar al mundo que era tan capaz como cualquiera.

No sé si conoces a alguien que haya expresado su intención clara de no estudiar…puede que lo haya hecho en silencio y haya pasado inadvertido en tu vida. Te diré que desde mi experiencia docente…pienso que los niños que “no quieren”, son los más difíciles…son los que más impotencia nos hacen sentir, ya que en la mayoría de los casos descubrimos que a pesar de que su nivel de cognición es alto…se niegan a ceder ante las exigencias escolares…ni tienen intención, ni vehemencia…mucho menos perseverancia. La intención es lo primero que necesitan para cualquier disciplina, la vehemencia o entusiasmo es lo que podría proporcionarles ganas de seguir adelante y la perseverancia seguramente les ayudaría a crear un hábito…pero ¡nada que ver! Sus objetivos…lejos están de parecerse a los que son determinados por los que dictan los estándares de la escuela.

Muchos son los padres y madres que ven cómo sus hijos no cumplen con sus expectativas y el viaje del aprendizaje se convierte en una tortura insana y poco productiva por el estrés que conlleva manejar los sentimientos y emociones de unos y de otros. En todo caso, creo que el punto de partida para poder comenzar a trabajar con estos niños es investigar si estamos ante vasijas que están boca a abajo, si son vasijas con algún agujero  o vasijas que contienen veneno. Un recipiente que está boca abajo, siempre estará vacío…y uno perforado, dejará que se escape el contenido. En el peor de los casos, tendremos que lidiar con un recipiente que contenga veneno…que contamine así mismo el agua. Si aclaramos nuestras motivaciones y las de ellos, habremos comenzado a sujetar las riendas para poder poner la vasija boca arriba y abierta a experiencias...dispuesta a contener diferentes aprendizajes. Insisto en que nada se logra sin la intención de hacerlo…pero debemos añadir a esta intención una dosis de entusiasmo y una práctica continua que asegure la duración de cualquier acción. Es por esto que no está de sobra enseñar a los niños a “usar la mente para aplastar a la mente” y prepararlos mentalmente para hacer algo que no les guste demasiado…aunque sé que es muy complejo, ya que en este punto entran en juego las emociones y debemos educarlos para que las gestionen adecuadamente. Y acercarse a las emociones a veces duele…y la escasa madurez atencional y emocional impide que los niños presten atención a emociones “difíciles”.

Habla y escucha a ese hijo que te expresa que “no quiere estudiar” y averigua qué es lo que le pasa…abre los ojos…nadie conoce como tú a ese ser a quien diste la vida. Interésate por todo aquello que le guste…recuerda que la disciplina jamás está reñida con el afecto…ni con el diálogo. Siempre podréis llegar a soluciones pactadas y cuando tengas la clave...

…hazlo sencillo. Ayúdale a simplificar. A menudo ven los estudios como algo mucho más complejo de lo que en realidad es. Recuerda que hay magos que salen a escena con muy pocos elementos…y sin embargo son capaces de dejar perplejos a los espectadores.

Hazlo divertido. Quizás necesite comer algo o descansar antes de ponerse a estudiar…o puede que necesite algún estímulo que le ayude a mantener una actitud más positiva. Cuando los agotamos en la consecución explícita de logros, resulta difícil asumir una actitud mental clara y no reactiva para alcanzar sus objetivos…y también dejan de divertirse.

No pierdas el sentido del humor. Recuerda que cuando lo pierdes, las cosas dejan de tener gracia.

Respecto a ti…mamá…papá…encuentra un sistema de apoyo que te acompañe a lo largo del proceso. Siempre puedes conectar con personas que estén en tu misma situación. Avanza con cuidado cuando los niños hablen de emociones dolorosas y no tengas miedo a pedir ayuda a algún profesional si algo te inquieta.



Sé que quieres lo mejor para ellos…y siempre haces lo que crees que es mejor para conseguirlo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Un NO…que es casi un SÍ


¡Cuantas veces tengo la sensación de que nuestro interior nos dicta un NO y terminamos balbuceando un SÍ…trabado entre los dientes por no batallar! Sinceramente creo que es algo que como docente y madre tendríamos que enseñar a nuestros niños…”UN NO…ES UN NO”…y lo es para todo el mundo…lo es para ti cuando te lo dicen y lo es para los demás cuando tú sacas la tarjeta roja del NO.
Leía en la prensa la semana pasada, que aquí donde yo vivo...repartirán guías, pegatinas y chapas con el fin de invitar a los jóvenes a adoptar una actitud activa frente a las agresiones. El mensaje está claro…”NO ES NO. Insistir es acosar. Acosar es agredir”. En el artículo titulado “Por unas fiestas sin violencia sexista” se nos recordaba que la mezcla de alcohol y el desenfreno no siempre tienen buen final y no es justo que haya quien tenga que pagar sus consecuencias…soportando una situación de temor ante una posible agresión, faltas de respeto, juicios o insultos. Aún hay quien no entiende el significado del NO y sigue alimentando una epidemia global que lastima y perjudica.

Y hoy es lunes…28 de septiembre. Sé que puede que nada te diga esta fecha, sé que puede que sea un lunes cualquiera para ti…parecido al anterior, un lunes que en tu caso abre una semana intensa…o a lo mejor no tanto. ¿Sabes? Para mi es distinto, déjame que te cuente por qué.

Hoy comienzan las fiestas patronales, tres días de ajetreo constante…tamborrada, cohetes, música…exceso de ruidos y luces...llanto de algunos niños que nunca tienen suficientes vueltas en las ferias y quieren más…alegría de otros que ya tuvieron bastante…cuadrillas de jóvenes ilusionados con planes de exprimir hasta el último día…con sus respectivas noches…pañuelos que abrigan los cuellos de quienes desean lucir un adorno festivalero…zapatillas deportivas que caminan a las órdenes de quien se dispone a recorrer las calles con ánimo de no perderse hasta el último detalle…teléfonos que suenan sin parar y disparan incansablemente sus flashes…ávidos de captar el momento para lucirlo en Instagram…bares que esperan con sus cámaras repletas de...

Quiero dejar de pensarlo…tengo que lograrlo…llevo días escuchando a otros padres y madres que viven con la preocupación pegada al alma…que están deseando que pase el huracán de estas fiestas…que cruzan los dedos para que todo transcurra con normalidad. Hablan de bebidas nuevas…modas que no conocemos…costumbres adquiridas que no podemos ni imaginar…porque ya no formamos parte de la tribu, porque ya se nos pasó aquella fiebre de juventud, ya no vamos a poder infiltrarnos entre ellos porque no van a permitirlo, ellos manejan un código que no nos pertenece, conocen el lenguaje de la calle del que estamos distanciados. En todo caso te van a contar lo que quieran contarte…y no te queda más que fiarte, tragar y tirar para adelante…cuidándolos desde la distancia, recibiéndolos con alivio cuando abren la puerta y agradeciendo que les fuera bien…alegrándote incluso de que se divirtieran de manera sana y natural…al igual que lo hiciste tú.

Pero esa voz…esa película que pasa por tu mente...de lo que fue cuando tenías tú el turno…imágenes de lo que viviste hace ya algunos años…fotografías divertidas de tu adolescencia y juventud. Y otra vez la voz que no cesa que no para de susurrarte y te narra...

…tú que viviste las fiestas años atrás en el centro del tornado…que te sentías incomprendida por los adultos, por tus padres, que mirando sus relojes cuando llegabas a casa, te preguntaban qué era lo que podías hacer hasta aquellas horas…altas horas de la madrugada…cuando en lo mejor de la fiesta tenías que marcharte para llegar, para meterte entre sábanas y descansar…tú que alguna vez también sentiste un cosquilleo cuando un petardo anunciaba que comenzaba la aventura…tú que ahora miras los toros desde la barrera…tú que ves que comienzas a comprender lo que sentían tus padres cuando miraban una y otra vez tu habitación…inerte por tu ausencia…una cama y un colchón frío y vacío que te echaba de menos.

…tú y tus circunstancias…experiencias vividas en tu pasado, parece que fue ayer y sin embargo ha llovido tanto desde entonces…y ahora mírate…mírate en el espejo…sonríes recordando alguna anécdota…alguna travesura inofensiva con la que te lo pasaste en grande y ahora eres tú…la misma pero con una manta en el sofá…esperando a quien tomó tu relevo…aquel a quien tuviste en tu vientre…aquel a quien protegiste tantas veces…aquel a quien mirabas cuando dormía en su cama…aquel que te falta porque ha encontrado quehaceres mejores y más interesantes que acompañarte…que está viviendo su momento de euforia…aquel que esperas que llegue en buenas condiciones…de la misma manera en la que atravesó la puerta tras pronunciar un hasta luego…ÉL…a quien vas a esperar...

Él…a quien tanto has hablado…a quien amas profundamente…desde tus entrañas…a quien quisieras que jamás le sucediera nada que pudiera perjudicarle…a quien trataste de educar lo mejor que supiste y pudiste…ÉL…que sabes que te quiere…pero que te pide que sueltes amarras…que te dice que deposites tu confianza en su buen hacer…que tiene pocas batallas a sus espaldas y muchas otras que librar por su cuenta…donde tú ya no dominas territorio. Él…que hambriento de vivencias…osado en esencia…creyente de que nada puede con su fortaleza y a quien tú aún ves como presa fácil…tú y tu instinto maternal, o paternal…tu mente adulta que quisiera controlarlo todo y al mismo tiempo es consciente de que hay cosas que se le escapan entre sombras y neblinas…tú que necesitas creer que todo lo que le has transmitido haya calado en él. Y en verdad confías en él…porque se lo ha ganado a pulso…pero tienes esa manía de olisquear el peligro en el aire…y alimentar tus miedos.

Ellos…los de fuera…los que hacen posible que lo prohibido esté al alcance…al alcance de todos, pero a ti quien te importa es ÉL, una vez más…ÉL, ese que esperas que no se tuerza por mostrarse vulnerable…a pesar de que esté en edad de poder hacerlo…

Tú otra vez…recordando que eres tú misma la que decide depositar algunos billetes en su mano alargada…consciente de que quizás los malgastará en lo que le dices que NO…pero que es consentido en silencio indirectamente…tú…que no quieres criarlo en un mundo apartado del mundo real al que decidiste traerlo y por eso sigues ciertos cánones establecidos por los demás…de los que también formas parte…No lo haces siempre…pero a veces cedes, aún cuando no te convence del todo. Pero te planteaste no ser intransigente ni rígida y terminas dando paso. Has negociado la hora de vuelta…al menos puedes hacerlo todavía…pero a él...no lo vas a ver mientras permanezca fuera de tu campo de visión...

Y...¿qué puedes hacer? te preguntas mientras miras el reloj…deseando de que las agujas corran lo más rápido que puedan y arañen el tiempo que falta para que puedas exhalar el aire que llevas contenido…tú…con tus miedos, con el discurso interno que te dicta lo que debes sentir…con ese parloteo interior con el que luchas cuando te martillea con palabras que te agitan por dentro…TÚ…que sabes que a veces lo que debería ser NO…es casi un SÍ porque de alguna manera lo consientes. Nadie que conozca va a quejarse a los bares en los que puede servirse cualquier cosa por ley prohibida…nadie se atreve por vergüenza…por miedo a sentase rechazado hasta por sus propios hijos…por miedo a represalias contra su persona o lo que es peor…por temor a que sea su propio hijo quien tenga que pagar la cuota.



Solo te cabe esperar…que ÉL tenga presente que el “NO es NO”, y que sepa pronunciarlo ante quien sea…se mofe o se ría de él…y que se haga respetar por quien convierte los NO en SÍ.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Les falta el aire...


Les falta el aire…porque ya desde pequeños son dominados por sus agendas…repletas de actividades extraescolares que persiguen prepararlos para un futuro brillante.

Les falta el aire…porque deben correr en contra de las agujas del reloj, para llegar puntuales a sus citas cotidianas con sus respectivas exigencias que los ahogan.

Les falta el aire…porque su jornada no termina una vez que suena el timbre del colegio y deben correr una maratón diaria que los agota y estresa.

Les falta el aire…por falta de tiempo para respirar.

Recuerdo que cuando era pequeña, terminaba el colegio y me marchaba a jugar a la calle con mis amigas y vecinos del barrio…hasta que llegara la hora de hacer la tarea y de cenar…antes de acostarme y descansar. Parece que las costumbres han cambiado…y cada vez son más los niños que tras terminar la jornada en la escuela, deben merendar a toda velocidad…sobre la marcha o dentro del vehículo que los lleva a todo correr a cualquier otro sitio donde deben seguir acumulando conocimiento sobre otras materias complementarias. Eso…cuando no deben engullir sus meriendas mientras se cambian de ropa…o quizás prescindir del bocadillo por no poder rascar unos cuantos minutos al día.

La cuestión es que hace algunos días me encontré con que Nora, una niña de once años, no podía cuadrar su agenda con sus compañeros para hacer un trabajo grupal…sus horarios no casaban con los horarios del resto…ocupados también por sus obligaciones. Otra compañera de trabajo, me hablaba de Ane, que lloraba angustiada…una niña de catorce años que comenzaba a verle las orejas al lobo al comienzo de curso…¡cómo será su final! Una niña que se daba cuenta que las exigencias del colegio iban en aumento y sus cinco actividades extraescolares le impedían realizar las tareas…por otra parte ineludibles…que sus maestros comenzaban a demandarle. Y yo pensaba…¿por qué nos lo cuentan a los docentes? ¿Somos los maestros quienes debemos adaptarnos a los ritmos estrepitosos impuestos a estos pobres niños? No sé si no se atreven a plantear sus problemas en casa o si por el contrario ya lo han hecho y buscan su consuelo en nosotros. No sé si lo que buscan es que los tratemos de forma diferente y les exijamos menos en el colegio para que puedan responder a sus tareas complementarias…no sé qué va a ser de ellos, la verdad no lo sé.

Cada vez más niños se quejan de que "no llegan” a todo. Algunos padres comentan que prefieren que sus hijos hagan otras cosas más provechosas que ver la televisión o jugar en el parque con sus amigos…otros padres repiten que “el saber no ocupa lugar” y que cuantas más cosas hagan mejor estarán preparados para el futuro…ese futuro tan negro en el que presumen que sus hijos deberán competir para hacerse un hueco en el mundo laboral…hay padres que confiesan claramente que deben apuntar a sus hijos en diversas actividades porque ellos no pueden atenderlos y se ven obligados a enviarlos a escuelas de música…pintura o a entrenamientos de diversos deportes, ya que hacerlo, les soluciona la vida…porque los adultos no pueden estar con sus hijos al verse desprovistos de su tiempo por tener obligaciones profesionales y tampoco tienen a nadie que los atienda. También hay padres que aseguran que son sus propios hijos quienes exigen que los apunten a clases extraescolares, porque sus amigos también van y quieren pasar su tiempo libre con ellos…aunque sea en un contexto regulado por otros adultos, por monitores formados para ello.

La pregunta es si verdaderamente “jugar” es perder el tiempo…si eso de “saber no ocupa lugar” no es del todo cierto y que el exceso de información y actividad no hace más que saturar a los niños…empachándolos absolutamente y llenando sus “discos duros” hasta casi quemar los fusibles…si no será que al final de todo...lo que se consigue con el abuso...no es más que atraer a las dificultades hacia nuestros niños…serias dificultades para que puedan concentrarse…serios escollos que no permiten que puedan disfrutar del momento…de ese AHORA que tanto predicamos…niños siempre preocupados por la siguiente actividad que se les echa encima…niños excesivamente programados, que terminan por aburrirse cuando no tienen a su lado a alguien que les gestione el tiempo…niños con un ámbito de decisión limitado…que podrán terminar por carecer de creatividad…la cuestión es si da exactamente igual que nuestros hijos tengan que sociabilizarse en entornos reglados y prescindir de hacerlo en escenarios libres como parques u otras zonas de juego diseñados para que den rienda suelta a su imaginación.

¿Son ellos los que quieren acudir a las famosas clases extraescolares? ¿Somos nosotros quienes necesitamos que lo hagan? ¿Somos los adultos quienes insistimos en someterlos a esa “formación cultural” para sus futuros?

La verdad te digo…que se me parte el alma al escuchar a niños de diez u once años decir “no me queda tiempo”…niños que seguro están siendo preparados para sus futuros…cuyos padres desean hijos exitosos…pero padres que quizás olvidan que jugar proporciona aprendizajes básicos para el desarrollo personal de sus retoños…aprendizajes relacionados directamente a la capacidad de crear e innovar y buscar soluciones por si mismos…habilidades imprescindibles también para esos futuros…habilidades relacionales y emocionales que facilitan una vida social sana. 

Las agendas apretadas en los niños parecen ser más la norma que la excepción. La creación de “chavales programados”, es decir, niños programados de manera productiva para los cuales hasta el último minuto de su tiempo está planificado está siendo hoy por hoy un grave problema, ya que en ciertos casos no se llega más que a arrebatarles la infancia  y pasar a tratarlos como si fueran adultos en miniatura.

Me gusta una frase de Rousseau que dice que “La infancia tiene su propia manera de ver, pensar y sentir, no hay nada más estúpido que intentar sustituirla por la nuestra.” Los niños deben vivir una vida de niños, en vez de considerarlos en todo momento como parte de un plan maestro para diseñarles el futuro. La vida no es un ensayo…¡la vida ya ha empezado!

No es fácil…lo sé…no es fácil educar a los niños en el siglo XXI…donde sobran consejos sobre como hacerlo. Quizás bastaría con tres pautas antes de “realizar el plan anual” para ellos.

Primero reflexión…para preguntarnos el por qué…el por qué necesitamos apuntar a los chicos en diferentes actividades, para saber si verdaderamente a ellos les gusta el dibujo, la música, el baile o el deporte…preguntarnos si no será que nos sentimos presionados por los demás, por seguir la ola que domina…si no será que lo que queremos es ser arquitectos de sus mentes…si no vamos a estar mucho más contentos si disponemos de tiempo libre para pasarlo juntos sin seguir un horario.

Segundo resistencia…para no hacer caso al “cuanto más deprisa mejor”…resistencia porque jugar también permite a nuestros niños aprender. ¡Vaya si lo hace!

Tercero reubicación…reubícate tú para poder participar en situaciones de juego y relación con tu hijo…porque así lo verás en acción, porque así te convertirás en un padre más sensible y receptivo.

Sería más que deseable ajustar la velocidad al momento y a la persona…ya que el tiempo no puede colonizar nuestras vidas…sino que hay que devolverlo a los niños y niñas, para que pueda ser vivido plenamente y para que sea un tiempo plenamente educativo.

Por otra parte…si la vida no nos permite cada día jugar, bailar, vivir…habrá que cambiar algo ¿no te parece?

Mientras tanto...

que a nadie le falte el aire...


lunes, 20 de julio de 2015

Objetívate


Parece más que claro, que todo cuanto hacemos en la vida, está orientado a alcanzar un objetivo. Decía Laurence J. Peter que…”si no sabes donde vas, acabarás en otra parte”. Todos tenemos la gran capacidad de fijarnos objetivos y trazar planes para lograrlos. Podríamos relacionar la palabra objetivo al “fin" al que se desea llegar, la meta que se pretende lograr. Así mismo, cualquiera de nuestros objetivos nos impulsa a tomar decisiones o perseguir aspiraciones, correr detrás de un propósito.  Objetivos…destino, meta, el punto de mira de un arma, el blanco…el fin específico al que deseamos llegar pero que…tiene un cierto nivel de complejidad. Y ante esto deberíamos preguntarnos si realmente estamos condicionando nuestra propia felicidad ante el cumplimiento de nuestros propios objetivos. Si la respuesta fuera sí seríamos esclavos de ellos. Pienso que no hay mayor ambición que la de poseer una libertad conductual…que nos dota del poder para regularnos y responder ante las diferentes situaciones de la vida…desde una conducta libre…no adulterada ni a merced de los que nos rodean.

La conducta son los aspectos observables, medibles y cuantificables del comportamiento humano, que no es más que el conjunto de actos exhibidos por el ser humano y determinados por la cultura, las actitudes, las emociones, los valores de la persona y los valores culturales, la ética, el ejercicio de la autoridad, la relación o la genética. Y por otro lado tenemos la actitud, que al fin y al cabo es un juicio evaluativo, la propensión favorable o negativa del individuo hacia un objetivo. Las conductas no están aisladas e inconexas respecto del sujeto que las realiza, sino que están unidas a él, se hallan referidas al marco de su “persona”. Dicho de otro modo, las conductas no son ciegas ni se dan por azar, sino que representan acciones típicas de un sujeto, son expresión peculiar de él. Podemos reconocer que determinadas conductas son propias de tal o cual sujeto: son sus modos de resolver una determinada situación. Por lo tanto, las conductas son una manifestación de la persona, de un “yo” particular, o sea, expresan su personalidad.

Objetivos...
          …conducta...
                    …comportamiento...
                              …actitud.

En definitiva uno de los objetivos que más perseguimos es el de ser amados, aceptados, queridos. El amor es la manifestación de la vida. En el fondo…todos buscamos el amor, si bien nuestra conducta no es siempre la más adecuada para lograrlo. ¡Qué importante es observar nuestra manera de conducirnos por la vida para conseguir nuestros objetivos! Observar para ser conscientes de las veces en las que nuestro ego nos juega una mala pasada, ese personaje…ese bicho que a veces interpretamos...que nos aleja de nuestro propio SER. Ese monstruo al que a veces no podemos dominar y nos lleva presos. Ese “modo” de hacer las cosas…a veces impregnado de ira…o de orgullo…o de vanidad…o de envidia…o de avaricia…o de miedo…o de la adoración a la gula, lujuria o la propia pereza. De nada sirve negarlo o no querer verlo, más bien al contrario…y no nos libramos ninguno por mucho que deseemos lo contrario…no faltan ocasiones en las que nos comportamos conforme a lo que nos dicta nuestro ego. Y aquí está otro de los grandes objetivos de la vida…eliminar las capas que no nos dejan ser lo que en realidad ya somos y porque YA SOMOS…no podemos tener más valor.                                                                                                                                                                                                                                                               

Voy a dares unas pistas de los diferentes “personajes” que podemos encontrarnos. Seguro que todos reconocemos a quienes han decidido escribir su propio manual de instrucciones para la vida y no ven más allá de lo que ellos piensan que está bien o está mal, aquellos que solamente ven sus propias ideas y son expertos en utilizar la “culpa” como instrumento para lograr sus objetivos…mandones con cuchillo que no atienden a ninguna razón que no esté reflejada en su propio manual de conducta.

Tampoco faltan aquellos que están siempre dispuestos a ayudar y dar…sin que se lo pidan…y a veces dan sin necesidad, porque entienden que portarse bien en la vida es ayudar al prójimo cuando en realidad lo están comprando y haciendo esclavo para sentirse mejor.

También podríamos fácilmente identificar a los vanidosos, que vuelcan todos sus esfuerzos en interpretar a un personaje relacionado con el éxito, que buscan ser el número uno en todo y se especializan para lograrlo, que pueden llegar a manipular a quienes los rodean con tal de brillar allá donde van.
 
Tenemos por supuesto a los envidiosos, que “lloran para mamar” y para que les resuelvan la vida, que tienen como objetivo quedar siempre por debajo de los demás para que se compadezcan de sus problemas…pero al mismo tiempo no quieren dejar de tenerlos, ya que es su única arma para que sean tenidos en cuenta.

Otros pueden responder al personaje avaricioso, ese mismo personaje que se aleja del mundo y las personas porque los considera invasivos, se distancian casi hasta de su propio cuerpo, para refugiarse en su poderosa mente…personaje con miedo a perder, a quedarse vacíos si entregan hasta sus propias emociones…por eso minimizan sus necesidades y su dependencia de los demás, para que nadie pueda exigirles nada. 

Con todos los anteriores conviven los miedosos, los que a veces creen que hasta vivir es peligroso y evitan enfrentarse a lo que consideran como una amenaza…que a lo mejor sólo está en su imaginación.

Los que adoran la gula, buscan solamente dejarse de historias y pasárselo bien…son buenos anfitriones y están probablemente encantados de haberse conocido a sí mismos…pero desean prácticamente hacer lo que les venga en gana.

Y además tenemos aquellos que muestran su pasión por la lujuria que adoran el poder y lo único que desean es estar por encima de los demás y viven como si estuvieran en guerra todo el día.

Por último tenemos a los perezosos, que se anestesian para no sufrir y evitan toda clase de conflictos, son obedientes y abnegados.

Es fácil reconocer a alguien que responde a los patrones que describo. Lo difícil es reconocerse a uno mismo en ellos. Puede que veamos mucho más fácil la paja en el ojo ajeno que la viga en nuestro propio ojo…pero creer que todos respondemos a alguno de estos eneatipos en la vida. Ninguno es mejor o peor que otro, pero debe ser reconocido y domado, ya que si todas nuestras acciones en la vida están enfocadas a lograr objetivos…que estas acciones sean lo menos contaminadas por este tipo de personaje sería más que deseable.

Por eso os planteo que desarrollemos la capacidad de definir nuestros objetivos desde una perspectiva positiva, fijando fechas realistas para lograrlos y midiendo los resultados como claves para alcanzarlos. Objetivos razonables, que estén a mi alcance. Pensemos que qué cosas podemos hacer…preveamos el resultado…analicemos las posibles consecuencias de nuestros actos…y hagámoslo visualizando el mayor número de opciones de ejecutar un plan para poder escoger la mejor de las opciones. Practiquemos y perseveremos, comprometámonos al máximo para poder conseguirlos. Sin miedo, sin prisa y haciendo lo que debemos hacer, derechos por la vida como decía San Agustín…”es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja."


Quizás la meta más importante en nuestra vida debería ser alcanzar la verdad, la bondad, la justicia o la belleza y por qué no decirlo…el amor. Tengamos en cuenta que el objetivo del juego no es la victoria, sino el arte. Por eso, puede que el principal objetivo de la vida no sea alcanzar el éxito, sino el placer por hacer, el placer de su resultado y el conocimiento del valor que tiene ese resultado para el resto de la comunidad que nos rodeasin preocuparse tanto por los fracasos, y recordando que perdemos muchas posibilidades si no lo intentamos.


lunes, 27 de abril de 2015

#rupturaFRÍA


Aquella mañana su rostro comunicaba algo diferente a lo habitual. Sus ojos azules no sonreían como lo hacían cada mañana y apretaba los dientes en un intento de no ponerse a llorar desconsoladamente. Sonó el timbre, que daba la "buena noticia de que tocaba ir al patio a jugar". Aproveché que me dio la espalda para poner mi mano en su hombro y preguntarle lo que le pasaba…al mismo tiempo que deseaba transmitirle el mensaje "me tienes aquí".

Laura era muy vital, extremadamente alegre, parecía que iba a comerse el mundo…sin embargo…cualquiera que tuviera el honor de bucear en sus entrañas, iba a conocer a una niña con miedo, mucho miedo…sobre todo pavor a no ser querida, además de una buena ración de rabia e impotencia. Era de las que no se quedaba callada, pero su gracia al decir las cosas conquistaba a cualquiera que tuviera en frente. Alguna vez me había dicho que me proponía el juego de que fuera su "madre" mientras estábamos en clase…y ese mensaje en realidad escondía una súplica. Adoraba a su madre, no cabe duda de ello y sentía pasión por su padre…su rostro se iluminaba cuando hablaba de él. Lamentablemente no podía tenerlos a los dos a la vez. Hacía tiempo que decidieron poner punto y final a una relación que dejó de funcionar…y Laura creció entre idas y venidas…se acostumbró a la situación y aceptó la realidad que la vida le puso delante. Era muy natural cuando hablaba de su situación personal…muy madura para su edad, sus doce años de recorrido por el camino de la vida le habían servido de mucho, aprendió a luchar…puede que además aprendiera a disimular y a mostrarse valerosa cuando en realidad se moría porque alguien la meciera en sus brazos como si fuera un bebé…No porque le faltara el amor de sus padres, sino porque era muy cansino mantener el tipo de que nada pasaba cuando su mundo interior se tambaleaba.

Llegó al abismo más profundo cuando su madre le comunicó que debía marcharse del pueblo a otro lugar, ya que no encontraba un trabajo estable que pudiera aportarle la tranquilidad y seguridad que necesitaba para vivir relajada. Sara, la hermana mayor decidió sin ninguna duda que viajaría con su madre. Era ella quien tenía la custodia y por otra parte, la hermana mayor ya estaba en edad de comenzar el Bachillerato y en realidad no sentía apego por sus amigos ni por el lugar donde había vivido toda una vida. En breve comenzaría sus estudios universitarios, por lo que entendió que no era tan grave tener que prescindir de la compañía de sus amigos. Ya establecería nuevas relaciones allá donde la vida le llevaba. La madre estaba absolutamente segura de que la pequeña de la familia pondría más resistencias al cambio, pero no les quedaba otro remedio que buscar oportunidades en cualquier otro lugar y comenzar casi desde el punto cero. Pero aquella madre no se equivocó con su hija en puertas de entrar en el período adolescente, la conocía muy bien y sabía que no se lo iba a poner muy fácil.

Laura expuso ante su madre que no quería marcharse…es más, le dijo que no pensaba irse. Era una respuesta lógica para una chica en edad de "mis amigos lo son todo". Los problemas crecían para aquella madre que además de tener que abandonar un lugar al que se había acostumbrado, tenía que luchar contra una niña que se oponía en rotundo a cambiar de residencia. Por lo tanto, no podía más que buscar ayuda…pedir al padre a quien alguna vez había amado que la ayudara y que convenciera a Laura de que no le quedaba otra alternativa. Fue entonces cuando constató que tocó la puerta equivocada. Por desgracia, a veces sucede que no existe acuerdo en los criterios y "maneras de hacer" y estas diferencias se incrementan mucho más cuando la pareja se rompe. Aquel padre contribuyó aún más a que Laura fuera más resistente al cambio...a no querer marcharse, ya que le ofrecía quedarse con él…le sugirió sutilmente que ella podía decidir lo que quisiera hacer. Que ya tenía edad para decidir si dónde quería vivir. Y así la dejó, con aquel peso terrible sobre sus espaldas, para que se lo pensara.

En realidad, la niña estaba destrozada, perdida, desorientada. Había tenido que asumir la separación de sus padres desde bien pequeña y ahora sentía que si se marchaba con su madre, perdía el vínculo con el padre y sus amigos…pero si se quedaba con el padre, debía separarse de su madre y de su hermana…a quienes adoraba. De negarse en rotundo a hacer las maletas, pasó a desear que alguien le ordenara lo que tenía que hacer…porque aquella carga le pesaba demasiado. Me lo contó sentada en mi regazo, buscando respuestas a sus preguntas, buscando a un adulto que le protegiera, un adulto que le diera la solución…YO. Pero ¿qué podía decirle yo? ¿Qué debía sugerirle sin dañar los sentimientos de nadie?

Siempre he pensado que lo más difícil en un caso de separación es lograr una COHERENCIA EDUCATIVA. Los hijos deben percibir por su propio bien que tanto la madre como el padre son uno a la hora de educar.  Necesitan unas pautas consistentes, el mismo tipo de respuesta sea cual sea el adulto que tiene delante, ya que al percibir pautas contradictorias se sienten desconcertados. No obstante, en muchos casos se juega a competir, cuál de los dos miembros de la ex pareja es "mejor" y más benévolo. Así uno gana y el otro…pierde. Pero, quien es derrotado en realidad es el hijo. Si bien cuando la pareja vive bajo el mismo techo, las discrepancias y desacuerdos existen…cuando se da la ruptura estos se acentúan, siendo una fuente de tensión que afecta a todos, sobretodo a los hijos.

Todos los niños precisan de padres y madres que si bien nunca serán perfectos, ya que la perfección no existe, sí que pueden ser modelos de conducta adecuados. Seguro que nos sabemos todos la teoría pero la práctica cuesta un poco más en casos de progenitores alejados.

Puede que os parezca que me dejo algo en el tintero en esta lista que a continuación os dejo, pero en mi opinión los hijos de padres y madres divorciados o separados necesitan padres y madres...

- Dialogantes y afectuosos…pero FIRMES EN SUS DECISIONES.

- Capaces de separar sus propios conflictos de las relaciones con sus hijos.

- Respetuosos, sin inhibiciones ni usurpaciones o descalificaciones al otro miembro parental.

- Responsables y civilizados…que traten de ser justos consigo mismos y con los demás, buscando lo mejor para todos.

- Maduros, flexibles y generosos,  que animen a los hijos a relacionarse con el otro progenitor olvidándose de sus propios intereses. Que los padres se separen no quiere decir que los hijos deban privarse de la relación con ninguno de sus progenitores, ya que los niños siguen queriendo a los dos.

- Fuertes y optimistas, sin dar lástima a los niños cuando estos se van con el otro, sin despedidas dramáticas. Debemos amarlos pero también debemos permitir que el otro los ame.

- Adultos en el sentido más amplio de la palabra, que no utilicen a los niños como mensajeros. Las cosas entre adultos…entre adultos deben ser tratadas.

- Personas ante todo que se cuiden y busquen estar bien, sin que sus hijos sean su único centro. Antes que padres o madres somos personas.

Desafortunadamente no siempre es así, y en algunos casos los niños están en mitad de una guerra sin sentido, que daña a todos los implicados en ella. Lo más grave es que a veces los niños escuchan y observan mucho más de lo que los adultos se creen y son conocedores de las cosas que suceden. Hay una frase dónde un padre le dice a su hijo que tenga cuidado con lo que hace. El hijo le responde que tenga mucho cuidado él, ya que el niño sigue sus pasos. Y es cierto que nos siguen el rastro. Cuando las cosas entre una pareja no funcionan, seguramente la mejor solución es romper, por mucho que los hijos deseen que sus padres estén juntos. Pero hasta romper puede hacerse bien, sin cortar a nadie para que se desangre.

Volviendo a conectar con mi querida Laura, os diré que se quedó con su padre…al año siguiente se fue con su madre…arrepentida de haberse alejado de ella y de su hermana. Después volvió otra vez a la casa paterna…ha vivido una vida entre equipajes, de idas y vueltas. Quizás sea feliz así o puede que esta experiencia la haya marcado por siempre y sea una persona llena de inseguridades. Le tocó crecer demasiado pronto, le tocó madurar mucho antes que sus amigos. Seguro que también le tocó aprender y madurar.

Ultimamente la veo acompañada de un chico, su sonrisa sigue dibujada en su rostro y sus ojos azules brillan…parece que está contenta y ha sabido adaptarse a las circunstancias. Me siento orgullosa de aquella pequeña que sentada en mi regazo me abrazaba y lloraba desconsolada. Es una de las personas que más ternura ha provocado en mi, aún cuando ya es una mujer, cada vez que la veo me inspira un cariño muy especial.


Dicen que todos los caminos conducen a ROMA, pienso que con los niños todo me conduce al AMOR, que tiene las mismas letras. Amarlos, mostrar que los amamos y decírselo siempre es una de las medicinas que lo cura todo.


lunes, 30 de marzo de 2015

Sin compañía en la ducha


El peor día de la semana para Silvia era el miércoles. Cada semana tenía que arreglárselas para terminar su actividad en educación física y esperar hasta que las duchas colectivas se vaciaran para poder ducharse en soledad. Su profesor le obligaba a ducharse aunque sintiera que se ahogaba de la ansiedad que le producía pensarlo. Buscaba excusas…y las excusas minaban sus rutinas diarias. Un día era la laringitis que se inventaba la que no le permitía ducharse…otro día se las apañaba para salir antes porque tenía que acudir a cualquier lugar…todo para no tener que desnudarse ante los ojos de los demás. A veces conseguía escapar de tener que pasar un mal rato…otras se metía en el lavavo esperando a que los demás terminaran para poder entrar en aquella sala de las torturas…la ducha…sin compañía, sin que nadie pudiera observarla.

Desde el exterior se juzgaba su comportamiento. Su profesor la reñía constantemente, le repetía que los hábitos de higiene después de practicar ejercicio físico eran una obligación y que si seguía "contando historias para escaquearse" le suspendería la asignatura y llamaría a sus padres. Sus compañeros la interrogaban…le preguntaban que "por qué no se duchaba nunca con ellos"…lo que no recordaban era que de vez en cuando le recordaban que estaba un poco regordeta, incluso se habían mofado de ella llamándole ballena…no podían siquiera imaginar el dolor que esto le producía. Su cuerpo estaba sufriendo cambios tremendos, acumulaba grasa y se veía fea ante el espejo que ella quería romper en mil pedazos. Sus compañeras no habían comenzado aún a desarrollarse…pero ella..ella no podía frenar que sus caderas se ensancharan, sus muslos engordaran y su trasero y pechos se hicieran cada vez más grandes. Por eso no quería que nadie la mirara. ¿Era tan difícil de entender lo que le sucedía? Nadie la comprendía y con todo lo que padecía…aún recibía amenazas de que suspendería la asignatura de gimnasia, y lo que era peor…las burlas le clavaban puñales por todo el cuerpo…produciéndole pinzamientos que jamás antes había conocido.

Sus desajustes estéticos le producían una inseguridad emocional que no podía frenar y se había convertido en una chica con mal humor. Apenas podía sonreír…mucho menos reir a carcajadas como lo había hecho meses atrás en compañía de sus "amigas". Le habían invadido los complejos…su cuerpo era el mejor caldo de cultivo para que ellos se cocinaran lentamente…mientras iban anulando su personalidad, antes alegre y simpática. Ahora le daba vergüenza TODO…y su vergüenza en realidad era el temor a ser rechazada. Estaba sumida en un círculo vicioso…mentía para ocultar su realidad…ocultaba su problema y aquello no hacía más que alejarla de su entorno social…su mecanismo de defensa funcionaba como un imán que aún atraía más problemas a su vida y sus problemas con el entorno aumentaban cada día.

Sus padres no hacían más que repetirle que el físico no era lo más importante…¡pero no eran ellos quienes tenían que pelear todos los días con aquel cuerpo horrible que le hacía recordar lo repugnante que se veía! Tenía que buscarse la vida a diario para tapar todo aquello que no quería mostrar y se daba asco a sí misma. Ya había comenzado a sobredimensionar sus complejos y la visión que tenía de sí misma la atormentaba hasta el punto de querer desaparecer de la faz de la tierra. Por eso esperaba sigilosamente el momento en que podía ducharse en soledad, cuando en realidad deseaba no tener que hacerlo. Odiaba a su profesor, a sus compañeros, a sus padres y lo que era terrible…se odiaba a sí misma.

Se pellizcaba todos los días para comprobar que lo que estaba viviendo era real, pero al ver que sentía el dolor del pellizco…se percataba de que que estaba viviendo aquella tortura de verdad. Lo único que deseaba era parecerse a sus compañeras. ¿Por qué era tan diferente? Quería ser bella, quería ser seductora y lo que en realidad poseía era un cuerpo deformado. Había obedecido a sus complejos y estaba dispuesta a hacer lo que fuera para cambiar su situación...porque se negaba a formar ni siquiera parte de la media, no quería ser normal, quería ser perfecta.

Así fue como dejó de comer…y si lo hacía terminaba volcada en el inodoro para explusar de su cuerpo lo que le impedía conseguir su objetivo. Nadie comprendió como meses después terminó ingresada en un centro psiquiátrico. Aquel profesor, aquellos compañeros, la comunidad educativa al completo y aquellos padres destrozados…boquiabiertos, estupefactos, debatían los porqués de aquel triste final…

…mientras tanto ella se abrazaba al vacío, ya que nadie había conseguido abrazarla antes. Puede que ni ella misma dejara abrazarse. Los abrazos hubieran podido vencer sus miedos.

Y os preguntaréis qué tipo de abrazo hubiera podido ganar la batalla…Yo también me lo pregunto…Lo que sé es que los complejos nos restan seguridad y personalidad. Para poder vencerlos debemos enfrentarlossi bien es cierto que nunca está de sobra que nos eduque para ello…desde casa y desde la escuela.

El denominador común de todos los complejos es la desvalorización…y así, volcamos el ideal que fabricamos sobre cómo quisiéramos ser y perdemos en la aceptación de cómo somos en realidad. Es un sentimiento de inferioridad adquirido al vivir quizás demasiado pendientes del mundo que nos rodea, del qué dirán, ese sentimiento de inferioridad que crece con el miedo, que se nutre de la insatisfacción.

Al fin y al cabo…la belleza del alma es la belleza del talento…es ahi donde debemos incidir con más ímpetu…en hacer que nuestros niños se sientan desarrollados plenamente por dentro. Respecto a los abrazos que podemos proporcionarles, los hay de varios tipos…Os propongo que los abracemos…quiero compartir una lista de abrazos muy especial…que podría funcionar si perseveramos en ella desde la más tierna infancia.

Un abrazo llamado ALABAR…porque hay más valores además del estético. Todos tenemos fortalezas y debilidades. Ayudemos a nuestros niños a potenciar sus fortalezas y a trabajar sus debilidades para convertirlas en fortalezas. Resaltar todas aquellas cosas maravillosas que poseen es uno de los mejores abrazos que les podemos dar. Debemos reconocer, apreciar y valorar nuestras cualidades de forma realista. Hay personas que poseen cualidades que no saben apreciar, mientras otras valoran las pocas que tienen. Tendremos una buena autoestima cuando vivamos a gusto con los talentos que poseemos. Nada de dejar en evidencia a nuestros hijos ante los demás…ALABAR y ALABAR, sin dejar de corregir desde una perspectiva constructiva.

Otro abrazo llamado IMPERFECTOS… porque la perfección no existe. ¡Qué horrible sería ser perfecto! Yo se lo repito constantemente a mis alumnos…que ni soy perfecta, ni quisiera serlo…¿Y si además buscamos belleza en las imperfecciones? Aceptar nuestras imperfecciones no quiere decir que tengamos que renunciar a mejorar nuestros defectos en la medida de lo posible, el tema es hacerlo con serenidad.

El siguiente abrazo que se llama SEGURIDAD…debemos educar a los niños para que refuercen su posición ante cualquiera y defiendan su punto de vista con respeto, aunque difiera del punto de vista de los demás.

El abrazo TOLERANCIA…porque no todo es cómo quisiéramos que fuera, para ninguno de nosotros...ni nuestro cuerpo ni muchas otras cosas en la vida. Eduquemos a los niños en la tolerancia a la frustración porque eso los hará sentirse mucho más seguros.

El abrazo EDICIÓN LIMITADA…"sentirnos diferentes" de los demás no es ni mucho menos negativo…y es que somos edición limitada…únicos y geniales. Os aconsejo que si tenéis niños pequeños les contéis el cuento de Elmer. Las diferencias muchas veces pueden transformarse en ventajas. Debemos ayudarles para que puedan sacar beneficio de lo que los hace diferentes.

El abrazo llamado NATURALIDAD…porque tener ciertos complejos es normal, forman parte del juego de la vida, y será natural que los tengamos si no llegan a perturbar nuestro comportamiento. Hablarles a los niños de complejos que hayamos podido tener es bueno para que vean que nadie está libre de haberse topado con ellos.  

El abrazo HUMOR…porque puede que si nosotros no damos importancia a los complejos y nos reímos de ellos, los demás tampoco lo harán. Soy consciente de la dificultad de este último abrazo, no obstante, no hay que dejar de intentarlo.

El abrazo AMOR…que tanto bien nos hace…y que tantas dolencias cura.

Por cierto...Silvia pudo curarse

...aprendió a apreciarse en su conjunto y dejó de verse como un objeto que debía ser retocado. Poco a poco comenzó a llevar una vida normal y darse una nueva oportunidad para verse como persona y tener una buena opinión sobre sí misma. Se hizo en definitiva amiga de zonas que consideraba negativas, de cosas que le molestaban. Dejó de abrazar el vacío…para abrazar la VIDA.


Abraza y deja que te abracen…porque un abrazo en el momento indicado NO TIENE PRECIO.


lunes, 23 de marzo de 2015

#facturandoFRÍO


"Te veo muy guapo" le dije cuando me lo encontré en la calle…"He dejado el speed" me respondió. De repente vi a aquel niño de ojos vivarachos, de carácter determinante que años atrás había ocupado una silla en mi aula. Recordé las veces en las que hablando de alcohol y drogas en clase…escuchaba de su boca decir que jamás coquetearía con ellas y sin embargó, había vivido su particular infierno…una vida llena de idas y venidas, de subidas y bajadas, pisando el acelerador a fondo…para estrellarse contra el muro que mostraba un graffiti que lo hizo volver de su peculiar fantasia de la inmunidad. "Pensé que las tenía controladas…que a mi ni me afectaban…y me equivoqué".

Años atrás se soltó de los brazos quizás excesivamente protectores…no sé si fue por eso que le costaba tolerar la FRUSTRACIÓN, y aprendió su significado a golpe de ingerir muerte pensando que lo que se "metía" era LIBERTAD. Fue más esclavo que nunca…rompió las cadenas familiares que lo ataban en demasía y se anudó las muñecas y los tobillos con un alambre oxidado, para ser sometido a un mundo que le pasaría la mayor de las facturas. Vivir es crecer y crecer es aprender a perder, como dice una frase de Jaime Barylko. Puede que él no lo hubiera interiorizado.

Ya comenzó abandonando a sus amigos de siempre, aumentando sus salidas y huyendo de los encuentros familiares que lo ahogaban. Y si bien soportaba la presencia de los seres que más lo habían querido y lo seguían haciendo…era más agresivo con ellos de lo habitual. No soportaba las normas, puede que nunca las tuviera muy claras, así que decidió que seguiría sin pautas caminando a trompicones aún a sabiendas de que su comportamiento le dejaba exhausto y aceleraba su decadencia cada vez más cercana. Se había convertido en especialista de la mentira y del disfraz, si bien no podía ocultar su mirada, sus ojos echarcados en pequeños hilillos de sangre…ojos que no reposaban más que un rato que arañaba a sus interminables viajes al más allá y tampoco en aquel receso encontraba la paz que ansiaba.  Siguió ocupando pupitre, hasta que el sistema lo pudo contener, con su bajo rendimiento escolar...estudiar no fue nunca su "especialidad", aunque su capacidad intelectual era fabulosa…pero el fracaso escolar no fue consecuencia de sus hábitos insanos… sí lo fue para alguno de sus amigos…que siguiendo la "norma establecida" corrió su misma suerte por creer que así "podría integrarse en el grupo".

Seguramente pensó que sería más adulto si experimentaba la sensación de que podía hacer con su vida lo que quisiera…Y lo más terrible es que es así…ELLOS PUEDEN DECIDIR HACER LO QUE DESEEN. Quien sabe si no comenzó a recorrer su descenso pensando que sus "nuevas compañeras", las drogas, le permitirían sentirse mucho mejor y más tranquilo o le picó la curiosidad y después no supo decir NO. La cuestión es que transgredió y lo hizo de una manera brutal, atentando contra su propia salud y demostrando lo poco que se amaba a sí mismo…Se sabía la teoría pero no pudo ponerla en práctica.

Y para cuando quisieron darse cuenta en su casa ya era tarde. Terminó marchándose del hogar familiar, con un portazo y buscó cualquier cuchitril donde nadie lo iba a juzgar jamás…ya habían intentado colgarle el cartel de "prohibido"…ya lo habían amenazado y aquello ya no conectaba con él. Cuando se despidió había tocado fondo, pero se fue eufórico demostrando una seguridad absoluta de que jamás volvería al nido. Precipitó su salida y puede que lo hiciera mal…el caso es que sintió la necesitad de poner tierra de por medio y escapar. Y VOLÓ, pero su vuelo era hacia abajo y en picado. En realidad, estaba anestesiándose, para huir de su propia realidad…para buscar una calma…o puede que para neutralizar un miedo interior…para desconectarse del centro, de su ser…y llegó seguramente un momento en que ni era consciente, ni tenía voluntad. Cuanta más anestesia se inyectaba para evitar el sufrimiento…más dolor padecía…y para aniquilar su dolor…requería meterse más anestesia. ¿Hasta cuando?

Mientras tanto, unos padres destrozados estaban latigándose la espalda. Ellos habían vivido una época en que la información sobre las substancias tóxicas casi brillaba por su ausencia e imitar a los adultos era algo habitual. Habían hecho cosas a escondidas…como cualquier otra persona…pero las aguas no habían salido de su cauce. Jamás hubieran pensado que les iba a tocar vivir semejante experiencia. En el hogar que habían formado jamás había faltado el amor, ingrediente esencial para construirnos más humanos. Aquel niño, ya mayor, había crecido en un entorno afectivo.

Supongo que además del inmenso dolor del corazón y alma que unos padres sienten cuando un hijo se tuerce, no pueden evitar añadir el terrible dolor de los latigazos de la culpabilidad. Todos buscamos razones, nos hacemos preguntas, queremos que alguien nos diga "por qué". Nos preguntamos "qué hemos hecho mal". ¿Debemos siempre portar el peso de la "culpa" cuando las cosas no van tan bien como quisiéramos? Nuestra tutela es provisional, si bien jamás dejamos de ser padres. No olvidemos que los hijos abandonan un día la infancia y comienzan a tomar sus propias decisiones. Todos quisiéramos que sus elecciones fueran el resultado de una conducta responsable pero..

…perodespués de todo, sé que nuestros hijos, al igual que ÉL, terminarán volando. No quisiera, sin embargo, que ninguno lo hiciera sin poseer unas raices sólidas cual robusto árbol, para que puedan alzar ese vuelo…y sin la savia vital para poder acoger en la vida aquello que la misma vida les quiera mostrar o mejorar, reaccionando con un sabio inconformismo ante todo que crean que pueden mejorar. La inteligencia práctica que podemos dejarles en herencia, bien podría ser una mezcla de RAZONAMIENTO, LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD.

Ahora nos toca ejercer de padres y madres, y debemos ocuparnos del rol que nos corresponde. Soy consciente de que la adolescencia y la juventud invita a brindar por el riesgo. Sólo espero que mis hijos se diviertan, pero que no confundan la diversión con el consumo desmesurado, ya que muchos son los que toman las riendas de sus vidas y las sujetan con firmeza…y no permiten que se les presione para terminar sometiéndose ante nada ni nadie.

En breve me tocará contemplar la cama vacía de quien salió a "pasárselo bien" y entonces...

...me quedaré esperando…poco más puedo hacer. Sé bien que a veces puedo empujarlos a hacer justo lo contrario de lo que qusiera que hiciesen. No me queda más que esperar…para poder comprobar que el modo en que los he acompañado haya dejado su poso en ellos, para observar si los valores que les quise transmitir están presentes en su interior. No quisiera ser reiterativa, ni terminar discutiendo con quien ha perdido un poco el Norte en alguna salida nocturna. Preferiría esperar a que duerman y descansen…esperar a calmarme y serenarme…para dialogar sin acusar, sin amenazar…para establecer estrategias consensuadas…sin censuras que puedan dar paso a respuestas provocativas.

NO SE PUEDE IMPEDIR EL VIENTO, PERO SE PUEDEN CONSTRUIR MOLINOS. (Proverbio holandés)




lunes, 16 de marzo de 2015

Haz con palabras



Jamás olvidaré la vez en que un padre me contó asombrado la respuesta que había recibido de su hija de 18 años. Me contó que al preguntarle “¿qué tal estás?” ella le había respondido “¿Para que me lo preguntas ahora…si jamás me lo habías preguntado antes?”. Aquel padre no entendía el por qué de aquella respuesta…le pareció ser injustamente tratado. Actualmente muchos de los padres y madres con los que me reúno, me cuentan que sus hijos no cuentan absolutamente nada en sus casas. Otros, sin embargo, aseguran tener que dar turnos de palabra y se quejan de que sus hijos no callan. Puede que el término medio sea justo lo que necesitamos. Pero…se me ocurre preguntaros si disponéis de espacios comunes donde establecer conversaciones fructíferas, si todos los miembros de la casa participan o si por el contrario os cuesta entablar conversaciones donde todos los habitantes del hogar participen por igual.

La cuestión es que observo que los niños en general, tienen muchas ganas de hablar…A veces, sobre todo los lunes tengo que preguntarles si han estado amordazados el fin de semana…si es que no han podido hablar. Ese día de la semana es especialmente dado a que los niños tengan ganas de “mover la de sin hueso” como yo les digo. Será porque quieren compartir sus aventuras de fin de semana, o será porque no les apetece dar clase y entrar en materia. La cuestión es que como les des un dedo, te sujetan la mano entera y si te dejas llevar puedes estar toda la hora interactuando con ellos. Es increíble la de información que podemos obtener de la interacción con los demás. Hoy mismo en una clase de ciencias sociales, comenzábamos a hablar de las diferentes fuentes de energía y terminábamos hablando del familiar de uno de los niños que tiene capacidad de transmitir energía mediante la colocación de sus manos en otros cuerpos. Los niños unen el aprendizaje con su mundo, con su realidad…en el momento que no busquen la conexión…terminarán desenchufando el cable. El aprendizaje de los niños depende de todas la interacciones que tienen, en las aulas o fuera de ellas.

Pero volvamos al tema de la comunicación y el lenguaje, las palabras que lanzamos, las preguntas que formulamos…Este es el tema que me interesa debatir hoy. Hace una semana coincidí en la puerta del colegio con un padre que le decía a su hija “…y pásatelo bien”. Me detuve y saludé a este hombre…no me pude resistir…tuve que felicitarle por el mensaje que le acababa de dar a su hija. La mayoría de mensajes matinales que se escuchan son del tipo “pórtate bien”… a nadie se le ocurre decir a sus hijos que se diviertan en el colegio. Y a la vuelta…el interrogatorio suele ser casi inevitable…el interrogatorio y las directrices. ¿Tienes tarea? ¿Te has portado bien? Termina tus deberes antes de que nos pongamos a cenar. Recuerda que debes leerte el libro que te mandaron leer, ya sabes que tienes que mejorar tu velocidad lectora. BLA BLA BLA

Por lo tanto, creo que acostumbrados a este tipo de intercambios…muchas veces desganados recurren a responder cualquier cosa, sin ninguna intención de seguir soportando ser interrogados. Ellos tienen la mala costumbre de responder con un simple “sin más”. No es la primera vez que les pregunto el porque de la respuesta “SIN MÁS” ante la pregunta “¿Qué tal?” Hay algunos que me responden que les da pereza seguir hablando y es una de las maneras de cortar el diálogo. Puede que también debamos tener en cuenta que no están acostumbrados a que se les permita explayarse con total naturalidad. Preguntar en el colegio a las nueve de la mañana “¿qué tal? podría responderse de muchas maneras, pero sobre todo cuando son un poco mayores seguro que tienen unas ansias atroces de respondernos que estaban mucho más a gusto en casa.



Pero siempre nos quedará la alternativa de HACER CON PALABRAS…de crear conversaciones sanas y eficaces.

Decía Wihelm Rottaus que “Las buenas conversaciones se centran más en los recursos y soluciones, no en los problemas…”.

¿Qué tipo de preguntas hacemos a nuestros hijos? ¿Escuchamos lo que nos dicen? ¿Tenemos tiempo de escucha? Una escucha activa implica conectar TU MUNDO y EL MÍO y para conectarlos deberíamos prestar atención, mostrarnos interesados, no interrumpir, no aconsejar constantemente, estar abiertos a lo que el otro ponga sobre la mesa, atender a lo que nos ocurre cuando escuchamos.

Atender es sobre todo mostrar que tenemos interés por los demás. Cuando atendemos a los demás LOS VEMOS. Cuando prestamos atención establecemos contacto visual de forma clara. A veces parece que escuchamos para responder. Cuantas veces sucede que tenemos ya la respuesta preparada…antes casi de que el otro termine su discurso. Creo que es un buen ejercicio reflexionar sobre el tiempo que dedicamos a la escucha de nuestros hijos. Vivimos bajo la presión del tiempo y parece que no siempre disponemos del momento adecuado para sentarnos a conversar. Después de una jornada larga de trabajo, nos esperan los quehaceres domésticos y…cuando llega el niño que quiere contarnos alguna cosa…_¿somos capaces de dejarlo todo y escucharlo? Puede que tengamos una sola oportunidad de hacerlo…y si la dejamos escapar, quizás no tengamos más opciones. Todos hemos podido experimentar la sensación de que “no nos hagan caso”. Si sabemos lo que es y no nos gusta su sabor, puede que comprendamos muy bien que a los niños tampoco les gusta. Precisamente para poder atender hay que disponer de tiempos de ocio y lo más importante reside en compartir ese tiempo, un instante que sea de calidad, estimulante y sobre todo afectivo. Atender en definitiva es un acto de inmensa generosidad y de amor. Regalar nuestro tiempo a nuestros hijos, sin olvidar que debemos regalarnos tiempo propio, es el mejor presente que les podemos hacer. No es necesario romperse la cabeza buscando ese momento de atención, pero tampoco se pueden hacer bien dos cosas a la vez…ATENDER es dejarlo todo para que el otro sienta que lo VES.

Hay momentos de escucha que terminan únicamente tras prestar atención, sin tener que intervenir…puede que no sea necesario decir nada…
…y en otras ocasiones puede que se busque dialogar…ESE es EL MOMENTO que debemos aprovechar para HACER CON PALABRAS. Esos ACTOS COMUNICATIVOS, nos ayudarán a crear el VÍNCULO con nuestros hijos. 

Tengamos en cuenta que

además del lenguaje verbal, existe el lenguaje de los gestos, miradas y lenguaje corporal, así como el tono que utilizamos en nuestras expresiones.
podemos buscar consenso o el objetivo será solamente buscar información, respetando plenamente el derecho y la libertad de expresión del otro.
…nos comprometemos a ser sinceros en todo momento. 
…la coacción debe ser eliminada.
…las amenazas, reproches, acusaciones o exigencias están de sobra.
las declaraciones dogmáticas y radicales no ayudan a que la comunicación fluya. Esa frase de “si sigues por ese camino…” puede dar carpetazo a un acto comunicativo.
no es momento de ejercer de adivino “ lo que te pasa es que…"
debemos escucharlo todo, hasta lo que no nos gusta…y no sólo lo que queremos escuchar.
no siempre se buscan consejos en un diálogo, a pesar de que no podamos evitarlo o nos cueste cerrar la boca. 

Entenderse bien con alguien no es fruto de la casualidad…nada que ver con casualidades o suertes.
Todo acto comunicativo inteligente se da cuando se pregunta de manera inteligente. Si queremos hablar del día que han tenido en el colegio…cambiemos la pregunta de “¿cómo ha ido el día en el colé?” por alguna otra cuestión más creativa. Os dejo algún ejemplo que puede dar pie a que podamos establecer un precioso diálogo con nuestros hijos, que de los frutos que buscamos…y que las respuestas no nos sepan a poco. 
Podríamos preguntar...

¿Qué es lo que te ha hecho reír hoy?
Si una nave de alienígenas llegara a tu clase…y se llevara a alguien ¿a quién querrías que fuera?
¿Cuál es la palabra que ha repetido hoy más el profe?
¿Quién es la persona más divertida de clase? ¿Por qué es tan divertida?
Si mañana te tocara dar clase a ti y fueras el maestro…¿Qué harías?
...

¿Probamos?
¿Se os ocurre alguna otra pregunta creativa?


Os invito a que las compartamos, seguro que entre todos logramos elaborar una lista de preguntas que podemos hacer a nuestros hijos para poder realmente HACER CON PALABRAS y CREAR MOMENTOS DE DIÁLOGO con ellos DE CALIDAD.